"Ayax había estudiado en el Colegio Hermanos Maristas y empezó arquitectura, pero la dejó y se fue al Uruguay con mi madre y yo, a Floresta, donde mi abuelo tenía una casa y de allí nos mudamos a Montevideo, vivimos en Punta Gorda. Luego vieron mis hermanos: somos cinco varones y una mujer y actualmente vivimos aquí y allá. Sebastián se nos fue hace poco para no volver, vivía en Montevideo; Cristóbal vive en Trancoso, Brasil; Santiago, en Málaga; Guillermo, en Granada y Mariana, en Formentera. Yo nací en Rosario, todos ellos en Montevideo", le relató Gabriel a este diario.
Hacia finales de los sesenta Ayax había trabajado como gráfico en la imprenta As, junto Hermenegildo Sábat, produciendo una gran cantidad de trabajos: afiches, tapas de discos, libros, ganado premios nacionales e internacionales.
"Empezó a trabajar en Buenos Aires, mientras mi madre seguía los trabajos de construcción de nuestra última casa. Fueron los tiempos de los Polidoros y el Quillet de los Niños", dijo Gabriel al referirse a otros cuentos de la dupla.
Barnes y Doumer a principios de los 70 no sólo fueron autores de esa magnífica obra del rey tirano, sino de otras tantas como "La línea" (1974), que abrió el camino para los libros-álbum en el país y "Cómo se hacen los niños" (1972), también prohibido.
"La línea" es la historia entre un tipito y una línea roja traviesa. Él le pasa por arriba, se enreda con ella y se hamaca. Juega y demuestra a lo largo del relato que en algunos momentos es mejor unirse colectivamente en línea que andar solo y débil como punto.
Por esa síntesis poética recibieron el premio Casa de las Américas, pero los censores vieron allí peligro y la prohibieron. El cuento volvió a editarse en 2003, pero ya la línea no fue roja, sino azul, por las dudas.
"Los suyos son libros sin tiempo, que tienen siempre un pie en el futuro y que sirven, en el presente", remarcó Gabriel, quien va y viene en el tiempo con sus recuerdos.
Un tipito con gorra
De todos modos la historia de Barnes y Doumerc no terminó. Recientemente, los chicos de la Escuela Nº 551 Sonia Beatriz González del barrio Tablada (primera escuela en la provincia en llevar el nombre de una desaparecida) pintaron en las paredes de un aula reversionadas viñetas de Barnes.
"La idea surge de la materia de Lengua y Literatura de 5to año. Trabajamos durante el año sobre el poder de la palabra y de las manifestaciones culturales como la pintura y el baile. Llegamos a la conclusión de qué poder tienen esas expresiones al punto que fueron prohibidas por ser consideradas amenaza para el pensamiento", le dice a La Capital la profesora Melina Barsola, también directora interina del establecimiento desde hace 7 años.
Pero el trabajo y debate escolar fue más allá. También los chicos pensaron en la línea como sumatoria de puntos e hicieron una analogía con la sociedad actual.
"Pensamos en la suma que puede cambiar tantas cuestiones históricas de manera colectiva: 8M, leyes por autismo y diversidad sexual, entre tantas", sumó la docente. Eso sí, aclaró que con los alumnos también se trabajaron los estereotipos y estigmas sociales y en base a eso le pusieron su propio sello a la obra.
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En esta escuela "de memoria y con memoria", según remarcó la docente, al tipito "le pusieron visera, como la que usan ellos mismos en el barrio".
Las posibilidades de la línea
Barnes y Doumerc solían decir "primero nació la línea y después nacieron todas sus posibilidades” y ellos no dejaron de buscarle las posibilidades y vueltas a lo expresivo, a pesar de todo. Ambos fundaron, en la casa de Barnes padre y su esposa, donde ellos también vivían, ubicada en Buenos Aires 1026, el Cine Club de Rosario.
Sus libros no fueron los únicos que padecieron esa mordaza brutal. Junto a ellos se silenciaron la "Torre de cubos" y "La planta de Bartolo", de Laura Devetach; "El año verde", "Un elefante ocupa mucho espacio" y "El caso Gaspar", de Elsa Bornemann y "La ultrabomba" de Mario Lodi, entre otros.
Todo ello fue parte de un plan sistemático de censura de los circuitos culturales y la persecución a autores y editores, que contó con un organismo encargado de examinar libros y publicaciones, además de y un equipo de inspectores que recorrían librerías, se denunciaban títulos “cuestionables”.
