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Fotografías de un amor ausente

El reportero gráfico Gustavo Germano estuvo en Rosario para declarar en la megacausa Feced III, por el secuestro y asesinato de su hermano Eduardo en diciembre de 1976. Autor de la muestra "Ausencias", registró con su cámara analógica los sitios donde estuvo su familiar en la ciudad.

Domingo 01 de Diciembre de 2019

En el plano que compone la imagen, los hermanos Gustavo, Guillermo, Diego y Eduardo posan en fila. Es la década del 70 y en la foto en blanco y negro a los cuatro chicos se los ve pícaros, cómplices, llenos de vida. Clic. Pero el juego está en la contraposición con otra imagen, hecha treinta años después. El encuadre es casi calcado, pero solo hay tres hombres. Falta Eduardo, el de la esquina, el hermano más grande de la familia. Eduardo es ausencia desde que fue asesinado a fines de 1976 en Rosario por la patota del represor Agustín Feced. Por eso el ejercicio que propone la muestra Ausencias, del reportero gráfico Gustavo Germano, es tan conmovedor. Porque toma esas fotos familiares cargadas de afecto y las resignifica en memoria de tiempo presente. El proyecto exhibido en 2006 creció y de esas imágenes que hablan de los desaparecidos y asesinados en la dictadura argentina, se sumaron otras series sobre las ausencias de Uruguay, Brasil y Colombia. Y otra sobre el exilio de españoles víctimas del franquismo.

Eduardo Raúl "Mencho" Germano fue un dirigente estudiantil y militante de Montoneros en Paraná que fue secuestrado y asesinado en diciembre de 1976 en Rosario, en el barrio de Fisherton. Su cuerpo fue enterrado en una tumba NN en el cementerio La Piedad, exhumado en 2011 e identificado tres años después por el Equipo Argentino de Antropología Forense (Eaaf). Radicado en Barcelona, Gustavo Germano estuvo en la ciudad para brindar testimonio en la megacausa Feced III que entre otros hechos, investiga el secuestro y asesinato de su hermano. Tanto su madre como su padre y su hermano Guillermo, a quien reconoce como "el más activo en la búsqueda de Mencho", fallecieron antes de la restitución de los restos de 2014. "Ninguno de ellos vio la identificación ni pudo estar en esta etapa del juicio", lamenta.

Gustavo Germano llega a La Capital con una vieja cámara Nikon analógica entre sus manos, con el octavo rollo de 36 ya empezado. Es que además del juicio, la otra razón por la que el reportero gráfico estuvo recientemente en Rosario fue para recorrer y registrar con esa vieja cámara cada uno de los sitios donde estuvo su hermano entre julio y diciembre de 1976. Narrar con fotos los últimos pasos de Mencho por Rosario, ese hermano mayor del que conserva "poquitos" recuerdos. Acompañado de su vieja Nikon, visitó el Servicio de Informaciones, la esquina donde lo mataron y el sector de La Piedad donde estuvo como NN, hasta su descanso final en el cementerio Parque de la Paz, en Paraná.

Pero con este proyecto, también busca documentar el soporte burocrático que dio cobertura a las desapariciones y relatar la lucha que permitió sacarlo de la condición de desaparecido, cuando se supo que había sido asesinado y enterrado como NN en La Piedad, donde hallaron más de cien cuerpos de víctimas de la dictadura en el marco de una práctica habitual de los años del horror: guardar bajo tierra a personas asesinadas en enfrentamientos fraguados por los grupos de tareas de la dictadura.

"Como dijo Juan Gelman, la palabra desaparecido es muy tramposa, porque son cuatro procesos: secuestro, tortura, asesinato y ocultamiento del cuerpo. Esa fue la correa de transmisión que utilizaron para el objetivo de hacer tabla rasa. Además de la propaganda que significaba esto de decir que la gente desaparezca y se esfume en la nada", reflexiona.

Por eso decidió llamar Contradesaparición a este nuevo proyecto que, a diferencia de Ausencias, se centra en una sola persona, su

hermano: “No apareció ni volvió, sino que contradesapareció, se lo sacó de la condición de desaparecido. Y para eso fue necesaria la lucha de los familiares desde el primer momento, en toda la etapa de la dictadura, la Conadep, además de atravesar la obediencia debida, los indultos y la anulación de las leyes. Ahí se reactivó la causa y a partir de ahí hay diez años de trabajo más hasta la identificación del cuerpo”.

El reto es doble, porque hasta que no revele las fotos, no va a saber con certeza el resultado de ese registro. Que está guardado allí, en esa “nebulosa química que te induce a sensaciones”, como describe al trabajo con el negativo.

“Fijate lo que me pasa ahora. No puedo mirar lo que hice, estuve trabajando en el Juzgado, haciendo fotos de la causa y esto es una caja fuerte que guarda algo que, hasta que no se revele el negativo, queda en vida latente”, describe. Por eso el elegir trabajar con una cámara de negativos no es por nostalgia, sino que persigue una intencionalidad de trabajo, donde las decisiones técnicas están vinculadas al concepto.

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Una fake news del horror

A principios de 1977 la familia Germano recibió una carta anónima donde les decían que el Mencho había sido detenido el 17 de diciembre de 1976 y posiblemente asesinado el día 26 de ese mismo mes. Años después, se enterarían de que la autora de ese anónimo fue Marta Terradas, una compañera de militancia de Eduardo que luego fue desaparecida.

Con la pista de la carta, Guillermo Germano buscó en las hemerotecas y se encontró con una noticia publicada en La Capital el martes 28 de diciembre de 1976. En la página 10 un título reza: “Fueron abatidos dos terroristas”. La nota cita como fuente una información oficial del Comando del Segundo Cuerpo de Ejército sobre un “procedimiento” realizado la madrugada del domingo 26 en barrio Fisherton. Según el texto publicado, cerca de la 1.30 personal del Área 211 “observó a una pareja que portaba un bulto de regulares dimensiones y en actitud sospechosa se mantenía próximo a la estación transformadora de energía eléctrica instalada en la intersección de las calles bulevar Argentino y Colombres”. La nota no da ningún nombre propio y dice que al impartirse la orden de detención para identificarlos, la pareja intentó huir a los tiros y fueron abatidos, “produciéndose la detonación de una carga explosiva que transportaban”. Y cierra: “La actitud de estos delincuentes configura una evidencia más de su intención de alterar la vida en paz de la sociedad”.

Para Germano, esa nota constituye una auténtica fake news, unas de las tantas que se hacían desde el Segundo Cuerpo del Ejército. Porque, tal como se pudo reconstruir a través de distintos testimonios, Eduardo fue secuestrado el 17 de diciembre de 1976 en Rosario junto a María Cristina “Polilla” Pagnanelli. Tras permanecer en cautiverio y sometidos a tortura, sus cuerpos fueron “volados” con explosivos junto a la estación transformadora de energía en Fisherton. La fake news fraguó un enfrentamiento para darle un destino atroz a los “irrecuperables” de las torturas y blanquear un crimen bestial. El Mencho Germano tenía 18 años y María Cristina 23.

Instantáneas

Entre enero de 2006 y octubre de 2007 Gustavo Germano realizó la primera serie de fotos de “Ausencias”, sobre las víctimas de la desaparición forzada durante la dictadura en la Argentina. Manteniendo la misma línea de trabajo de contraponer fotos históricas con actuales (en el mismo lugar y con las mismas personas, pero con una o más que faltan) es que hizo Distancias, un proyecto que desarrolló entre 2008 y 2009 sobre el exilio republicano español de 1939. En una de las imágenes que integran el proyecto de los exiliados durante el franquismo hay una que muestra a una joven Carmen Alonso de Fernández de pie junto a la tumba de su padre en Oviedo (España) y otra foto casi igual, pero tomada en 2008 en el cementerio de Granadero Baigorria junto a la sepultura de su marido.

Germano entiende que el proyecto, si bien ya tiene una década, se resignificó en los últimos tiempos a raíz de las migraciones forzadas de personas que huyen del hambre o las guerras. En su página, como presentación de la muestra, cita a Tennessee Williams cuando dice que “el tiempo es la distancia más larga entre dos lugares”. Según la ONU, en el mundo hay cerca de 70 millones de desplazados, la cifra más alta en la historia del organismo.

Entre 2010 y 2012, el fotógrafo nacido en Chajarí trabajó en Ausencias Brasil, sobre los desaparecidos durante la dictadura en Brasil (1964-1985). En 2015 emprendió Búsquedas, sobre el robo de bebés durante el franquismo y los primeros años de la democracia, y sobre la recuperación de nietos y nietas en la Argentina por parte de Abuelas de Plaza de Mayo. Ese mismo año presentó Ausencias Colombia, en 2017 sumó Ausencias Uruguay sobre las víctimas de la dictadura uruguaya y ya trabaja para concretar Ausencias Chile, sobre los desaparecidos durante el pinochetismo. El cierre apunta también a enmarcar las dictaduras en el Cono Sur dentro de un mismo contexto, como sucedió con la Operación Cóndor, ese macabro plan de coordinación de acciones entre las cúpulas de las dictaduras de los 70 y 80 en América del Sur, que operó bajo la venia de los Estados Unidos.

“Lo que tampoco hay que olvidar —dice— es lo que realmente hubo detrás de este plan sistemático de desaparición forzada. Y es que hubo un plan económico. Por eso el objetivo de la represión era la eliminación de cualquier tipo de resistencia desde la militancia sindical, estudiantil e intelectual”. Y traza un paralelo entre el plan económico de Martínez de Hoz con el del macrismo, ambos basados en el endeudamiento externo y la transferencias de recursos de los sectores populares a los más concentrados.

