Un ómnibus de la línea 122 del transporte urbano de pasajeros terminó incrustado contra una vivienda de la zona sur luego de que su conductora se desvaneciera y perdiera el control de la unidad.
Así quedó incrustado el interno 50 de la línea 122. (Foto: Silvina Salinas)
Así quedó incrustado el interno 50 de la línea 122. (Foto: Silvina Salinas)
El colectivo rompió un tapial y un enrejado en el frente de la casa. (Foto: Silvina Salinas)
Un ómnibus de la línea 122 del transporte urbano de pasajeros terminó incrustado contra una vivienda de la zona sur luego de que su conductora se desvaneciera y perdiera el control de la unidad.
El incidente ocurrió cerca de las 13.30 cuando Fernanda S., de 35 años, perdió el control del interno 50 de la empresa El Cacique ni bien dobló desde Hilarión de la Quintana para tomar Pavón, en el barrio Saladillo, y se incrustó contra el frente de rejas de una casa ubicada en la nomenclatura 5474, donde vive una mujer con su hijo.
Afortunadamente, no hubo que lamentar heridos pese a la espectacular colisión, mientras que la conductora se bajó como pudo y quedó tendida en el suelo. "Se bajó y comenzó a tomarse la zona del pecho; nosotros nos acercamos para ver qué le pasaba y le alcanzamos una manta para taparla mientras llamábamos a la ambulancia", precisó Patricia a La Capital.
De acuerdo a la información suministrada a La Capital por el Sistema Integrado de Emergencias Sanitarias (Sies), la conductora sufrió una "pérdida de conocimiento con recuperación parcial, que es la que sucedió aparentemente antes de que el colectivo impactara contra la casa".
También precisaron que la chofer fue trasladada consciente hacia un sanatorio privado del a zona céntrica de Rosario, donde le realizarán chequeos correspondientes para determinar las causas que le provocó el desvanecimiento.
"Estamos buscando cuáles fueron la causa porque es una mujer joven, eso llamó mucho la atención, Creemos, en principio, que podría haberse tratado de un accidente cerebrovascular", indicaron.



Por Lucía Inés López
Por Gonzalo Santamaría