OPINIÓN

Las mujeres toman las armas

Están resueltas a resistir el sometimiento que les imponen los talibanes en Afganistán

Sábado 31 de Julio de 2021

Un silente pero preocupante nuevo foco de conflicto que trasciende lo estrictamente regional está en plena ebullición en Afganistán, un Estado fallido ocupado militarmente por Estados Unidos y países de la Otán desde 2001. En poco menos de dos meses las fuerzas extranjeras completarán la retirada, ya iniciada, después de dos décadas de sostener a un endeble gobierno y ejército afganos que ahora quedarán a merced de los talibanes y sus políticas represivas, especialmente hacia las mujeres en base a estrictas leyes islámicas fundamentalistas.

Afganistán es un polvorín desde hace décadas. Durante diez años, hasta 1989, la ex Unión Soviética participó con tropas en una guerra civil que enfrentó al prosoviético gobierno local con los muyahidines o señores de la guerra tribales e islámicos fanáticos. Lo paradójico de la situación es que Estados Unidos apoyaba financieramente y con armamento a esos insurgentes afganos (ahora los combate) en el marco de la Guerra Fría, todavía en su plenitud en la década del 80.

Tras la retirada de Moscú distintas facciones, después devenidas en talibanes (estudiantes en idioma pastún), controlaron todo el país e impusieron a la población estrictas leyes islámicas. Además, cobijaron a grupos fundamentalistas de otros países musulmanes, como Pakistán y Arabia Saudita. Fue así que el grupo terrorista Al Qaeda se fortaleció en Afganistán, desde donde planeó atentados terroristas, entre ellos los ataques a dos embajadas norteamericanas en África y el tremendo golpe en propio suelo estadounidense a las Torres Gemelas y el Pentágono.

Esos ataques motivaron la invasión de Estados Unidos y la Otán a Afganistán y el consiguiente desplazamiento de los talibanes del poder, pese a lo cual resistieron a sangre y fuego en una orgía de violencia que causó miles de muertes civiles y militares.

Precisamente en una fecha simbólica, el 11 de septiembre, Joe Biden anunció la salida completa de las tropas de su país del lugar del planeta más inseguro. Desde hace tiempo se vienen manteniendo negociaciones entre los talibanes y Estados Unidos para encontrar una salida política al día después de la retirada de las fuerzas de ocupación, pero nada se ha logrado aún y los combates prosiguen sin solución de continuidad. Incluso la semana pasada en Doha, Qatar, continuaron las deliberaciones pero dio toda la sensación de que los talibanes las emplean para ganar tiempo. Mientras, hasta la prometida retirada de las tropas ocupantes, sus grupos armados avanzan, controlan grandes áreas del país y comienzan a rodear las capitales de provincia con la segura intención de ingresar a esas ciudades una vez que tengan las manos libres.

Más allá de la situación estrictamente política y militar subyace una terrible situación humanitaria que está a punto de convertirse en tragedia si la comunidad internacional no actúa de inmediato. Han surgido en distintas partes del país grupos de mujeres armadas que declaman que enfrentarán a los talibanes hasta morir porque no están dispuestas a someterse al sojuzgamiento personal y a la pérdida de derechos por la interpretación arbitraria que hacen los talibanes del Corán.

La corresponsal del diario británico The Guardian, Emma Graham-Harrison, con base en Kabul, describió de primera mano la situación: “Las mujeres han tomado armas en el norte y centro de Afganistán marchando por las calles por cientos y compartiendo fotografías de ellas mismas con rifles de asalto en las redes sociales, en una muestra de desafío mientras los talibanes logran avances radicales en todo el país. Una de las mayores manifestaciones tuvo lugar en la provincia central de Ghor, donde cientos de mujeres acudieron el fin de semana, blandiendo armas y coreando consignas contra los talibanes. Las manifestaciones públicas son un recordatorio de lo asustadas que están muchas mujeres por lo que el gobierno talibán podría significar para ellas y sus familias. Incluso las mujeres de zonas rurales extremadamente conservadoras aspiran a una mayor educación, una mayor libertad de movimiento y un papel más importante en sus familias”.

La periodista británica recogió la opinión de una de esas mujeres: “Nos están matando y lastimando sin defendernos, ¿por qué no pelear?”.

Nadie olvida que durante el gobierno talibán las mujeres habían sido reducidas a objetos sin derechos algunos. No se les permitía estudiar, trabajar ni salir solas a las calles. Debían permanecer tapadas completamente con la Burka y las transgresiones a estas y otras barbaridades podían costarles la vida, como la muerte por lapidación en caso de adulterio. Los talibanes implementaron el terror con ejecuciones públicas y amputaciones a ladrones. Se prohibieron la música, la televisión y el cine.

Reducida a niveles de degradación humana, la mujer afgana tuvo en las últimas dos décadas oportunidades de salir de la esclavitud a la que era sometida. Además, las nuevas generaciones, como seguramente son muchas de las que han tomado las armas, crecieron en una atmósfera menos represiva y con otro modelo de vida. Estas imposiciones religiosas, interpretadas por los talibanes y en su momento por los integrantes de Estado Islámico, pertenecen a una rama sunita fundamentalista del islam, religión que hasta el cansancio sus líderes de todo el mundo han expresado repudio por estas prácticas extremas.

El antecedente de la lucha de las mujeres afganas hay que buscarlo en el pueblo kurdo, que también es mayoritariamente musulmán. Lucharon en el frente de batalla junto a los hombres para desalojar a Estado Islámico de Irak y Siria.

No solo las mujeres afganas están en peligro. Toda persona que durante estos últimos años haya prestado algún tipo de servicio a las fuerzas de ocupación, como traductores, choferes, empleados administrativos y de los más variados rubros, teme una cacería humana por ser considerada colaborador, lo que podría derivar en una matanza de civiles.

La dramática situación de Afganistán es la antesala de un más que probable crimen masivo. Si no se interviene a tiempo, las mujeres que hoy resisten con dignidad serán aniquiladas, lo mismo que cualquier opositor que no se someta a las leyes talibanes. Los organismos internacionales, como la ONU, siempre suelen llegar tarde y a contar los cadáveres. Por eso, tanto Estados Unidos como otros países que integran la Otán serán los responsables de no evitar la tragedia que se avecina.

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