Frente a los discursos que proponen que hablar de la dictadura es pasado, Germano, quien acaba de declarar en Rosario, responde: “La Justicia ha tardado 40 años en juzgar estos hechos. Pero no fuimos nosotros los que pusimos las leyes de obediencia debida y punto final, los indultos y los que ralentizamos los juicios. O los que quitamos recursos a las unidades que tenían que ver con el apoyo a los juicios de lesa humanidad como hizo Rajoy en España, dando presupuesto cero a la ley de memoria histórica. Y se jactaba de ello”.

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Abrir el ojo

A diferencia de las fotos de primer plano que los familiares de desaparecidos publicaban en los diarios, como los tradicionales recordatorios en Página 12, el proyecto de Germano abre la lente para mostrar el entorno, para visualizar ese contexto afectivo y hasta geográfico, ubicando en tiempo y espacio social a cada historia.

Por eso, en todas las series, la mayoría de las fotos rescatadas de los álbumes familiares reflejan alegrías cotidianas y momentos que merecían ser mostrados. Parejas en la playa, padres e hijos en el patio de la casa. O hasta bajando al trote de una loma, como el caso de los hermanos Omar y Mario Amestoy. “Esa —cuenta Germano— es una fotografía muy particular porque no es nada habitual encontrar en los álbumes familiares fotos de acción. Y es muy rara porque además es una diapositiva que estaba en un cajón de la mesa de luz de Mario”. En este caso, destaca la colaboración de Hijos Entre Ríos y el Registro Único de la Verdad de esa provincia, que ayudaron en el trabajo de introspección y búsqueda de imágenes de los familiares que querían participar del proyecto.

El caso de la familia Amestoy - Fettolini es uno de los más brutales de la dictadura. Oriundos de Nogoyá (Entre Ríos), Omar Amestoy y María del Carmen Fettolini vivían en San Nicolás junto a sus hijos María Eugenia y Fernando, de 5 y 3 años respectivamente. El 19 de noviembre de 1976 una patota de la Policía Federal, la Policía de la provincia de Buenos Aires y de Santa Fe irrumpió de madrugada en su casa ubicada sobre la calle Juan B. Justo y masacró a toda la familia. El único sobreviviente fue Manuel Gonçalvez Granada, un nene de cinco meses e hijo de Ana María Granada. Ella también murió en la casa pero logró resguardar a su bebé en un placar. El chico fue adoptado ilegalmente y recuperó su identidad en 1997 gracias al trabajo de Abuelas. El caso se conoce como la Masacre de calle Juan B. Justo y sus responsables fueron condenados a prisión perpetua en diciembre de 2012.

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La imagen

Esas imágenes familiares utilizadas en Ausencias también hablan de una época donde, como bien explica Germano, comenzó en cierta forma a “democratizarse” la fotografía con la aparición de las cámaras compactas y la instamatic, que permitieron por primera vez que haya fotos más descontracturadas y donde ya no es necesario para capturar cada momento el fotógrafo profesional. Sin embargo, señala que, a diferencia de lo que sucede hoy con las cámaras digitales, el registro era muy acotado, porque a un viaje una familia se llevaba un rollo que podía sacar solamente 24 o 36 fotos. Y que encima no podían verse hasta ser reveladas. En el caso de Ausencias, eso es lo que marca el contrapunto principal entre las dos caras, las fotos históricas con las actuales “porque lleva la carga de la denuncia de un espacio que debería estar ocupado, lo que genera un paralelo imposible”.

Cada foto es una historia. Un trabajo de hormiga de meses. Desde el primer contacto con las familias hasta acceder al álbum y recrear la foto. Y así fue encarado por Germano y su compañera, la diseñadora Vanina De Monte. No solo en el trabajo con la imagen y la recreación del cuadro en espejo para lograr ese diálogo entre el pasado completo y el presente con el espacio en blanco del que falta. Sino también porque en cada exposición por el mundo, la muestra es acompañada por un folleto donde se cuenta quién fue cada personaje. Para ello debieron bucear en sus historias, quiénes eran y cuál era su entorno afectivo, profesional y político. Aún recuerda el día que expuso “Ausencias” en el Centro Cultural Recoleta y Estela de Carlotto vio una foto de la Negrita María Irma Ferreyra (militante asesinada en Rosario en 1977) frente a un espejo y le dijo: “Es mi hija”. La vio a la Laura, porque había mucha similitud en la pose y en el corte de pelo. Un caso reflejado en otro.

De allí que la potencia visual y narrativa del trabajo de Germano hace que su obra no esté limitada sólo al público familiarizado con la temática de los Derechos Humanos sino que permite acercar a quienes no tienen una vinculación con el tema y se vean interpelados por el significado de la desaparición forzada: “Quizás el hecho de trabajar con fotos de álbumes familiares lo que permite es que esa empatía aparezca. Porque casi cualquier persona tiene fotografías de álbumes familiares. Entonces podría preguntarse qué pasaría si intenta volver a hacer una imagen de hace 30 años y si falta alguien por qué falta”.

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