La historia de la filosofía ha mostrado el empleo de categorías del pensamiento en pares de oposiciones, tales como el elemento y sus cambios, el ser y el devenir, el concepto y la idea, la esencia y la existencia…
La historia de la filosofía ha mostrado el empleo de categorías del pensamiento en pares de oposiciones, tales como el elemento y sus cambios, el ser y el devenir, el concepto y la idea, la esencia y la existencia…
Desde que percibimos algo, la conciencia exige oposición, “sin la cual no habría conciencia de la naturaleza sino simplemente naturaleza”. La conciencia implica pues una escisión o desdoblamiento a la vez que impone una cierta unidad de lo percibido, un cierto ordenamiento de sus aspectos.
No pudiéndonos apoyar, entonces, ni en el objeto ni en el yo, nos vemos remitidos a una totalidad que incluya a ambos en una idea; que ya no sea inmediatez de lo uno y de lo otro sino de relación entre ambos, así como a un contexto de lo percibido… a que la conciencia remite.
Ésta, por ello, en ese desdoblamiento se hace tanto consciente del objeto como de sí, asimilando todo el contenido de lo determinado en esa realidad, tanto natural como social, “para hacerlo suyo”.
Es que ya en la percepción estamos asistiendo tanto a la unidad de la cosa como a sus múltiples propiedades. Sin embargo, esa unidad no proviene más que de nosotros, los sujetos percipientes. Unidad que necesitamos expresar y poder transmitir. Nuevo desdoblamiento entonces, entre un ser-para-sí y un ser-para-otro… abiertos pues, a un mundo social hemos quedado.
Es que lo esencial de lo percibido se ha tornado relación…no es que la materia de lo percibido haya desaparecido, sino que muestra ahora una cierta ordenación… habiendo ingresado con nuestra conciencia “al reino del entendimiento”. En un tránsito permanente entre multiplicidad y unidad, lo que fuerza a un movimiento que cobra realidad aplicado a su opuesto, la realidad misma. Y en acción recíproca con ella, esto es, al devenir del ser… tanto en la naturaleza como en el pensamiento… que a este último nos vemos conducidos.
Y en él, al concepto, el que en cierto modo confiere vida a las cosas. Es por la dinámica de nuestro propio pensar que lo parece. O también, a lo interior de ellas; o mejor aún, a su estructura.
Concepto que vinculado a otros forma juicios y que por uno intermedio permite inferir otros juicios… que tal es la continuidad del pensamiento.
La conciencia se reconoce ahora, decimos, en el objeto; vuelto por ella, inteligibilidad; es que no pudiendo verse en forma directa a sí misma sino en lo que le es exterior, es en esto que se refleja.
Y es en la noción de su propia vida recién que el hombre (el ser consciente) puede identificarse por completo. Es que, y “en el plano de la autoconciencia, el objeto de la conciencia es la propia vida… que ahora no se relaciona con nada que no sea ella misma”. Es por esto que, como se ha dicho, únicamente el hombre es espíritu, es decir, un para-sí-mismo.
Lo que no significa que se haya constituido aquí sustancia alguna separada de un cuerpo. Categoría de sustancia propuesta por Aristóteles cuando hizo descender la idea platónica a la realidad concreta pero necesitando entonces diferenciar entre las cosas: sustancia y accidentes, una de las parejas de oposiciones puestas de resalto al principio.
Y volviendo a la vida humana, ésta sólo puede realizarse plenamente en la conciencia de una idea total de sí. Conciencia que por añadidura no sólo requiere reconocerse sino ser reconocida; y lo es, en otra conciencia; ello, por medio de su propia realización; de un ser-por-sí.
Esto paralelamente al movimiento de la autoconciencia “de tránsito, uno a uno, de todos los momentos de su vida”. Hasta su casi agotamiento, totalizada que sea su vida activa individual. Es cuando la vejez, que permite ver en perspectiva la propia vida y sus resultados. Raro privilegio, de poder ver todo… cuando se sabe que queda tan poco.
Y he aquí por fin la relación entre la esencia (que se ha procurado conocer y hasta realizar) y la propia existencia (singular, única, irrepetible) que se ha debido afrontar… que es otra de las oposiciones destacadas.
En suma: no hay sustancia sino materia; pero de un bloque de ella Miguel Ángel iluminó una conmovedora “Piedad”. Tampoco hay esencias por descubrir en las cosas; pero es en esa opacidad que tejemos relaciones que la transparentan y permitan reflejar en un mundo humano.
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