La Región

Una iniciativa en Rafaela propone la soberanía alimentaria como cuestión de Estado

La idea, que reivindica los beneficios de la agroecología y despertó la polémica por la distancia de exclusión de agroquímicos que requiere, se debate en el concejo y en la sociedad

Lunes 22 de Marzo de 2021

“Si hay algo que siempre me sorprendió fue la cantidad de niños malformados que llegan al hospital, provenientes de zonas suburbanas y rurales”, descargó contundente Brenda Vimo, quien este viernes cumplió 22 años como médica clínica y 18 que trabaja en el hospital de Rafaela. Actualmente es concejal por el Partido Justicialista y su nombre ocupó en los últimos meses las primeras planas de los medios de la región, debido a un proyecto que presentó para alejar la aspersión de agrotóxicos a un mínimo de mil metros de la planta urbana y fomentar la producción agroecológica. “Durante mi carrera como médica vi a muchos padres sufrir por sus hijos con leucemia”, afirma en otra frase que podría sonar excesiva y cruel si no fuera un dato duro de la realidad que experimentó en su consultorio.

La iniciativa de alejar las fumigaciones, que convulsionó a la opinión pública y disparó la polémica en todos los ámbitos, fue el resultado de los años de experiencia al cuidado de la salud de los habitantes de la ciudad y la región y uno de los temas sobresalientes que formaron parte de su plataforma de campaña junto a la defensa de los derechos igualitarios de las mujeres y las diversidades sexuales.

Vimo fue coordinadora de los 11 centros de salud periféricos de la ciudad y luego subsecretaria de Salud del municipio. Dejó ese cargo para asumir como secretaria de Desarrollo Social y en 2019 fue electa concejal. Su propósito más destacado era intentar cambiar el avasallamiento que el sistema productivo agrario genera sobre las áreas urbanas para proteger la salud de las personas y el ambiente. “Siempre estuve muy atenta a estos temas y me fortalecí mucho cuando la Organización Mundial de la Salud cambió la categorización del glifosato y lo catalogó como probable cancerígeno. Ahí comencé a prestar más atención y estudiar con mayor profundidad. Lo que comenzó como una inquietud se fue fortaleciendo hasta transformarse en un trabajo que busca establecer una política pública que defienda los principios de la soberanía alimentaria”, explicó la legisladora a La Capital.

Su proyecto de ordenanza, presentado en diciembre último, no solo propone extender los límites de protección frente a los contaminantes agrarios sino que prevé qué hacer en los espacios que quedarían incluidos en el área de protección. “Allí se deberían desarrollar huertas comunitarias e individuales y muchísimas opciones que describo en el proyecto por lo cual las tierras no quedarían improductivas sino que, por el contrario, generarían alimentos saludables para la ciudad y otorgarían el valor agregado del cuidado del ambiente y la salud de las personas”, detalló la concejala.

¿Cómo fue que esta idea encontró eco en el electorado en una ciudad con importante desarrollo agrario?

Observé mucho apoyo de la juventud que tiene inculcado el cuidado del ambiente y como docente de la facultad me encontré con ese fenómeno. Los jóvenes destacan el problema del uso de los agrotóxicos como uno de los más preocupantes de la actualidad. Además, hubo muy buen acompañamiento de la gente, no de los políticos, a quienes les cuesta abordar la temática y más en un año electoral, quizás por temor a perder algún voto. Pero recientemente el Instituto Nacional del Cáncer también reclasificó al glifosato como probable cancerígeno y eso, sumado a otros factores de difusión de la problemática, van generando conciencia. Actualmente los vecinos están cada vez más reflexivos respecto a la necesidad de cuidarse y alimentarse de forma más saludable.

¿Qué normativa tiene vigente la ciudad respecto a los agroquímicos?

Cuando (Omar) Perotti era intendente decretó una distancia de resguardo de 200 metros y desde esa época nunca más se habló del tema. Hubo intentos a través de diversas propuestas en el Concejo, pero todos fracasaron. El Ejecutivo no toma las riendas y tampoco lo hace el Legislativo; eso habla muy mal de la política y el problema termina en la Justicia donde sabemos que por toda la jurisprudencia que existe se termina dando la razón a la postura que tenemos nosotros. Aunque las fuerzas sean totalmente desiguales siempre ante la duda la Justicia ordenará ampliar los límites de protección por los principios de prevención.

¿Cómo se aborda el tema entre sus pares?

