San Cayetano siempre está pero está vez fueron los fieles quienes se movilizaron en escaso número. Por la pandemia en 2020 se suspendió la cita, en 2021 no se hizo la procesión y este año se esperaba con ansias por el regreso de la conmemoración. De todos modos, la manifestación de fe tuvo la calidez de un día de sol invernal y de la devoción que los cristianos tienen por el santo patrono del trabajo.
Durante la mañana y la tarde de ayer fue incesante el ir y venir de los feligreses, que en su mayoría iban a adorar la imagen del santo y a participar de los rezos.
Las distintas fuentes consultadas coincidieron en que este año fueron unas 3.500 personas las que caminaron por las calles del barrio del Abasto tras la figura del santo y luego escucharon la misa.
Claudio dice que viene a agradecerle a San Cayetano “porque lo que le pedimos, cumple” y aclara que “en lo posible” lo hace el mismo día y sino antes o después, pero no falla. Hila también tiene cuentas con el santo, se llega todos los años y participa de la procesión y la misa porque le “encanta” hacerlo. Yolanda y Daniel no. Hacen la cola, agradecen y ya, pero no faltan nunca.
De todo
En el puesto de Norma no se escatima simpatía. Hace 20 años que vende sus artículos en la celebración de San Cayetano y allí está porque “aunque no estuviese vendiendo, vendría igual”. Su trayectoria la autoriza a ofrecer su ojo de buen cubera: “Este año hay menos gente, muchísima menos. El año pasado hubo más gente y eso que no hubo procesión”. Y afirma con desdén: “Nada que ver lo que era la fiesta hace 20 años. Se movilizaba mucho la gente, había colas y colas. Cambió muchísimo”.
Norma está acompañada por su hijo Claudio y otros familiares en un emprendimiento que le ha dejado esta vez gusto a poco: “Trabajamos bien el año pasado, pero este año es un desastre”.
En la veintena de puestos instalados por calle Buenos Aires hay mucho para elegir si de recuerdos del santo se trata. Hay imágenes de todos los tamaños, velas de colores, pañuelitos, estampitas, capillitas de vidrio, pisapapeles, ristritas de ajo, bolsitas de la abundancia, colgantes, llaveros y otras chucherías.
Parece que los precios llegaron al cielo antes que los santos, porque “las velas aumentaron muchísimo”, las combinadas (de colores) valen 100 pesos, las casitas artesanales salen por 150 pesos, los pisapapales por 450 pesos y hay llaveros de 250 y 300 pesos. “No hay nada tan arriba”, porque sino la gente no compraría, concluye Norma.
Espigas esquivas
Cinthia tiene un puesto con un gran balde lleno de espigas, souvenir tradicional de la fiesta. “Vengo desde hace muchos años y veo que éste hay menos gente y menos puesteros”, cuenta luego de atender a dos de sus clientas.
Para la vendedora este ha sido un año atípico “porque faltaron espigas” y explica: “No se han conseguido con facilidad porque estaban muy caras. Demasiado”. Afirma que de costo valían 100 espigas por 1.500 pesos. “Muy caro”, protesta, porque hubo que comercializarlas a 100 pesos cada tres espigas.
Y hace memoria: “El año pasado, cuatro espigas valían 50 pesos y antes de la pandemia (en 2019) 4 por 10 pesos”.
Sin salir de su asombro, Cinthia elucubra: “Aumentaron un montón porque es trigo, por la pandemia, por la guerra, por el dólar. En verdad no me lo explico”.
Procesión y misa
Con la misma puntualidad con que Pedro negó a Cristo, la imagen de San Cayetano salió de su iglesia exactamente a las 15 para recorrer las calles Buenos Aires e Ituzaingó hasta la plaza Libertad, donde se ofició una misa. La procesión llegó medir unas cuatro cuadras.
En la plaza, el arzobispo Martín encabezó el oficio. Durante la homilía (ver página 9) leyó un documento de la Conferencia Episcopal Argentina (que reúne a los obispos católicos) y luego se refirió a la violencia en Rosario. Pidió que “se deje de desangrar Rosario” y apuntó a las autoridades para que “sean llenados del amor de Dios” y “busquen inclaudicablemente el bien común y no intereses particulares”.
“Como dice el apóstol Pablo, tenemos necesidad y derecho a disfrutar de paz y tranquilidad como condiciones para una vida digna. Este es el papel y la función de la autoridad pública, y por eso rogamos hoy por ellos”, indicó.
“Damos gracias a Dios por tener a San Cayetano como gran intercesor ante tantas necesidades personales y comunitarias, especialmente aquí en Rosario, la necesidad de la paz, el trabajo y el pan”, concluyó
A la celebración asistieron gentes de todas las edades y situación social y el número tuvo una explicación: “Este año cayó domingo entonces la gente vino poco, se quedó con la familia. Otros años, cuando es día de semana las personas salían del trabajo y se venían para la plaza que llegó a quedar chica”. Tanto la policía como los agentes de Tránsito y Control Urbano municipal dijeron que no hubo problemas ni desmanes.