Opinión

El Mundial de Los Monos

Mientras la selección era eliminada del Mundial de Rusia no dejaban de sucederse episodios que sobresaltaban más que las corridas de Mbappé.

Domingo 01 de Julio de 2018

Es ingrato tener que explicar que en Rosario no salimos a la calle con escudos ni nos escondemos cuando llega la noche. Pero en jornadas como la de ayer se comprende por qué se construye esa imagen de ciudad insegura que se ha instalado en el país. Tres crímenes en menos de 24 horas y una nueva intimidación presumiblemente de la banda narco Los Monos, esta vez contra un policía que fue clave en el juicio que los condenó, marcan el nivel de violencia en el que está inmersa la ciudad.

Mientras la selección era eliminada del Mundial de Rusia no dejaban de sucederse episodios que sobresaltaban más que las corridas de Mbappé. Dos sicarios mataron en barrio Saladillo a un hombre e hirieron a otros dos en pleno mediodía, un linyera fue ultimado cerca del Monumento a la Bandera y asesinaron a otra persona de un balazo en la cabeza en la zona del Fonavi de Rouillón y Seguí. Demasiada violencia para un solo día. Mientras se mira un partido de fútbol la estadística se eleva más que el dólar.

Por si fuera poco, una nueva intimidación proveniente de la banda narco conmocionó a la ciudad. Esta vez fue contra uno de los principales policías de la Brigada de la División Judiciales que en 2013 investigó y propició que Los Monos fueran a prisión. Y fue el principal testigo policial durante el juicio, tanto que en la resolución judicial quedó asentado que su aporte como testigo fue decisivo para condenar a los principales líderes de la banda y a los policías.

Le tirotearon el frente a una casa al lado de la que se acaba de mudar, y en la que vivió doce años, entre 2005 y hace unos meses. Por si quedaran dudas, este ataque utilizó la misma mecánica que la que sufrió el juez Ismael Manfrín, a quien atacaron en una casa donde ya no vivía, y lograron que se excusara de la causa.

"Que se maten entre ellos"

"Que se maten entre ellos" suele ser el comentario más difundido cuando los ataques narcos terminan con la vida de miembros de otras bandas. Mejor que no maten a nadie, porque estos asesinatos se producen en el medio de la ciudad, y se persiguen a los tiros.

Ahora estas balaceras contra viviendas vinculadas a jueces, fiscales o policías que tuvieron que ver en el juicio contra Los Monos tienen una particularidad. Afectan a familiares o a domicilios en los que los presuntos destinatarios ya no viven. Tal vez en una suerte de advertencia que no persigue otros fines.

Es de esperar que esta vez nadie se atreva a relativizar el suceso diciendo que no es la casa donde vive el policía, o incluso que es la casa contigua. Probablemente quienes ordenan estos ataques también tengan que actualizar sus datos. Pero sería conveniente no pedirles eficiencia. Con esto que pasa ya está afectada la tranquilidad de los sorprendidos moradores.

Si esto sigue así, en Rosario las inmobiliarias van a tener que tomar prevenciones y llevar un registro para que futuros inquilinos o compradores de casas y departamentos consulten quién vivió antes. Para evitar sobresaltos.

Estas balaceras son concretas. Aunque pueden tener varias interpretaciones. Una, la más benigna, podría ser que como la banda está cercada y golpeada, intenta con estas reacciones negar su impotencia ante la efectividad de los investigadores que la persiguen.

Otra, la más aceptada por los analistas, sostiene que se trata de una respuesta cada vez que desde el Ministerio de Seguridad se exhibe alguna acción que podría entenderse de combate a estas bandas.

Celulares en las cárceles

Justo anteayer se hicieron procedimientos en varias cárceles. Tal vez no tenga que ver, pero si se consulta en los archivos, es bastante puntual que cada vez que con resonancia pública las autoridades muestran un dato estadístico favorable, o se organiza alguna acción como la de este viernes, al día siguiente hay una respuesta en sentido contrario. No falla.

Para colmo, los allanamientos en las cárceles mostraron como resultado la incautación de celulares y otros efectos no permitidos en las celdas. Y se los mostró como buen resultado de los procedimientos. ¡Cómo se entiende que incautar celulares en una cárcel se pueda mostrar como algo positivo! ¿No tendría que serlo que no pudieran entrarlos?

Hasta en la televisión se pudo ver cómo los ingresan. Alguna vez habría que blanquear qué es lo que realmente está pasando en las cárceles de la provincia. Por ahora queda la impresión de que algo está fuera de lugar.

En ámbitos judiciales se teme que exista un plan de intimidación con muchos nombres. No vaya a ser que ahora que ya no miraremos con tanta fruición el cronograma de partidos del Mundial, se instale un fixture de ataques personalizados conducidos por Los Monos que, haciendo un paralelismo, pareciera que pasan siempre de fase y nunca quedan eliminados.

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