“¿Cómo que el Trinche está en coma porque le quisieron robar la bicicleta? ¿Cómo que lo golpearon?”, me pregunté ayer. Enterarme de esa noticia me partió al medio. Lo primero que sentí fue indignación por la ferocidad y cobardía del ataque: un palazo en la cabeza a un tipo de 74 años, en bici. Luego pensé qué injusticia y qué desenlace poco épico para el ex 5, zurdo, leyenda de Central Córdoba y del fútbol nacional. Para el tipo que el propio Diego Armando Maradona apuntó como el mejor jugador de Rosario.
Pero, tras el estupor, me pregunté por qué no le iba a pasar a él, si hace tiempo es un tipo como tantos en esta ciudad y que se gana su subsistencia pedaleando.
Entonces recordé una nota que se publicó el 28 de diciembre de 2014 en este diario. El título era: “El Trinche Carlovich, la leyenda viviente de Central Córdoba”.
Mi compañero fotógrafo Enrique Rodríguez y yo fuimos a la casa del Trinche en barrio Belgrano para entrevistarlo. Sólo quería darme el gusto de conocerlo personalmente y escucharlo confirmar o negar muchas de las cosas que se dijeron siempre de él, ladrillos con los que se construyó el mito.
Nos atendió en un hogar sobrio, junto a sus hermanos Eduardo y Juan, y nos cebó mates. Grandote, canoso, esquivo a las confesiones.
La anécdota que no conocía y más ternura me dio fue la que me contó ese día:
"Una vez tomé un taxi acá en mi casa hacia el Gabino Sosa. Y el taxista mientras me llevaba me dijo: ‘¿Sabe a quién conozco yo de allí? Al Trinche Carlovich‘. Y me habló todo el camino de mí. Lo dejé y cuando me bajé, le dije: ‘Por favor cuando lo vea al Trinche mándele mis saludos”.
Nunca sabré si fue verdad, pero eso es lo que menos importa.
Durante la nota y al final también, Enrique le sacó decenas de fotos. Lo hizo posar en la vereda, tímido, tal vez molesto. Nos pidió que le mandáramos la nota y también le envió saludos al por entonces dueño del diario (Daniel Vila), hijo de un hombre que él había conocido cuando jugó en Mendoza.
“Ojalá el hijo me pueda dar una mano como su padre en aquellos tiempos”, nos dijo. Ya por entonces repartía pan en dos ruedas.
Nos subimos al coche para regresar y lo vimos subirse a la bicicleta y hablar con vecinos. Con Quique nos miramos y dijimos: “¡Esa es la foto!”. Quique se bajó y le tomó aquella hermosa imagen con la que se ilustró la nota. El Trinche despeinado, con camisa escocesa de colores bien charrúas, jean y zapatillas blancas mira a la calle antes de arrancar. “¡Click!”
El Trinche con toda su inmensidad sobre la bici que fue motivo de la foto y, desde ayer, de su agonía.