La ciudad

"Increíble, pero el botón sólo funciona enchufado"

Edith, una joven sufre falencias del aparato.

Domingo 15 de Abril de 2018

A sus 23 años, Edith dice que vive una "pesadilla de nunca acabar" con el papá de su nene, que aún no cumplió dos. Se separó del hombre antes de los seis meses de embarazo y desde entonces, cuenta, sufrió cinematográficas persecuciones en auto, aprietes y amenazas incluso con armas, la rotura de la puerta de su casa y la tétrica aparición de papeles ensangrentados. A veces, asegura, los ataques no provienen sólo de su ex, sino de amigos y familiares del hombre. Todas las noches, dice, él pasa una y otra vez por la puerta de su vivienda, sin nadie que registre cómo viola la prohibición de acercamiento que la Justicia le dictó. "No soy dueña de sacar a mi hijo a una plaza por si aparece", grafica. Con ese cuadro, le otorgaron un botón antipánico. Pero Edith enfrenta un problema: el dispositivo no funciona, "a menos que esté enchufado".
"A veces me llamaban del 911 diciendo que el botón se había tocado o que no emitía señal", cuenta. "Y me llegaron a preguntar si quería devolverlo. Me mandaron a cambiarlo, pero cuando fui me dijeron que andaba bien. Entonces lo que cambié fue el cargador, pero ni siquiera así funcionó". Increíblemente, hay una sola forma en que el dispositivo ande bien: "Solamente si está enchufado". Conclusión, no puede salir "ni a la puerta" de su casa, se queja Edith.
La chica asegura que el papá de su nene "no respeta la restricción (de acercamiento) jamás" y el botón antipánico le sirve para poco.

>>> "Es la única protección"
Manuela Franco (34) tiene cinco hijos, los últimos dos unas mellizas de apenas un año. Fue justamente por la violencia que ejerció sobre ella el papá de esas bebés, actualmente con prisión preventiva, que recibió un botón antipánico. La última vez lo usó en el cumpleaños de las nenas, justo antes de que la Justicia ordenara la reclusión de su ex, medida que asegura le "cambió la vida". Pero antes de eso, el botón era "lo único" que la "hacía sentir protegida". Una "herramienta para ayudarme si él aparecía de golpe", lo define la mujer, pero incapaz por sí sola de salvarle la vida.
"El me venía amenazando todo el tiempo, no paraba de mensajearme, y yo salía con las bebés cuando escuché que me decía «estoy a una cuadra de tu casa». Vi venir un auto y ahí apreté el botón, que siempre llevaba conmigo. El Comando Radioeléctrico tardó unos cinco minutos en llegar, pero yo sentí que eso me salvaba", cuenta Manuela.
Incluso desde la cárcel, los mensajes del hombre no han cesado (ahora en clave evangélica, porque está alojado en un pabellón cristiano), lo que lleva a la mujer a creer que seguirá necesitando el dispositivo en caso de que su agresor quede libre.
Con todo, Manuela no está convencida de que su verdadera seguridad pasará por la condena de su ex y no por contar conn un dispositivo.

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