La Ciudad

Picada fatal: los dos autos habrían chocado al de las víctimas

Es lo que sostiene la fiscalía en base a pericias. Uno de los conductores fue acusado ayer por homicidio doloso y seguirá detenido

Miércoles 24 de Marzo de 2021

Pablo M., uno de los protagonistas del siniestro vial que se cobró dos vidas el último sábado en avenida Del Rosario y Ayacucho, deberá permanecer en la cárcel a lo largo de todo el proceso judicial hasta el dictado de la sentencia. Así lo resolvió ayer el juez en base a pericias presentadas por Fiscalía, que indican que los dos autos que participaban de una picada chocaron al vehículo de las víctimas, provocándoles la muerte.

En la audiencia imputativa realizada en el Centro de Justicia Penal, los fiscales Walter Jurado y Valeria Piazza Iglesias imputaron a Pablo M, conductor de un Citroën C4 blanco, por el delito de homicidio simple con dolo eventual con lesiones gravísimas en calidad de coautor, que tiene una expectativa de pena 8 a 25 años de cárcel. En tanto, el juez Facundo Becerra le dictó prisión preventiva por el plazo de ley.

Fue en el marco de la investigación por el siniestro en el que murieron David Pizorno (42) y su hijo Valentino (8). La única sobreviviente fue su pareja Cintia (33), que se recupera de las heridas sufridas en el sanatorio Los Alerces. Los fiscales sostienen que Pablo M. (35), que escuchó atentamente toda la audiencia pero no declaró, y Germán S. (36), venían corriendo picadas.

Las pericias realizadas arrojaron que los dos autos transitaron a 132 kilómetros por hora por avenida Del Rosario, donde la velocidad máxima es de 60, en un trayecto de entre 300 y 400 metros desde Castro Barros hasta Ayacucho, donde se produjo la colisión.

La novedad es que la parte acusatoria afirma que el auto blanco en realidad llegó a tocar de costado al Citroën C3 de los Pizorno, y lo desestabilizó haciéndolo girar antes del violento impacto contra el Renault Sandero que conducía Germán S. El vehículo del acusado tiene un golpe en la puerta de atrás, del lado del acompañante. Por su parte, la defensa afirma que corresponde a un accidente anterior que fue denunciado, y que no existió contacto alguno con el coche de las víctimas (ver aparte).

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En tanto, pudo saberse que una de las cámaras muestra que los dos amigos acusados por el hecho, que venían de participar de una cena en una cancha de paddle y se dirigían a la casa de Pablo M. a jugar a la Playstation, frenaron en la esquina de Castro Barros y avenida Del Rosario, hicieron señas de luces para “abrir la cancha” y arrancaron al mismo tiempo a gran velocidad en dirección Este a Oeste, lo que configuraría una “prueba de velocidad y destreza”.

El análisis en el lugar del hecho indica que ninguno accionó los frenos y desobedecieron el semáforo rojo intermitente antes del impacto. También que Pizorno cruzó con intermitente amarillo y tuvo precaución de ir a baja velocidad y hacer parpadear las luces al llegar a la esquina. Un testigo del hecho dijo que los amigos venían acelerando, “como flotando o volando”, con los motores a todo rugir y a la par.

La teoría de los acusadores, sostenida por un estudio técnico sobre el Citroën C4 y el testimonio de la única sobreviviente, es que el imputado rozó el automóvil de Pizorno, que realizó un giro y luego fue impactado por el Sandero, provocando la muerte de padre e hijo y lesiones a Díaz. La estrategia de la defensa fue poner en duda este hecho.

“Se sostiene que actuó con dolo eventual en razón de que venía a alta velocidad en una intersección sumamente transitada, no frenó e hizo caso omiso del intermitente. Se representó la acción, la asumió, vio el resultado fatal como posible y eso no lo detuvo. Tuvo la intencionalidad de jugar con su vida y la de terceras personas. Esto no fue accidente de tránsito, fue un homicidio que a todas luces se podría haber evitado”, sostuvo Piazza Iglesias.

En su testimonial, la sobreviviente dijo que vio a los dos vehículos a una distancia de una cuadra antes de cruzar, y se les vinieron encima de golpe. Cintia afirma que el Citroën blanco los chocó y los hizo girar antes del impacto del Sandero, que fue frontal. El informe técnico sobre el auto de Pablo M. dice que no se puede determinar lugar de impacto, pero que existen daños en el panel trasero del lado del acompañante, que está abollado, y que hay marcas de fricción en el guardabarros.

La cena antes del desastre

Dos amigos de ambos imputados declararon que se juntaron a cenar en un paddle, y que al cerrar el lugar, M. los invitó a que fueran a su casa a jugar videojuegos. Salieron todos juntos, con los testigos en un tercer coche, y los dos autos les sacaron 200 metros de distancia en pocos segundos. La alcoholemia y narcolemia de M. fueron negativos.

El fiscal Jurado pidió la medida cautelar de prisión preventiva por el plazo máximo de ley conforme a que hay peligrosidad procesal por la magnitud de la pena, la alta probabilidad de la condena y el daño realizado. “No es un delito de propiedad ni peligro abstracto, se destruyó una familia”, dijo. Y señaló un posible entorpecimiento probatorio, ya que según el relato de un testigo, un amigo de los acusados ingresó a uno de los vehículos siniestrados y tomó un celular de forma disimulada, pero fue advertido por la policía.

El juez Becerra resolvió que la evidencia aportada por la Fiscalía permite sostener la apariencia de responsabilidad del acusado, y si bien dijo que se discutirá la figura del dolo eventual, porque podría aplicarse la hipótesis de un homicidio con culpa temeraria, de todos modos se trata de un hecho de gravedad con una pena en expectativa de cumplimiento efectivo. “En función de la evidencia y en atención al peligro de fuga, las alternativas propuestas por la defensa no resultan suficientes”, dijo para justificar la decisión de dictarle prisión preventiva por el plazo de ley.

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