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Estados de ánimo: riesgos de tragarse las broncas

En matemática, uno más uno es siempre dos; pero cuando dos factores se combinan para producir un efecto, este último no siempre es igual a la suma de los dos efectos que se presentarían por separado: si se inhiben mutuamente puede ser menor. Pero si la suma de ambos efectos da más que dos, estaremos ante lo que se llama una "combinación sinérgica".

Domingo 10 de Agosto de 2008

En matemática, uno más uno es siempre dos; pero cuando dos factores se combinan para producir un efecto, este último no siempre es igual a la suma de los dos efectos que se presentarían por separado: si se inhiben mutuamente puede ser menor. Pero si la suma de ambos efectos da más que dos, estaremos ante lo que se llama una "combinación sinérgica".

Esto sería lo que sucede con el carácter de una persona propensa a las emociones negativas: el malhumor, la tristeza, el enojo, el pesimismo o la tendencia a ver siempre "el vaso medio vacío", cuando además tiene dificultades para comunicarse, es decir, cuando "se traga" todos aquellos sentimientos sin poder abrirse a otros que le brinden otros puntos de vista o que le puedan contagiar otros estados de ánimo.

La combinación entre inhibición social y "afectividad negativa" cobraría el carácter de una sinergia capaz de activar el sistema inmunológico, incrementar la presión arterial, alterar el ritmo cardíaco y, según aseguran ahora un cúmulo de investigaciones recientes realizadas básicamente en Europa, constituirse a la larga en un importante factor de enfermedades crónicas del aparato circulatorio.

Los estudiosos que desde fines de la década pasada van tras estas pistas han llamado "personalidad tipo D" a esta combinación de factores. De hecho, hay estudios anteriores que identifican a la depresión como un factor de riesgo de sufrir infarto de miocardio. Pero la combinación de afectividad negativa más inhibición social parece funcionar como factor de riesgo para enfermedades crónicas.

¿Cómo se sabe? Básicamente a través del trabajo de un núcleo de investigadores del departamento de Psicología Médica de la Universidad de Tilburg, en Holanda. Según explicó a su reciente visita al país la doctora Angelique Schiffer, que forma parte del equipo, si se analiza el perfil psicológico de las personas afectadas por diferentes enfermedades cardiovasculares, se encuentra que la combinación de estas características es considerablemente más frecuente que en la población general.

Estos estudios fueron publicados en varias revistas médicas —desde The Lancet hasta Psychosomatic Medicine—, y cabe aclarar que fueron realizados en la población europea, por lo que, en caso de que fueran válidos los resultados, harían falta nuevas investigaciones a nivel local para saber de este lado del mundo en qué medida hacer terapia mejoraría su pronóstico como paciente cardiológico.

Entre los pacientes con insuficiencia cardíaca los que tienen estas características de la personalidad no sólo acusan más síntomas que el "paciente promedio", sino que además se preocupan más por cada pequeña dolencia y, como contrapartida que empeoraría las cosas, son menos propensos a consultar al médico, justamente a causa de su inhibición social.

Esta inhibición para tratar con gente y expresar sentimientos es, para muchos, una estrategia para no verse expuestos al estrés que les significaría mostrarse, pero se les termina volviendo en contra. Schiffer sugiere actuar directamente a nivel terapéutico sobre estas conductas como forma de disminuir factores de riesgo para el corazón.

En los estudios se consideraron como personas con "inhibición social" a las que no hacen contacto fácilmente cuando conocen gente, les cuesta iniciar una conversación y prefieren mantenerse a distancia de los demás.

La afectividad negativa estaría dada por conductas como la de "ahogarse en un vaso con agua", sentirse infeliz, melancólico, de mal humor y desanimado, durante un período de al menos seis meses. La conjunción de estos dos caracteres sería la que da como resultado el tipo de personalidad que estos investigadores europeos identificaron como un factor de riesgo cardiovascular. Es una característica de la personalidad que no debe confundirse con la depresión, un trastorno del estado de ánimo que la persona puede padecer sin que afecte su capacidad de relacionarse con los demás. Aunque, según aseguran, ni la depresión ni la personalidad D dependen de la edad, ni de la condición social, ni del nivel de educación.

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