"He leído y he escrito. Más leo que escribo, como es natural; leo mejor que escribo. He viajado. Preferiría que mis libros viajen más que yo. He trabajado, trabajo. Una vez, por algo que escribí, gané un premio, y después otro y después hasta diez de literatura, uno de periodismo y uno de argumentos de cine. Un tiempo quise ser abogado (?). Después quise ser periodista. Conseguí ser periodista. Persevero", escribió Antonio Di Benedetto en un brevísimo texto llamado Autobiografía. Este pasaje ilumina la doble condición del escritor, que además de una obra literaria perdurable —Juan José Saer no dudó en calificarla como la más original del siglo XX en Argentina— dejó varios textos publicados en diversos medios; en especial, en el diario Los Andes, de Mendoza, donde trabajó más de tres décadas. Ahora, ese material fue reunido gracias al trabajo paciente de la investigadora Liliana Reales. El resultado es Escritos periodísticos, un volumen de casi seiscientas páginas que reúne publicaciones realizadas entre 1943 y 1986, editado por Adriana Hidalgo.
Di Benedetto nació en Mendoza en 1922 y falleció en Buenos Aires, en 1986. En el medio, su vida se rasgó al medio cuando fue detenido el 24 de marzo de 1976, día del golpe militar, en las dependencias de Los Andes, donde por entonces era subdirector (y en los hechos, responsable editorial de la totalidad de materiales que se publicaban en ese periódico). Después de diecisiete meses detenido como preso político con argumentos poco claros, logró recuperar su libertad y se exilió en Europa. Volvió al país en 1984. Poco quedaba de aquel escritor de gesto parco y elegante, que elegía con cuidado sus camisas blancas y sus corbatas negras. De esa última época se conservan, más bien, fotos de un hombre canoso, que lleva encima el peso del olvido y de la lejanía de su terruño. Es que Mendoza, donde no volvería, era sin embargo su lugar en el mundo. Y a la vez, pasó tiempo antes de que el autor de Zama recuperase el lugar de prestigio a través de la reedición de su obra, que incluye novelas como El silenciero o cuentos de una belleza oscura y destiladísima como Caballo en el salitral.
Los datos biográficos son imprescindibles para comprender quién es el hombre que habla en estas líneas periodísticas. Y también, la importancia que tuvo este oficio. Como señala Reales en el prólogo "el periodismo no fue para Di Benedetto sólo un medio de ganarse la vida: fue su profesión, celebrada y comentada por él antes y después de su dramática experiencia en los centros clandestinos de detención". De esto, justamente, trata el libro. Cronista versátil, fue capaz de escribir tanto sobre temas rurales como política, memoria, literatura. Y sobre cine, su gran pasión.
El libro comienza con una serie de crónicas deliciosas (y también truculentas) sobre los animales del Jardín Zoológico de Mendoza, escritas en 1943. Por ejemplo, a partir del dato cierto de que el primero de los leones africanos nacidos en Mendoza fue engullido por su madre, Di Benedetto describe a la leona, la jaula donde vive y observa: "Seguramente la madre —mamá-leona, mamá-leopardo— dirá con amargura cuando ve a su recién nacido descendiente: —¡Pobre hijo mío! Triste destino el tuyo. Has nacido en el sepulcro de los vivos, como diría Dostoievski. Más te valiera no haberlo hecho; más te valiera la muerte". Y luego relata —con oscura comicidad— cómo un guardián japonés impidió que la madre se comiera al resto de la cría.
También se incluyen textos míticos, como la serie que escribió en 1944 tras el enorme terremoto en San Juan. Ocurrido a las 20.52, Di Benedetto se ocupa de traer al centro de la escena el detalle del horario y la cantidad de gente que había en bares y confiterías para graficar la magnitud del desastre: "Otro cuenta que un parroquiano logró salvarse por haber pasado al cuarto de baño, siendo —según propia confesión— el único sobreviviente. En una peluquería cercana, también muy concurrida —por ser sábado— sólo se salvó uno que en ese momento no atinó a levantarse del sillón en que estaba ubicado".
Hay una entrevista a Borges en estilo indirecto, que da cuenta del estilo lacónico de Di Benedetto. Particularmente hermosas son las dos notas que le dedica a Cortázar, en 1973 y en 1984, donde se trasluce la amistad entre ambos ya que el autor de Rayuela había sido profesor en la Universidad Nacional de Cuyo. Hay también un encuentro con Eugene Ionesco y otro con Claudia Cardinale, donde la actriz reconoce que sus secretos le pertenecen pero no su piel, multiplicada en la pantalla.
El periodista tiene un interés específico por la situación política en Chile en épocas de Salvador Allende y por las reformas progresistas de Paz Estenssoro en Bolivia. Pero su pasión por el cine —que lo llevó a cubrir distintos festivales como el de Berlín o Cannes en 1960 e incluso una premiación de los Oscar cinco años después— se traduce en un volumen considerable de notas que son además pequeños tratados estéticos.
En ese sentido, el libro incluye la conferencia "Nuestra experiencia frente al cine y la literatura", que dio en 1970. Se trata de un texto más confesional que teórico, donde finaliza comentando la influencia del cine como un lenguaje que a través de las imágenes y el sonido le puede otorgar a la escritura un rasgo personal, específico.
Escritos periodísticos se cierra con una serie de entrevistas a Di Benedetto, desde aquella hecha por Rodolfo Braceli (que se formó como periodista con él) hasta otras firmadas por Miguel Briante y Ricardo Zelarayán. "Yo creo que la buena literatura es agónica, sincera, es la que enfrenta a la gente consigo misma con entereza, con lealtad", afirma. Esta mirada también se aplica a su periodismo, que es buena escritura, necesaria e inspiradora en días donde el oficio —acechado por la precarización laboral y la hegemonía tecnológica— busca sus formas de supervivencia.
Escritos periodísticos, de Antonio Di Benedetto; compilado por Liliana Reales. Adriana Hidalgo editora, 608 páginas.