Veo que hay muchas dudas pero espero que no se dejen apretar como lo hicieron conmigo. Somos 10 concejales, tres oficialistas y siete de cambiemos. Nuestro bloque está a favor del proyecto pero hay quien es franco y aduce que entiende nuestros argumentos pero no se la pueden jugar den un año electoral. También está el que hace la cómoda y espera que se sancione la ley provincial, otro que presta atención e intenta estudiar y tres que conservan la posición dura de adherir a los enunciados de las ‘buenas prácticas agropecuarias’. Esto es día a día y por eso estamos en un proceso de llevar al recinto expositores especialistas en la temática como biólogos, médicos, abogados, ingenieros y ecologistas. También vamos a convocar a productores y técnicos para demostrar que la agroecología también es rentable. Que no van a perder plata que parece ser lo único que le interesa a los gobiernos. Veremos luego si mis pares se definen por la lectura electoral o la del cuidado del ambiente y la salud.

¿Cuáles fueron las herramientas para sostener sus argumentos?

La gran cantidad de información científica como los 1.025 estudios que hablan de las consecuencias provocadas por la respiración crónica de agrotóxicos. Pero también desafío al resto de los concejales a que inviten a tres médicos que aseguren que los agrotóxicos no hacen nada. Y que, si consideran que no hay derivas, que con 200 metros de exclusión y las buenas prácticas alcanza, que lleven a sus hijos a ver cuando están fumigando. Además, les explico que no estamos inventando nada, que es una cuestión estadística que las grandes instituciones médicas tienen registrado. Vi a muchísimos padres sufrir con sus hijos con leucemia. Pero es muy difícil que entren en razón, creo que es una cuestión de los valores que prevalecen, humanos o económicos.

¿Cuál es la posición de los médicos?

Hablé con oncólogos y ellos saben que (los agroquímicos) son un factor de riesgo. Obviamente, cualquier patología es multifactorial pero está determinado, y así lo indica la ciencia, cuál es el impacto de los agrotóxicos. Sin embargo, comprometerse también es más complejo. Acá en Rafaela no es tan fácil por las relaciones y las presiones que son muchas. Por militar estos temas terminé amenazada por un productor cuando estaba con mi hija en un supermercado. Me dijo que me arruinaría la vida. Después apareció mi auto rayado y son innumerables las cadenas de Whatsapp y en otras redes sociales que me injurian y me inventan situaciones. También en un medio provincial me trataron de mafiosa. En cualquier momento dirán que trafico drogas, órganos o que soy extraterrestre. Cuando uno va a la Justicia y se investiga se da cuenta que todo termina saliendo del mismo lugar.

¿Por qué el planteo en medio de la pandemia?

Porque es el momento en el que uno debe valorar y darse cuenta de la importancia de la salud. También porque pudimos observar que por no tener estructuras agroecológicas que provean a la ciudad, corrimos el riesgo de quedar desabastecidos de alimentos. Es necesario que tengamos soberanía alimentaria y más cuando estamos viviendo en el medio del campo. No puede ser que tengamos que esperar que los tomates lleguen en camiones que viajan desde otra provincia. Y si el análisis pasa al plano económico tenemos que analizar que, por ejemplo en Europa, los productos orgánicos se pagan el triple que los industrializados lo que significa que los terrenos comprendidos en el área de exclusión pueden ser incluso más rentables que ahora.

¿Cuál es el futuro que visualiza como militante de estos temas?

Salir de la política y me imagino trabajando nuevamente en el hospital que es lo que amo. Como médica me tocó sentarme en una banca y llegué a ese lugar porque quiero cambiar estas cosas. Lo político partidario está mucho más allá de estos temas. Por ejemplo, hoy vinieron a acompañar la muestra fotográfica diputados de distintos partidos porque esto merece el abordaje desde diferentes miradas. Formo parte de un partido pero tengo mis convicciones. Hoy estoy distanciada del intendente porque no me apoya con estos temas, pero tengo mis convicciones y las voy a defender. Mas cuando formaron parte de mis promesas de campaña.

¿Por qué estos movimientos están liderados por mujeres?

Las mujeres somos pasionales y creo que tiene que ver con eso. También con el bagaje cultural que nos posiciona con el chip del cuidado del otro. Nos criaron para ser madres, cuidar a nuestros padres y maridos. Entonces venimos con esa sensación de que hay que cuidar. No tendría que ser algo de género, pero sé que las mujeres cuando tenemos una convicción clara, no nos frena nada. Sigo la lucha y por suerte tengo la ciencia y las leyes de mi lado. Ojalá en el futuro todos tengamos la convicción de velar por el cuidado del otro y lo defendamos con la misma fuerza que estamos aplicando ahora.

La concejala, quien participó en la organización para propiciar la exposición realizada en la plaza central este viernes “El costo humano de los agrotóxicos”, del fotorreportero Pablo Piovano, contó lo que significó la experiencia. “Vi a gente que atendí. En una de las fotos vi a la hija de una persona que tiene contacto con agrotóxicos. En otra a una amiga cuyo marido trabajaba con esos elementos y murió por un linfoma. Se ve en las fotos lo que se ve en el hospital, es muy impactante. Y es muy útil porque la gente, que no reacciona hasta que no le toca, puede observar lo que ocurre en la realidad”.

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