La ciudad

La odisea de dar clases en una escuela que quedó a medio construir

Está en barrio Santa Lucía. La Nación no le pagó al contratista y hace tres meses que los chicos aprenden entre escombros y baños químicos.

Martes 09 de Octubre de 2018

Cuando llegaron, los baños químicos iban a ser una solución transitoria hasta que se termine la ampliación de la escuela. Sin embargo, desde hace tres meses el gobierno nacional discontinuó los pagos a la contratista de la obra y los trabajos quedaron paralizados. Durante todo el año, los 300 chicos que cursan la primaria en la Escuela Nº 1.396, del barrio Santa Lucía, se quedaron sin varios salones, sin patio ni espacio donde hacer educación física y también sin baños. Difícil, muy difícil aprender en estas condiciones.

La escuela fue la única de la ciudad beneficiada con el llamado "plan de Obras Mayores" del Ministerio de Educación de la Nación. Sobre el mismo terreno que actualmente ocupa el colegio, en Riobamba al 7600, se proyectó la demolición de dos prefabricadas y la construcción de cuatro aulas, dos talleres, dos baños y un salón de usos múltiples.

Los trabajos comenzaron a mediados del año pasado. El obrador se montó sobre el patio de la escuela y a partir de allí comenzaron a levantar las paredes de las nuevas instalaciones. Cuando comenzó este ciclo lectivo, las obras no habían terminado, pero algunas adecuaciones en los horarios y los turnos de los recreos y la llegada de cuatro baños químicos permitieron el inicio de las actividades.

Todo marchaba bien hasta hace unos cuatro meses, cuando el ritmo de los trabajos comenzó a hacerse más lento, hasta que hace un mes directamente la contratista retiró sus máquinas, obreros y herramientas y dejó a la escuela funcionando con las aulas separadas del obrador apenas por un alambre metálico y media sombra, casi sin espacio donde correr en los recreos, y sin baños.

Apenas funciona un sanitario de niños y otro de niñas para los chicos del nivel inicial. Las paredes son de durlock y el estado del material vuelve inútiles las diferencias de género: los agujeros comunican ambos espacios. Para los chicos de 4º a 7º grado están los baños químicos, pero de los cuatro que colocaron sólo funcionan dos. El alquiler de los baños químicos, destacan los docentes, le cuesta a la provincia 168 mil pesos por mes.

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Impotencia

Docentes, auxiliares, padres y alumnos abrazaron simbólicamente la escuela el jueves pasado. "Los chicos no pueden aprender así. Muchos de nuestros alumnos viven en casas precarias, no puede ser que también su escuela esté en las mismas condiciones", se lamentaba ayer Andrea, mamá de un alumno de 6º grado y presidenta de la cooperadora escolar.

El barrio Santa Lucía crece en el extremo oeste de la ciudad, encerrado entre la avenida de Circunvalación, la ruta 9 y las vías del ferrocarril, en el vecindario no hay muchos espacios recreativos y llega una sola línea de transporte público que no circula de noche.

"La escuela es —remarca Andrea— el único espacio donde los chicos pueden jugar tranquilos, porque en la plaza todo el tiempo hay balaceras. El único espacio seguro en el barrio es la escuela, por eso necesitamos que esté en condiciones".

"Cuando comenzó este ciclo lectivo, las obras no habían terminado"

Mónica Rodríguez es docente de jornada ampliada. Los días en que hay buen tiempo, saca mesas y sillas a la galería y trabaja allí con sus alumnos. Cuando llueve o hace mucho frío, tiene que compartir salón con otros cursos. "No es sencillo, pero la otra alternativa que tenemos es cerrar la escuela y no podemos hacerle eso a los chicos", dice mientras recorre la galería y repasa la cantidad de alambres, clavos, escombros y maderas dejadas por la obra y poco apropiadas para un espacio donde hay niños.

Aún en esas condiciones, un grupo de alumnos ensayaba una canción en lenguaje de señas con la cual iban a participar de un evento en el auditorio del Complejo Parque de España. En la feria de ciencias los alumnos de 7º presentaron un proyecto para construir calefones solares y el equipo de ajedrez de la escuela se llevó un reconocimiento en el último encuentro escolar.

Según dice Andrea, "a los chicos les gusta la escuela porque es el único lugar donde pueden dibujar, aprender danza o música. Porque, realmente, acá la peleamos todos los días".

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El soñado viaje de estudios

Cada año, la cooperadora de la escuela organiza un viaje de estudios para los alumnos de séptimo grado. Este año, el presupuesto no permitió la contratación de hospedaje, pero sí pudieron comunicarse con un hogar escuela de la localidad de Villa Carlos Paz que puede albergar a los alumnos.

Todo está arreglado. El detalle que por estos días les roba el sueño a los docentes es conseguir un colectivo para que los chicos puedan trasladarse hasta la localidad cordobesa. Para comunicarse con la escuela se puede ingresar al perfil de Facebook Escuela 1396 o llamar al 472-7559.

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