Opinión

Juan Manuel Fangio, mucho más que un gran piloto

Genio y figura. En esta nota, el reconocido aforista evoca al que muchos consideran el mejor automovilista de todos los tiempos, que también brilló como ser humano.

Lunes 19 de Agosto de 2019

La valoración que merece Juan Manuel Fangio en todo argentino, no es solamente por su extraordinaria hazaña deportiva —cinco veces campeón mundial de automovilismo en Fórmula 1— sino también, y especialmente, por su modestia y sus valores personales.

Fangio conservaba, todavía pasados los ochenta años —vivió ochenta y cuatro—, los mismos amigos que tenía desde la época en que en su pueblo de Balcarce soñaba con ser corredor.

Cuando obtuvo su primer triunfo en Europa, en San Remo, en 1949, al regresar a su pueblo natal lo esperaba, como es natural, una imponente recepción.

Durante la fiesta en su homenaje, le dijo al oído a un amigo: "¿Cómo podemos escaparnos de aquí para jugar al truco?". Esta anécdota, tan simple, define su pureza interior.

Suele decirse que en las carreras de automóviles el factor decisivo es la máquina. Fangio lo desmintió totalmente, ganando cuatro de sus cinco campeonatos con autos de distintas marcas: Alfa Romeo, Mercedes Benz, Ferrari y Maserati.

Este hombre patizambo, de mansos ojos azules, corrió su primera carrera en esta endiablada fórmula de alta velocidad a los treinta y seis años, edad, en que la mayoría de los pilotos de esa especialidad deja de correr.

Su retiro de la actividad no surgió como consecuencia de un accidente ni enfermedad. Fue en julio de 1958. Había salido cuarto en Reims, en el Gran Premio de Francia. ¡Un buen puesto!

Bajó del auto con su eterna sonrisa de hombre bueno y le dijo a su joven mecánico:

—No correré nunca más.

—Pero, ¿por qué maestro?

—Porque tengo cuarenta y siete años.

—Piénselo, señor Fangio. ¡Usted está en su plenitud deportiva!

—Mire joven; nunca creí que podría ganar un solo título y obtuve cinco campeonatos mundiales. ¿Qué más podría obtener? ¿Otro título para mi vanidad?. He perdido —agregaba el sabio Fangio— de gozar tantas horas con amigos, de matear con ellos, de mirar el cielo. Además sé que los triunfos están demasiado cerca de las derrotas.

Esa misma noche un periodista le preguntaba:

—¿Cuál conceptúa que es su mayor victoria?

—La de hoy —respondió Fangio.

—¿Cómo la de hoy, si usted salió cuarto?

—Y digo triunfo —siguió diciendo el corredor— porque me retiro con buena salud y con docenas de amigos.

Por supuesto que no todas fueron flores en su vida.

Como la muerte de su acompañante y hermano espiritual, Daniel Urrutia, en un vuelco en un Gran Premio Nacional, en 1948.

En diciembre de 1970 sufrió un grave ataque cardíaco y en 1981, luego de realizar una exhibición con un Mercedes-Benz 300 SLR en Dubai, entonces un remoto principado árabe del Asia, tuvo una nueva indisposición. Pero otra vez lo salvó la amistad: Juan Manuel Bordeu estuvo allí con él.

También intervino posteriormente otro gran amigo de Fangio, nada menos que el doctor René Favaloro, quien le aplicó cinco bypass en una arriesgada y exitosa intervención quirúrgica.

Este querido Juan Manuel Fangio, que supo ser un verdadero maestro de la vida, en todas sus facetas, trae a mi mente este aforismo: "Vivir, es un oficio para especialistas".

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