La Ciudad

Galería San Martín: el abandono se apoderó de un rincón de esplendor en los 60

Vuelven a pedir al municipio que se multe a los dueños con locales improductivos. Hay unos 300 vacíos en el microcentro 

Martes 17 de Noviembre de 2020

Quienes fueron parte de la infancia rosarina a mediados de los '60 y de '70 recordarán seguramente qué era salir de ver dibujitos en el cine Heraldo y seguir el paseo en la galería de al lado, la San Martín, con entrada en el 876 de la peatonal, sin salida, y con seis plantas laberínticas, hacia arriba y abajo de la planta baja. Lo más lindo que tenía la galería, para ojos de nenes y nenas, era el acuario en uno de sus subsuelos: peceras llenas de carassius de colores a la venta. Una especie de ruta al fondo del mar. Pero hoy pasar por la galería decepciona a aquellos chicos y a cualquiera.

La mayoría de los 60 locales están vacíos, con los vidrios tapados con papel y hasta cerrados con candados. Inactivos como otros 300 que se contabilizan en el microcentro. Pero el agravante de los de esta antigua galería, ubicada en el microcentro de Rosario, es que sufren un curioso y palpable abandono. Al recorrer este paseo lúgubre una se topa con un rejunte de escombros, techos destruidos por la humedad y con la cañería que se rompió hace unos dos años, a la vista; mobiliario deteriorado, peceras y macetas vacías. Hoy llevar a un chico por allí sería casi invitarlo a un viaje en tren fantasma.

La galería tiene algunos detalles a rescatar, según señala el restaurador de obras de arquitectura del Programa de Preservación y Rehabilitación de la Secretaría de Planeamiento de la Municipalidad de Rosario, Gustavo Fernetti.

"El proyecto de la galería fue realizado por Germán Gutman y tuvo críticas ya al comienzo porque los locales de abajo quedaban con poca luz, por eso eran más baratos. El sistema de iluminación con farolas fue hecho para darle algún tipo de gracia vertical a esas escaleras cruzadas. Y el mural de la medianera norte es de Rubén Naranjo".

Pero los ojos comerciantes ven otra cosa. "Es un lugar que se fue deteriorando y se volvió tenebroso en pleno centro de la ciudad; incluso se usó como dormitorio. Nosotros no queremos perjudicar a los corredores inmobiliarios pero creemos que pasado cierto período, si se demuestra falta de voluntad de alquilar o mantener la propiedad se debe multar a los dueños de los locales, como se hace en Europa, porque el abandono perjudica al centro y a sus comercios que bastante mal están hoy económicamente por esta pandemia", dice el presidente de la Asociación Casco Histórico, Fabio Acosta.

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Para Acosta hay un puñado de familias adineradas que son dueñas de decenas de locales céntricos, que viven de rentas y no invierten un peso para mejorarlos. Algunos, asegura, no se alquilan desde hace más de cinco años y eso perjudica la reactivación del centro.

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"Ni siquiera limpian o pintan los locales. Pero también hay que decir que otros dueños alquilan sus locales en esta crisis, sólo por el pago de los gastos centrales que son bastante caros, es gente quiere mantener las propiedades en buen estado y les interesa la ciudad", aseguró.

La asociación sostiene que a los 300 locales vacíos del microcentro hay que agregarle otros 400 que se levantan en el límite demarcado entre Oroño, Pellegrini y el río. Por eso la entidad pidió "muy especialmente para bares que se encuentran dentro de las galerías comerciales y ante la cercanía de la temporada estival, se tenga a bien estudiar la posibilidad de apertura comercial a partir de las 9 de lunes a viernes, lo que redundará en mas chances de ventas, ya en la recta final, hacia las fiestas de fin de año".

La San Martín hoy y ayer

"Recuerdo cuando era adolescente y vine a acompañar a mi mamá a la inauguración. Era una galería preciosa, con calefacción y aire acondicionado, la primera de la ciudad con estos lujos, según se decía, tenía distintos niveles y las peceras. Y con las vueltas de la vida terminé teniendo un local acá", le dijo a La Capital, Rubén Paita, un hombre de 70 y pico de años, quien comerció filatelia y numismática en la San Martín hace unos cuantos años.

El comerciante ahora cambió el rubro, pero no se mudó muy lejos. Tiene un local en la Galería del Paseo, pero remonta al pasado y evoca a la galería de sus comienzos como un lugar de "mucha circulación comercial" y negocios importantes como la joyería Morganti, que data de 1926, o la fábrica y comercio de camisas Rugantino, con 46 años en la ciudad. Ambas ya emigraron a otros domicilios.

"La diáspora de galería San Martín comenzó en 2001, se rompió un caño maestro y el techo quedó a la miseria. A eso se sumó que muchos dueños vendieron y otros no pagaron los gastos centrales y nunca más se recuperó", dice un vecino que prefiere que no se publique su nombre y que señala que la administración que se encargó hace pocos años del lugar poco pudo hacer.

"Ante la ocupación de los locales como vivienda y servicios sexuales, la instalación de cuevas de venta de dólares y el olvido de plantas y peceras, lo que provocó la muerte de los ejemplares, entre otros tantos problemas, todo se derrumbó. Ahora hay seguridad y un horario de ingreso y egreso pero lo que ya estaba de terror, sigue así", dijo el vecino.

Quien ingrese actualmente a la galería es recibido a mano derecha con un local de venta de accesorios de celulares; a la izquierda, hacia calle Rioja, un kiosco y hacia arriba, con un cartel que promociona un negocio de tratamiento capilar. Unos pasos más adelante, en la misma planta baja, el vestigio del acuario Atlantis: una pecera vacía y sucia. Entre los pocos negocios que resisten a la agonía hay uno de impresiones, un sex shop, uno de venta de comidas para mascotas, y un bar, en el segundo subsuelo: con más actividad como "delivery" que en el mismo lugar, donde se ve en pleno mediodía una televisión apagada y luces de colores sobre mesas totalmente vacías.

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En el local 33, en uno de los subsuelos, hay montañas de boletas de impuestos y facturas bajo la puerta. Y como antesala una estructura de mármol y con puertitas de madera, con rasgos setentistas, que pudo ser una góndola comercial. Al lado otra estructura similar pero ex macetero: hoy sólo con tierra, puchos y yerba, restos de mates tomados vaya a saber una cuándo y por quién.

Hay locales de ventas de pósters y manicuría, cerrados como si hubieran quedado petrificados. El 46 esta cerrado a cal y canto con inmensos candados y cadenas, en cambio, el 48, está "abierto al público": sin vidrio alguno en el frente. Sobre la puerta del 57 hay un papel de inspección municipal de hace dos años. Y todo el mobiliario de Acuarios, incluso propagandas de alimentos para peces se exhiben como una ironía: "Excelencia en nutrición para peces", se lee donde no queda ni una escama en pie.

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"Me pudro en asco" dice un grafitti sobre la pared del local 53 y un cable corre desde la sala de máquinas del edificio de oficinas de la galería y tras extenderse varios metros como reguero de pólvora, se pierde en un hueco que una no entiende dónde va.

Si desde abajo se inclina la cabeza hacia arriba, el panorama es desolador y de espanto. Un falso cielo raso de madera y cuadrados de colores primarios, casi a lo Mondrian, deja ver entre sus agujeros un techo que es toda humedad y desvalimiento. Un rincón de Rosario que hace tiempo perdió el brillo y sucumbe casi a la vista de todos.

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