La Región

El derrotero de una aventura que hizo historia en la región y el continente

Domingo 02 de Diciembre de 2018

Tal como describe el profesor Ricardo Norberto González en su libro "Puerto Gaboto, génesis y desarrollo social del primer pueblo argentino", los pueblos originarios habitaban estas tierras desde hacía 1.500 años, constatado por el hallazgo de material óseo en las islas. Ya en las primeras crónicas de viaje, los españoles describieron que habitaban tribus carcarais, chanaes, timbús, guaraníes y corondas. No se trataba de pueblos sedentarios, sino de grupos con gran movilidad, que subsistían alternando temporal y espacialmente de la caza, la pesca y la recolección. Es decir que si bien no se asentaban totalmente en un sitio, se constituían por un determinado tiempo y se marchaban o regresaban de acuerdo a las necesidades, pero siempre contemplando la misma región.

En ese contexto espacial y poblacional comienza en paralelo la expedición de Sebastián Gaboto. Un hombre de vastos intereses que contaba con el puesto de piloto mayor. Convenció al Consejo de Indias a principios de septiembre de 1524 y que Carlos I de España y V de Alemania (contaba con ambos títulos) tomara parte en la empresa y apoyara con recursos la expedición. El objetivo era descubrir islas que les "pudiesen dar especies" y practicar ciertas observaciones geográficas. Será entonces Gaboto quien realizó el primer mapamundi en 1544 detallando con certezas la actual geografía de la región.

El 3 de abril de 1526 partieron del puerto San Lucas de Barrameda cuatro embarcaciones: la capitana Santa María de la Concepción, Santa María del Espinar, La Trinidad y San Gabriel. En total viajaron en las naves 210 tripulantes. Llegaron a la confluencia de los dos ríos el 9 de junio de 1527, luego de pasar por las costas de Brasil en Pernambuco y Santa Catalina. Aquí instalaron el fuerte Sancti Spiritus, nombre concedido por arribar el día de pascuas de Pentecostés.

De acuerdo a los registros históricos, el asentamiento duró 823 días, hasta su destrucción, el 10 de septiembre de 1529. Los relatos de los navegantes, expuestos en el juicio a su regreso, y presentados en letra del primer historiador gabotero Amadeo Soler, citado por González, detallaron: "Hizo veinte casas de paja. Las viviendas no estaban juntas sino separadas entre sí pues cada una contaba con sus heredamientos y cortijos para cultivar en ellos la huerta. Las construcciones eran de madera y paja como en muchas partes de las Indias".

El fuerte fue una base de aprovisionamiento y de defensa militar. Lo habitaba el comandante de la expedición, contaba además con un oratorio. Para su seguridad se cavó un foso que lo cercara y con esa tierra se levantó un terraplén donde se construyó la empalizada. Queda claro entonces que el fuerte como tal no cubría a las viviendas de los europeos, situación que contribuyó a la hora del certero ataque.

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