Constantino Contrera siempre quiso ser un superhéroe. Y sin dudas lo logró. Con apenas seis años pudo dar vida a otros dos chicos que necesitaban trasplantes. A uno le pudieron implantar todos los órganos del sistema digestivo, y a otro un riñón.

Constantino Contrera siempre quiso ser un superhéroe. Y sin dudas lo logró. Con apenas seis años pudo dar vida a otros dos chicos que necesitaban trasplantes. A uno le pudieron implantar todos los órganos del sistema digestivo, y a otro un riñón.
Gracias a Tito, como todos lo conocían, por primera vez se realizó en el país un trasplante multivisceral, porque pudieron rescatar todos los órganos del aparato digestivo e implantarlos a un adolescente de 17 años que desde hace mucho tiempo tenía asistencia mecánica, en espera de esos órganos para poder vivir.
Tito vivía con sus papás Darío y Rita, y su hermano Aquiles, en Pavón Arriba, a unos 40 kilómetros de Rosario.
Era un chiquito sano, cariñoso y vivaz. De hecho, él decía que era Flash, uno de los superhéroes, "porque siempre andaba corriendo", contó su papá, quien se atrevió a relatar la historia de su hijo a La Capital, a poco más de un mes del fallecimiento de su hijo.
"El 13 de junio, Tito empezó a decir que le dolía la cabeza y vomitó. Como había comido chocolate, pensamos que era algo del hígado", rememoró Darío.
"Era un chico sano, no tenía ningún problema", aseguró el papá. Pero al día siguiente, cuando volvió de trabajar quiso darle algo de comer a Tito, que siempre lo esperaba y lo recibía con un fuerte abrazo y un beso, y el nene dijo que otra vez le dolía la cabeza. Comió poquito y volvió a vomitar. "Esa noche durmió mal. Volvió a vomitar y, a la mañana, apenas abrió el centro de salud, lo llevamos", señaló.
Ya en la guardia del Sistema para la Atención Médica de la Comunidad (Samco) le inyectaron Reliverán, y le dijeron que si veían otro síntoma lo llevaran otra vez. "Cuando volvimos a casa, el nene se dormía, intentábamos despertarlo, pero se desvanecía", contó el papá que rápidamente volvió a llevarlo al centro de salud. Allí la médica les dijo que deberían trasladarlo urgente a Rosario.
Rita partió en la ambulancia con Tito y llegaron al Hospital Provincial donde recibió la primera atención, pero a la tarde lo derivaron a terapia intensiva del Vilela.
"No salió más de terapia", relató el papá quien, con su otro hijo, de 13 años, y su esposa, pasó todos esos días entre la terapia intensiva, acompañando a Tito, y el auto, donde dormía, y la sala de espera.
A los tres días no hubo más nada que hacer. El chico tenía un tumor benigno en el cerebro, pero en un lugar que le provocó la muerte. El 18 de junio Rita se dio cuenta de que su hijo había fallecido, y llamó a su esposo para hablar con él sobre la posibilidad de donar los órganos.
“Los médicos nos llamaron y nos dijeron que el nene tenía muerte cerebral, que estaba muerto. Me temblaba todo el cuerpo, y lo único que atiné a hacer era a preguntarles si podíamos donar los órganos de él, porque era sano. Los médicos lloraban. Nos dijeron que lo pensáramos, pero nosotros ya habíamos tomado la decisión”, relató Darío, quien en ese momento se sintió obligado a “consolar” a los profesionales emocionados por la entereza de estos papás.
Comenzó un operativo “de película”. Lo primero fue evaluar la compatibilidad biológica de los órganos, la distancia, es decir si era posible trasladarlos, y la gravedad y antigüedad de los pacientes en lista de espera.
Una vez que eso fue estudiado, se avisó al médico (un profesional de la clínica Favaloro de Buenos Aires) del potencial receptor, quien necesitaba los órganos del aparato digestivo: hígado, riñón, páncreas, duodeno, intestino y colon.
Además, había que evaluar que el paciente estuviera en condiciones de recibir los órganos, por ejemplo, que no tuviera una gripe que impidiera el implante.
En el caso de Tito todos estos factores se dieron y el equipo médico de la clínica Favaloro viajó en una avión a Rosario. Fue acompañado por la GUM, que le abrió paso, porque todo se debe hacer con la mayor celeridad posible. Extrajeron los órganos y volvieron de la misma manera a Buenos Aires, donde se realizó la implantación “en bloque” de todo el aparto digestivo en el paciente que tanto necesitaba estos órganos. Todo esto se hizo en un lapso de tres horas.
Junto con esto, Tito también pudo donar el otro riñón, a un chico de 17 años, que estaba internado en el hospital Garrahan de Buenos Aires.
Darío contó que los dos pacientes que recibieron los órganos de su hijo están en buen estado. “No sabemos sus nombres. Sólo que están bien y eso nos reconforta mucho”, reconoció el hombre, que junto a su esposa espera algún día conocer a los receptores y también a sus padres “para darles un abrazo”. Darío sabe que los dos chicos viven gracias a su hijo.
Muy querido
El retorno a la rutina no es fácil para estos papás. La vida les cambió rotundamente. En la localidad donde viven hubo dos días de luto y no se dictaron clases en la escuela a la que asistía Tito.
Los compañeros tuvieron charlas con psicólogos para sobrellevar la situación, y todo el pueblo quiso acudir al velorio para acompañar a Darío, Rita y Aquiles.
“Recibimos mucho cariño de la gente y mucho apoyo”, confesó Darío.
Hoy una foto de Tito está en el comedor de la casa. “Lo miro todos los días, le hablo y lo saludo”, contó el papá mientras dijo: “El siempre quiso ser un superhéroe, se llamaba a sí mismo Flash, y decía que le gustaba el Increíble Hulk. Nosotros sabemos que logró su cometido y que Constantino le salvó la vida a otros dos chicos”.
>> Dos ablaciones pediátricas en la misma semana
Esta semana, el Ministerio de Salud de la provincia, a través del Centro Unico de Donación, Ablación e Implante de Organos y Tejidos (Cudaio), informó que dos niños santafesinos donantes de órganos posibilitaron siete trasplantes a pacientes en lista de espera. Los donantes fueron niños de 5 y 6 años, éste último es Tito, y los procesos se produjeron en el Hospital Central Olga S. de Rizzi, de Reconquista y en el de Niños Víctor J. Vilela, de Rosario.
El proceso realizado a Tito permitió un trasplante de características inéditas en la medicina argentina, ya que al receptor, un adolescente, se le implantó el bloque abdominal completo de hígado, riñón, páncreas, duodeno, intestino y colon.
Los otros trasplantes fueron: tres de riñón, uno de corazón, uno de hígado y uno de intestino. La mayoría de los destinatarios fueron pacientes pediátricos.


