La ciudad

La vendedora de leche que trabajaba con un carro

Ruperta Bravo recuerda que todas las mañanas en Murphy pasaba la vendedora en un carro tirado a caballo.

Jueves 15 de Noviembre de 2012

Me cuenta mi mamá que cuando ella era niña, hace un poco más de cuarenta años, en el pueblo donde vivía y aún vivimos, llamado Murphy, había calles de tierra, se vendía el aceite suelto y en botellas de vidrio, el azúcar y la harina también a granel.

A ella le gustaba que todas las mañanas pasara la vendedora de leche, que con un carro y un caballo la repartía casa por casa. Las botellas estaban tapadas con un trapo y puestas en un cajón de alambre.

Ella la esperaba ansiosa todas las mañanas, porque su gran felicidad era pasear en aquel carro hasta la otra esquina de la cuadra. Allí volvía y la dejaba nuevamente en su casa donde la esperaba su abuela Teresa, que la bajaba del carro haciéndola girar en sus brazos, como una mariposa alegre en busca de una flor para pararse.

“Hasta mañana!”, le decía al despedirse Ruperta, la vendedora de leche, una mujer de piel trigueña bien marcada por el sol. La abuela la saludaba y mi mamá agitaba su mano pequeña llena de alegría porque el sueño de cada día se había cumplido.

Siempre me dice que ese paseo era maravilloso y que lo guarda como un gran tesoro en el rincón de los recuerdos de su infancia.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario