Jeremías Bucci atiende el teléfono y responde consultas que llegan a las oficinas de la Subsecretaría de Inclusión para Personas con Discapacidad de la provincia de Santa Fe. Tiene 30 años y hace seis que ocupa ese puesto. La hidrocefalia que sufrió antes de nacer le dejó como consecuencia una hemiplejia en la parte derecha del cuerpo. Pero esta dificultad no le impidió estudiar y ser un profesional. Su próximo sueño se cumplirá en breve, ya que en poco tiempo más se casa.
“Vengo en colectivo. Entro a la oficina a las 7.30. Los primeros días del mes me ocupo de la cadetería y llevo la correspondencia a las distintas reparticiones”, explica desde su escritorio donde hay dos teléfonos, una parva de papeles y una computadora, en 9 de Julio al 300.
El resto del tiempo Jeremías lo dedica a responder consultas por mail o por teléfono. Generalmente llama gente que quiere saber cómo obtener el certificado de discapacidad o de invalidez. También le preguntan por elementos ortopédicos.
El joven parece no cansarse de la rutina. Cada día pone empeño y reconoce que “hay que tener mucha paciencia en la atención telefónica. Muchas veces la gente llama un poco nerviosa y enojada pero yo trato de calmarla y de darle la información más completa posible”, cuenta Jeremías, que conoce con precisión cómo se hace cada uno de los trámites.
Quizá su discapacidad lo ayudó para entender como pocos al que llama con un problema, con un pedido, una necesidad. El vivió en carne propia lo que significa precisar ayuda para una atención médica indispensable o para que le lleguen los medicamentos. Vivió las esperas interminables de trámites en épocas en los que cada fila llevaban horas, y las barreras arquitectónicas. “Es la persona idónea para atender a la gente”, explica el titular de la repartición, Maximiliano Marc, que destaca el trabajo de Jeremías sobre todo por cómo lo hace y por la responsabilidad con que lo cumple.
“Yo no quiero que a la gente le falte ningún papel cuando tenga que hacer el trámite porque es una situación muy difícil la que está afrontando y no podemos generarle más problemas”, señala Jeremías. “El turno para el certificado está demorando cerca de un mes, pero cuando lo vienen a hacer se lo llevan en el momento”, agrega.
Toda la vida. Cuando la mamá de Jeremías cursaba el quinto mes de embarazo le dijeron que el niño tenía hidrocefalia congénita. Esto llevó a que a los 20 días de nacido tuvieran que operarlo por primera vez. Siendo bebé comenzó con estimulación temprana. Después fue sometido a varias cirugías pero gracias a eso hoy sólo tiene afectada la parte derecha de su cuerpo. Esto provoca que no pueda mover la mano derecha y tenga poca visión en un ojo. También camina con cierta dificultad. Sus padres lucharon para que se le hiciera todo lo necesario desde el punto de vista médico y de rehabilitación, y así fue. Durante muchos años asistió a natación y fisioterapia.
Jeremías cursó desde primero a quinto año en una escuela común, Los Arrayanes, donde fue integrado y pudo ser uno más en las clases. Logró recibirse junto a todos sus compañeros.
Tener el título secundario le permitió conseguir una beca de las que ofrecía la provincia para cargar datos en una computadora. Así arrancó a trabajar. Pero antes se capacitó, hizo varios cursos mientras trabajaba en un cíber, y en atención al público pudo ganar experiencia. Hoy es parte de la planta permanente de la Subsecretaría.
A las 13.30 termina su trabajo. “En general me quedo un ratito más para darles una mano a mis compañeros de la tarde que entran a las 13. Y después me voy en colectivo porque me manejo solo lo más bien”, comenta.
Entonces desde su casa continúa con los preparativos para el casamiento. Hace más de siete años que está saliendo con Melisa, una chica que conoció a través de internet. Chatearon durante un mes entero y un día Jeremías se animó y le compró dos cajas de bombones y un ramo de flores. Con esto, y una carta escrita con su mano izquierda tocó el timbre en su casa. Ese mismo día empezaron a salir.
Melisa tiene un retraso mental leve y trabaja en una empresa de catering. Se casan el 18 de marzo en la iglesia San Agripina, de José C. Paz 1047, y la fiesta será en la ciudad deportiva de Central ya que ambos comparten la pasión por el equipo canalla, y no pierden oportunidad de ir juntos a la cancha.
Ya tienen el departamento donde van a vivir. Contarán con una asistente personal que irá algunos días por semana para ayudarlos con algunas cosas de la casa.
¿Sus sueños? “Cumplí muchos. El próximo es formar una familia y tener hijos”. Antes de terminar la charla Jeremías agrega, feliz: “También sueño con ver a Central campeón”.