Opinión

La misión de la educación

Políticas públicas. La educación es el principal recurso para la construcción del progreso y bienestar de una sociedad en la medida que nos enseñe a pensar, criticar, imaginar, soñar y planificar un mundo mejor para todos.

Viernes 29 de Junio de 2018

"El problema no está en reconocer que la educación puede y debe contribuir con la economía. El problema reside en reducir todas las funciones educativas a las demandas y necesidades que formula el mercado y, más operativamente, a las demandas y necesidades de las empresas. Pensar políticas educativas de inclusión supone un desafío mucho más amplio, más complejo y ambicioso que desarrollar políticas de formación profesional. Educar para el desarrollo social es algo más complejo que educar para las sociedades anónimas."

Pablo Gentili (2015). América Latina, entre la desigualdad y la esperanza. Buenos Aires: Siglo XXI Editores

¿Escuela S.A.? Sobre los hombros de la escuela pesa esa inabarcable expectativa que -de manera absolutamente injusta y sin ninguna justificación- la familia le ha delegado: la educación de sus hijos. El proceso básico de humanización y socialización es tarea de los padres, trabajo que la escuela elegida por ellos mismos -conociendo y adhiriendo a su ideario- ha de continuar, pero no al revés. También la inclusión social es una pesada carga que la siempre criticada institución educativa lleva encima, mochila que el Estado le ha colgado haciéndose el distraído (sobre estos dos temas puse el foco en un texto de opinión publicado hace un mes atrás en La Capital: "¿La escuela bajo la lupa?"). Y, a la par, un tercer mandato parece orientar su misión, dando letra a una opinión pública que no parece detenerse a reflexionar: las cosas andan mal -la medida es la economía y el crecimiento del país- por culpa de la Escuela. Por favor, que no pase desapercibido el secreto del mago, quien distrayendo nuestra atención con un preciso movimiento de manos, acaba de dar vuelta las causas y las consecuencias. Veamos el truco en cámara lenta.

Sin demasiada originalidad -esto se ha hecho ya un millar de veces- se vuelca en la opinión pública esta receta que supone, primero, un diagnóstico de aquello que a todos nos preocupa: la creciente pobreza, la falta de empleo y la detención del desarrollo de la economía de nuestro querido país. Luego señala la causa, con impresión de ser determinante y excluyente: la pésima calidad de la educación. Y entonces, casi sin vacilar, sigue la reflexión que señala la urgente necesidad de que la educación sepa transmitir con eficacia las competencias y capacidades laborales que hoy exigen las empresas y/o el mercado.

Pronto asisten a esta "verdad" los resultados de investigaciones de prestigiosas instituciones internacionales que -ahora llamativamente conmovidas por la dramática situación de nuestro país- concluyen que el aumento de la productividad y la capacidad competitiva de nuestro país depende de la mejora en las condiciones de la formación para el empleo. Y continúan su "desinteresada y objetiva" sugerencia: la escuela debiera coordinarse con el sector privado para escuchar las demandas presentes y futuras de las empresas. En el único caso en que tales discursos elevan el poder de la escuela a un lugar redentor es cuando necesitan hacer del recorrido por la educación formal el simple paso de capacitador de la futura mano de obra, sin vuelo ni aspiraciones, sin deseos ni sueños y sin consideración alguna de los valores o sentido que una sociedad pretende para sus ciudadanos. Algo me hace ruido…

Educar para un mundo mejor

Que la educación debe ir de la mano de las necesidades de su pueblo, nadie puede dudarlo. Que la capacitación profesional y técnica de los jóvenes es una prioridad, tampoco. Que un diálogo entre las distintas instituciones del país, estatales y privadas, es conveniente, está fuera de discusión. Pero no por esto debemos perder de vista lo fundamental: ¿cuál es la misión más importante de la educación? Es imprescindible detenernos un segundo y preguntárnoslo, de otra manera podríamos tragar "verdades" sin antes cuestionarlas.

La educación es seguramente el principal recurso para la construcción del progreso y el bienestar de una sociedad, pero lo es sólo en la medida en que nos enseñe a pensar, criticar, imaginar, soñar y planificar un mundo mejor para todos.

La escuela es -o debería ser- el espacio donde los maestros puedan facilitarle al niño experiencias en las que aprendan a pensar, criticar y elegir, acompañándolos en la construcción de sentidos, valores, conocimientos y prácticas, animándolos a soñar con sociedades más justas e igualitarias.

De esto se trata una educación en y con valores, de una herramienta de transformación. La medida nunca puede ser sola y exclusivamente la economía. Qué triste sería -es una mera opinión personal- que el tránsito por la escuela sea sólo un paso para la apropiación de aprendizajes útiles para una rápida y acomodada inserción a las oportunas necesidades de las empresas. Subordinar la escuela a las necesidades de un sector suena a una misión pobre, reduccionista y utilitarista: no olvidemos que son niños y adolescentes los que van a la escuela; son nuestros hijos los que habitan esas aulas, no simples piezas de una maquinaria con dueños anónimos.

Miremos bien el mensaje y leamos críticamente, porque incluso cuando la medida es la economía, para revertir los altos índices de pobreza y desigualdad -si es que éste es un objetivo real de nuestra sociedad- más que capacitar a la amplia mayoría de los niños y adolescentes para ser mano de obra calificada, debemos enseñarles a ser personas sensibles y solidarias con lo que le pasa al otro.

¿No debe la educación aportar a la construcción y defensa de valores tales como respeto, tolerancia, cooperación, compasión, transparencia, honestidad, humildad, compromiso, responsabilidad y coraje? ¿No debe ser acaso la educación un factor de promoción de la igualdad y la justicia social? Como señalaba el inmenso pedagogo brasileño Paulo Freire: "La educación no cambia el mundo, la educación cambia a las personas, y son ellas las que harán del mundo un lugar más digno y acogedor". No nos dejemos confundir: ésta deber ser la misión de la escuela.


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