“La novia de Sandro (de Camila Sosa Villada) reúne un conjunto de textos que revelan una poética visceral; deja al desnudo la hipocresía y la crueldad de una sociedad hacia lo distinto. Es un libro que emociona y que duele”. “Puras mentiras, de Juan Forn, es la historia de Z, o Zabaleta o Zabala. Un tipo que pierde a su ex mujer, enciende el motor del auto y se fuga a Pampa del Mar -un lugar hecho de relatos-.” “El quinto hijo (Doris Lessing) nos habla del nacimiento de un niño y las reacciones, propias y ajenas, que emergen ante un suceso inesperado. Resulta inquietante sin llegar al calificativo de terror”. Estos fragmentos forman parte de las reseñas elaboradas por socias de la Biblioteca Argentina Juan Álvarez en el marco de un novedoso servicio que comenzó a funcionar este año. En “Comunidades lectoras” cada integrante elige libremente un título del vasto catálogo, comparte su experiencia con el grupo y luego si desea deja registro de su valoración.
Las producciones, a su vez, se difunden en el sitio web http://biblioargentina.gob.ar/web/resenas-literarias/ como un aporte para otros asociados que estén decidiendo qué libro pedirán en préstamo, así que la publicación opera como una amplificación en tiempo y espacio de la comunidad lectora. El objetivo, dicen sus artífices, consiste en replicar el entusiasmo frente a un autor y a una obra, así como divulgar el acervo bibliográfico de la histórica institución municipal y sus actualizaciones (sólo este año se adquirieron 500 títulos).
Por eso la propuesta prioriza las novedades, señalan Marcela Prosperi y Andrea Peruzzi, responsables del programa que se nutre en gran medida del área a cargo de Gabi Saloj, Desarrollo de Colecciones. Y anuncian que retomarán a partir de marzo de 2024 con intenciones de extender la iniciativa al público infantil a través de La Casa Imaginada, el sector de la biblioteca destinado a las infancias. En una u otra variante será una oportunidad para acceder a textos de calidad en los géneros poesía, ensayo, cuento, novela; socializar entre pares lo que despertó su lectura; y crear una reseña propia, subrayan.
Así como no se requieren títulos ni conocimientos previos para sumarse al espacio, abierto al público en general, tampoco es obligatorio redactar un comentario valorativo. Sin embargo, la mayoría de las asistentes se inclinó por hacerlo, para lo cual se impusieron de algunos recursos y herramientas teóricas e incluso recibieron meses atrás la visita de la escritora y crítica literaria Beatriz Vignoli, quien las orientó al respecto.
El servicio, gratuito, se desarrolla en encuentros quincenales. Sin tratarse de un taller ni de un club de lectura (donde todos trabajan sobre el mismo material), carece de restricciones en cuanto a su composición por género y edad, aunque pronto adoptó un denominador común, además de la pasión por la lectura y el objeto libro: las participantes son todas mujeres, entre 30 y 60 años. La sala que las alberga en el cuarto piso del remozado edificio lleva el nombre de una célebre escritora local, Angélica Gorodischer.
Marcela Prosperi, profesora de Letras con amplia trayectoria en aulas y talleres, admite que tuvo inquietud al iniciarse el ciclo -en principio de frecuencia mensual- por lo caótico que pudiera resultar la puesta en común de las opiniones. Sin embargo, la palabra circuló y las propias participantes pidieron encontrarse cada 15 días.
“Con cada intervención de las compañeras hay puertas y mundos que se abren, y uno tiene ganas de acceder a ellos. Hay actrices, profesoras de Lengua, una estudiante de Letras, una empleada del municipio, una chica que cocina, entre otros oficios: nos une las ganas de leer y de compartir la experiencia. Y ese abrigo y ese cobijo que son siempre las palabras”, relata Prosperi, quien ya venía coordinando lecturas en hospitales y centros de salud.
“Este año no pudimos continuar con el voluntariado pero como había un grupo armado pensamos en resignificar el espacio. El tema de las reseñas quedó del voluntariado, de darle algo a otro, de darle a otro la palabra, de compartir la palabra. Nos pareció un instrumento interesante para aquellos que les gusta escribir, en este caso sería darle algo a alguien que no conocemos, así el alcance de la comunidad es enorme”, agrega, como si sentara las bases de una eventual reseñoteca.
Aclara que el espíritu de los comentarios no es el de una pieza profesional o académica, sino que buscan ubicar, marcar caminos, ayudar a elegir y provocar “placer textual”.
Una experiencia singular, un aporte a la ciudad
La psicóloga y escritora Mariana Miranda se enganchó al enterarse por redes sociales de la existencia del voluntariado y luego quedó en el grupo de Comunidades lectoras, formado por unas veinte mujeres. “Lo más rico del espacio es la libertad, porque elegís el libro que querés y luego das tu parecer, no como un resumen ni como una crítica. La evaluación no es técnica sino personal, y queda como una contribución a la ciudad”, detalla, además de rescatar la diversidad de miradas que habilita el intercambio “ya que cada uno construye una lectura absolutamente singular desde lo que leyó antes, desde la formación que tiene, desde su historia”.
En su caso, desde niña tuvo la costumbre de asistir a bibliotecas y el gusto de leer, por eso justamente se dedicó a la escritura (ha publicado desde 1994 cuentos, poesías y una novela). “Me resulta difícil decir dónde termina la lectora y dónde comienza la escritora -admite-. Leer a otros autores siempre fue un gran disfrute, por ahí descubro a un autor o autora y leo varios de sus libros porque me interesa seguir su obra, tengo esa forma de leer”. Miranda revaloriza el rol de los lectores como constructores de sentidos, muchas veces distintos a los imaginados por el creador del texto.
Ve a la comunidad de la Biblioteca Argentina como “un espacio solidario, donde no se compite. Es creativo y recreativo a la vez. La idea es que nuestros comentarios sean aptos para todo público, accesibles, no embarrar la cancha con categorías o conceptos. Contagiar el entusiasmo por la lectura, y de hecho nos hemos contagiado mutuamente”. Algunas de las reseñas que firmó este año pueden consultarse en la web de la institución, que además tiene su catálogo en línea.