Tal el caso de "La línea" a la que se calificó como “un cuento destinado al público infantil, con una finalidad de adoctrinamiento que resulta preparatoria a la tarea de captación ideológica, propia del accionar subversivo”, o el caso de "La Torre de Cubos", de Devetach, caracterizado como texto con "exceso de fantasía".
Estos ataques tuvieron su máxima expresión en 1980, en el atentado más grande contra la cultura nacional: la quema de un millón y medio de libros pertenecientes al Centro Editor de América Latina (CEAL), en la localidad de Sarandí, provincia de Buenos Aires.
Hijo y nieto de escultor
Ajax no era un dibujante cualquiera. Su padre, nacido en la ciudad en 1901, fue ni más ni menos que el escultor Eduardo Barnes, quien plasmó bajorrelieves en la Sala de Honor de las Banderas de América del Monumento.
Movido por su fe católica, creó obras sacras en muros de la Catedral y las catacumbas del Teatro El Círculo. También fue el autor de otras tantas esculturas que son parte del patrimonio de colegios como El Huerto, el cementerio El Salvador, el Hipódromo del parque de la Independencia, clubes como el Jockey Club (sede de calle Maipú y Córdoba) y bancos de la ciudad.
Pero antes de eso, Barnes padre había sido docente de caligrafía y dibujo en el Superior de Comercio y el Nacional Nº2. Luego dictó Modelado en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y junto a Domingo Proietto y Alfredo Guido redactó los programas de la Escuela de Bellas Artes. En 1972 recibió el diploma de profesor honorario de la casa.
El escultor se casó con Amelia Pedetti y tuvo dos hijos: Ajax y Ariel
"Mi padre y mi madre volvieron a Rosario algunas veces _le contó Gabriel a La Capital_ pero fueron viajes espaciados, en años de tormenta y a veces buscando el aire de años felices también en una casa que tenían mis abuelos en Tanti, Córdoba. En tanto, a las casas de Punta Gorda se agregaron otras casas, otros cielos y otros amigos, muchos amigos".
Sin dudas Barnes padre tuvo más prensa que su primogénito. Para ejemplo vale el archivo de este diario. En el sobre Nº7774 están los recortes, fotos y datos del escultor. Nada hay sobre la prolífica obra de Ayax, que puede seguirse por Facebook al buscar "Ayax Barnes dibujante", un muro de 7 mil seguidores. Está administrada por su hijo Gabriel, también rosarino, quien vive en Italia: artista como su abuelo y sus padres. Guionista de cómics (revista Skorpio y Lanciostory), novelista (El rey de la torre, La misma historia de siempre y Desaparecida).
"Después que murió mi madre abrí un cofre de prodigios con los dibujos de Ayax y los encaucé en el viaje de vuelta a la Argentina. Así nació esta página, que los hizo regresar, junto a los libros en la colección Tal para Cual, de Colihue, al encuentro de los viejos y nuevos lectores", dijo Gabriel y agregó: "Junto a mi madre trabajamos también en una serie llamada 'Gatos de azotea', para AZ y 'El tren de las palabras', 35 libritos, para Bruño Anaya".
En los último años de su vida Ayax pintó mujeres gordas y desnudas, con tigres y gatos, que protagonizaron la muestra "Ayax Barnes, una mirada. Mujeres al sur en los días de Barcelona", expuesta en el Palais de Glace, de Buenos Aires, en 2016.
—¿Qué vas a pintar? —le preguntó un día en Barcelona, Beatriz, su mujer.
—¡Voy a pintar señoras gordas desnudas, con tigres y gatos! —parte de un viaje que comenzó en Rosario y terminó en Barcelona.
Ajax trabajó con los libros de Doumerc, pero también fue autor de afiches, papelería, envases, carátulas, cubiertas de discos y de libros. Falleció en España en 1993.
Beatriz, luego de estudiar Bellas Artes, se dedicó a la literatura infantil y publicó alrededor de 150 libros, no sólo en Argentina, sino también en España, Italia, Venezuela, Uruguay y Suecia. Su obra fue ampliamente reconocida y galardonada. Falleció también en España en 2014.
Pero la dupla creativa que conformaron ella y el rosarino fue un aporte indiscutido para la literatura y la plástica. Así lo demuestran los jóvenes de la escuela del sur de Rosario o todos los libros gratuitos de Doumerc y Barnes que reciben las escuelas por parte del Plan Nacional de Lecturas. No hay silencio ni falta de pintura que los haga ya pasar sin pena ni gloria por la cultura de este país.