A dos años de la pandemia de Covid son cada vez más evidentes los efectos negativos que dejó en muchos chicos la falta de asistencia presencial a las escuelas.

Burbujas y distanciamiento. La estrategia en el retorno de la presencialidad.
A dos años de la pandemia de Covid son cada vez más evidentes los efectos negativos que dejó en muchos chicos la falta de asistencia presencial a las escuelas.
Mayores trastornos en el lenguaje, problemas de aprendizaje, situaciones de mayor violencia en las aulas, fobias y un sufrimiento que se expresa en lo corporal y lo verbal a causa de lo atravesado, salen a la luz con más fuerza que nunca, y obligan a los maestros a atender detenidamente estas cuestiones.
Lo mismo que padres y cuidadores, que deben estar atentos para hacer las consultas pertinentes.
Según cifras de Unicef, en el mundo más de 168 millones de niños en el mundo llegaron a estar más de un año con sus escuelas cerradas.
Y si bien las clases pudieron continuar para muchos de manera virtual, otros ni siquiera tuvieron esa chance. Nadie duda, además, de que el contacto con los compañeros, los docentes y la escuela es fundamental. Que el "cara a cara" real es irreemplazable. Y Rosario no está al margen de esta situación.
El año 2020 fue el período de mayor aislamiento como consecuencia de la primera ola de Covid (cuando no siquiera había vacunas), el 2021 tuvo idas y vueltas a causa de la segunda ola que fue feroz.
Por eso se espera que este año se pueda sostener todo lo posible la presencialidad.
Médicos, terapeutas y docentes están viendo con total claridad el impacto que la pandemia dejó en los chicos tanto de edad primaria como de la secundaria.
Hace pocas semanas, cuando los chicos empezaron a asistir a los centros de salud públicos y privados para los controles de ingreso escolar, la directora del Hospital de Niños Zona Norte, Mónica Jurado, dijo a La Capital: "Estamos poniendo el acento en lo relacionado con el lenguaje, el desarrollo, la sociabilización en niños pequeños porque sin dudas la pandemia dejó sus huellas en este sentido. De allí que sean tan importantes los controles médicos para poder detectar y solucionar problemas a tiempo".
En las escuelas, durante el regreso a la presencialidad el año pasado ya empezó a ser evidente que la crisis sanitaria empujada por el Sars Cov 2 no había sido inocua a nivel de la salud mental de los niños y adolescentes. En rigor, no hubo grupo etario al que no afectara.
En 2020 el psiquiatra rosarino Manuel Francescutti, de Red Unitas, había dicho a este diario “En este momento estamos en una fase de impacto de la pandemia, hay que considerar que la mayor demanda de asistencia psicológica o psiquiátrica (y esto pasa frente a cualquier desastre) se da más adelante. Eso es lo que llamamos fase de desilusión o segundo desastre”.
María José Pons, psicopedagoga y docente, dijo que "los momentos de aislamiento a causa de la pandemia dejaron sufrimiento en muchos niños" y agregó: "Podríamos decir que hay infancias que están apagadas".
Para muchos niños "la escuela es su refugio y se quedaron sin la contención de esa institución pasando mucho tiempo en su casa". También perdieron "el encuentro con otros en los clubes, en los parques, en la casa de los amigos".
La especialista no duda: "Lo que apareció fue mucho dolor. Todo ese tiempo que los chicos pasaron en su casa trajo distintos tipos de abusos que generaron trastornos".
Esto sucedió en niños muy pequeños (aún no escolarizados), en alumnos de primaria y de secundaria.
"Ya vimos el año pasado que muchos adolescentes no pudieron volver a la escuela, y esto sucedió en un momento muy particular de la vida. Se quedaron sin ese espacio para hacer, presos del miedo amenazante del afuera y no pudieron regresar. Algunos lo hicieron por un corto período pero otros no volvieron", enfatizó.
Pons celebró el regreso a la presencialidad ya el año pasado y bregó porque pueda sostenerse en 2022: "La presencialidad los ayuda a salir del agobio".
"Si bien la escuela puede tener falencias, lo cierto es que ese es un lugar en el que son vistos, donde hay un docente que ve, que escucha, respeta, que legitima la emoción de ese chico. Obviamente habrá maestros o maestras más sensibles o más comprometidos que otros pero en todas las escuelas hay docentes que miran y rescatan; están entrenados para eso", reflexionó la psicopedagoga.
Pons señaló que "han aparecido mucho la tristeza, el sufrimiento, la retracción, el miedo; vemos muchos chicos replegados".
La especialista dijo que para los equipos de docentes y de especialistas en distintas áreas "ya el año pasado la demanda fue enorme, explosiva en cuanto a la necesidad de intervenciones por situaciones de violencia que los chicos han vivido en sus casas y se expresan en las escuelas".
Cecilia Palmieri, psicopedagoga y docente, coincidió en que "el mayor impacto se dio en el 2020 cuando en muchas escuelas no hubo ni siquiera burbujas y los chicos no tuvieron ningún contacto con compañeros y maestros" ni tenían en muchos casos la posibilidad de hacerlo vía virtual por WhastApp o a través de una computadora.
De todos modos, esos efectos no necesariamente se evidenciaron de inmediato y en ciertos casos "despertaron" en los últimos meses del año pasado y se espera que pueda seguir ocurriendo este año.
Además, el contexto no fue el mismo para cada chico. "En algunos casos los padres y madres pudieron ayudar en cuanto al seguimiento de tareas y demás, y hubo otros que no, por diferentes motivos. Algunos chicos tuvieron clases por zoom en ese primer año y otros nada" y esas desigualdades se vieron reflejadas en las aulas y seguirán viéndose por un tiempo.
Respecto de los alumnos de secundaria, mencionó Palmieri, "vemos muchos casos de fobias y mucha dificultad en retomar el ritmo de estudio, algo que hemos detectado especialmente el año pasado".
"El niño siempre espera ser visto más allá de la mamá y el papá, más allá del entorno familiar y allí está la escuela cumpliendo un rol importantísimo", comentó Pons.
"La escuela amplía el ámbito de experiencias de un niño, lo enriquece. Y en la pandemia todo se ha visto limitado".
Sin dudas, agregó, "esto nos atravesó a todos, también a los docentes, desde ya, todos vivimos ese sufrimiento y como seres humanos necesitamos ser esperados, escuchados, vistos".
En relación a cómo salir de esta situación, la piscopedagoga señaló: "Es necesario detenerse, apuntar a los recursos humanos que tenemos en las escuelas, poner el acento en lo humano porque el chico aprende desde lo emocional. No es momento de hacer de cuenta que no pasó nada, es momento de hablar, de preguntar, de ayudar y acompañar para que cada alumno pueda volver a confiar en el compañero, en el afuera, porque se aprende en un ambiente confiable".



Por Claudio Berón
