Opinión

Fernández, a las cosas

El presidente deberá impedir que su ideario se quede solo en el papel.

Martes 10 de Diciembre de 2019

El movimiento se demuestra andando. Si Alberto Fernández cumple con lo que fue su ideario, voceado en el discurso de asunción, habrá Fernández para rato y la Argentina saldrá de su derrotero de crisis encadenadas. Pero deberá llevarlo a la práctica, impedir que se quede solo en el papel.

El nuevo presidente bordeó su discurso (ajustado, bien construido, con perfecta sintaxis) haciendo un compilado de sus frases de la transición. Prometió un gobierno de diálogo, consenso y ausencia de rencor, justo al lado de Cristina Kirchner, quien, durante sus ocho años de gobierno, no se caracterizó por llevar a la práctica esos principios. ¿Cambiará ahora?

En ese interrogante se juega el principal intríngulis de la construcción política de Fernández. Si logra disciplinar a la exmandataria su gobierno podrá transitar por aguas calmas. De lo contrario, la tensión en el ambiente será insoportable.

El buen discurso del exjefe de Gabinete estuvo centrado en un nuevo orden de prioridades. La deuda puede esperar, lo central es empezar a bajar los índices de pobreza. Por todos sus perfiles verbales, Fernández pareció decir que la prioridad, hoy, no es bajar impuestos, es lograr que puedan estar mejor los que peor se encuentran.

El mensaje en clave también rondó por la necesidad de no esperar grandes resultados en poco tiempo. Fernández es un gradualista clásico que apuesta a ampliar su base de sustentación política a la hora de llevar a buen puerto su plan de gobierno. Sabe que con el peronismo no alcanza y le envía señales al radicalismo para que lo ayude a sacar leyes, al menos en el corto plazo.

Pero el nuevo presidente no necesita hacer demasiadas exploraciones ni repetir la táctica del macrismo al comienzo de la gestión, cuando ensayaba leyes que dejaba de lado al comprobar el rechazo popular. El "si pasa, pasa", no tiene cabida. Fernández conoce el manejo del Estado, es un burócrata consuetudinario que se formó políticamente a la sombra de presidentes o dirigentes con poder similar al de un jefe de Estado, por caso Domingo Cavallo.

Según parece de las palabras del presidente, de una vez por todas alguien quiere terminar con la exSide y sus prácticas repudiables. Lo anunció en su discurso Fernández quien, además, prometió derivar esos fondos a la lucha contra la pobreza.

No debe obviarse la magnífica postal institucional que significó el traspaso, con Mauricio Macri escuchando a pie firme la Marcha Peronista. Se los notó afines y cordiales a Macri y Fernández, no así a Cristina Kirchner, otra vez el personaje discordante con sus mohínes y su falta de simpatía para saludar al expresidente. Cristina es así.

Desde hoy, el nuevo gobierno deberá empezar a escalar una situación muy dificultosa, producto del mal gobierno de Cambiemos.

Por lo visto hoy, apoyo popular no le falta.

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