Estudiar y aprender nuevos conceptos, en ocasiones y según los textos que se enfrenten puede ser engorroso. Más allá de ser estudiantes aptos y preparados, enfrentar textos complejos puede ser un obstáculo duro. Más allá del mismo texto, lo difícil, por lo general, es desgranarlo, saber con qué quedarse, como pensarlo y formular nuevas ideas. Por eso es que proliferan métodos de estudio que colaboran con estas tareas, como es el caso de los diferentes diagramas, como el diagrama temático. También, por caso, existen mapas mentales y conceptuales a la hora de incorporar y/o compartir conocimientos.
Qué es, exactamente un diagrama temático (y para qué usarlo)
Dentro de los diagramas o esquemas a los que podemos echar mano, el temático representa una muy buena opción. ¿Por qué? Porque a diferencia de un esquema de oraciones, se vale de frases cortas, concisas y genéricas. Por esto es que este tipo de diagrama es ideal para los menos experimentados en utilizar esquemas a la hora de incorporar conocimientos.
Entonces, este tipo de esquema tiene por característica principal la jerarquía que sigue. Lo que hace es organizar la información por orden de relevancia; de más importancia a menos. Este tipo de estructura funciona a partir de un ancla, un concepto principal. Lógicamente, es el que se coloca por encima de todos, el que liga a los demás y del que todos los otros se desprenden. Se trata del tema principal del diagrama temático.
Más allá del clásico cuaderno y la lapicera, en estos tiempos se ofrecen otros modos prácticos y más atractivos. Trabajar en línea es uno de ellos. Y, con la herramienta adecuada, hacer un diagrama temático online cobra sentido.
En este caso, el proceso de creación tiene más libertad. Sucede que en vez de jerarquizar cada una de las ideas y conceptos vertidos, en línea, los conceptos pueden ser escritos sin orden específico. Una vez escritas, queda enlazarlas para, así, crear relaciones entre ellas.
Cómo se realiza un diagrama temático
No es complejo, pero realizar correctamente uno requiere de aplicación y cierto metodismo. Los pasos:
- Escoger el tema. Debe ser el foco del diagrama, el ancla, lo que vaya a ordenar tus pensamientos. Lo ideal, en primera instancia, es que sea general, para luego ir siendo más particular. Esta especie de hipótesis no será otra cosa que el punto de partida.
- Establecer una meta general. Es escoger hacia dónde ir. Se trata de dirigir el tema y hacer más fácil su estructura lógica. Lo primero, aquí, sería analizar la información sabida al momento de comenzar, hacer comparaciones, contrarrestar y establecer relaciones entre un par de piezas. Es un modo de exponer causa y efecto con argumentos que se basan en evidencia.
- Elegir bibliografía de apoyo. Es clave. Artículos, infografías, citas de autores, libros, estudios y hasta apuntes personales sirven para darle solidez al diagrama. Es ideal que cada afirmación pueda respaldarse en firmes pruebas que le imprimen valor al trabajo. Bueno es apuntar las fuentes de las que se obtiene información.
- Reconocer las categorías principales. A partir de entreverar la idea principal con la bibliografía de apoyo se puede determinar distintas categorías. Subtítulos, números romanos o ítems son buenos recursos para identificar las categorías principales.
- Visualiza los puntos para las categorías. Utilizar al menos dos puntos por cada categoría suele darse bien. Operan como un segundo nivel dentro del diagrama. Un modo es etiquetarlos con letras. También, llegado el caso, pueden ser expandidos y generar subsecciones.
Más allá de conocer qué es un diagrama temático, para qué sirve y cómo utilizarlo, hay dos cosas que es importante marcar a fuego:
- ser conciso y
- no tener miedo ni pruritos para tachar y dejar de lado todo lo que se considera que no sea importante.