Luchó como pudo en una batalla desigual. Como en esas películas épicas, urdidas con puro esfuerzo, que no siempre desembocan en un final anhelado. El cine Madre Cabrini, de avenida Pellegrini 669, ofrecerá este domingo su último set de filmes y, con este anuncio de su responsable, Jorge Debiazzi, se cerrará el último de este tipo de locales barriales de la ciudad. Tras el "Concierto de Año Nuevo en Viena 2018", y el musical "Romance" de André Rieu, este tradicional espacio de la cultura local se transformará en emotivos recuerdos que anidarán en el inconsciente colectivo y en el corazón de decenas de miles de rosarinos que se sentaron en alguna de sus 400 butacas.
A una cuadra de la plaza López, el cine Madre Cabrini se animó a combatir contra los caprichos del tiempo, los avances tecnológicos, contra los complejos y los tanques comerciales, siempre con una elogiable nobleza de recursos, exhibiendo películas "para recordar y volver a ver", como reza el folleto que otorgan cuando se ingresa a la sala. Ese tremendo coraje, su compromiso cultural y su perceptible tinte barrial le sirvieron para ganarse un lugar de consideración en la agenda de espectáculos y para mantenerse como una válida alternativa desde hace más de 35 años.
Esta vez, los problemas económicos obligaron a acelerar el ritual de cierre. Pero, más allá de las cuestiones de contexto, Debiazzi hace rato que viene meditando la determinación. El telón final no luce sorpresivo, previamente hubo análisis. Ese proceso de maduración le permitió no dejarse ganar por la fibra emotiva, y eligió para la última jornada películas con mucha música, "bien arriba".
"Este cine es parte de mi vida, y me absorbió mucho tiempo. Hoy, la situación cinematográfica cambió mucho y la tecnología modificó la manera de ver cine. Los costos no son los mismos y con una entrada a 30 pesos, no se puede hacer mucho. Igual, no quiero que esto sea una cuestión de tristeza", remarcó Debiazzi, junto a su esposa Miriam.
La tarde de ayer no fue una más. Al trascender la noticia del cierre del cine a través del sitio web de La Capital, muchos se arrimaron para expresar conmovedoras muestras de cariño. En los último años, este espacio se convirtió en una encantadora costumbre para personas mayores, que valoran la chance de ver filmes con entradas económicas.
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Debiazzi llegó ayer una hora antes de la primera función (exhibieron "La Mafia No Perdona", con Anthony Quinn, y el drama francés "El Tren"). Ningún cartel en el exterior indicaba el próximo cierre.
En cada jornada como ésta surgieron anécdotas que describieron la saludable cercanía de este cine. La semana pasada, un hombre mayor apareció con una torta, que pagó cuando cobró la jubilación, porque lo habían dejado entrar tres veces gratis, porque no tenía dinero.
"Realmente, esto es muy triste y será muy difícil encontrar algo para nosotros en las tardes", contó ayer Rosa con sus ojos vidriosos. "Pasamos momentos inolvidables acá, sentimos que esto es una gran familia", apuntó Marta, una mujer mayor que va desde Rondeau al 800, y se toma dos colectivos cada vez que concurre al cine.
"Durante todo este tiempo aposté a una programación diferente al resto. Ahí aparecieron los westerns, las películas de ballet, ópera, y los musicales. El público siempre fue muy afectivo conmigo y se mostró agradecido. Espero que me recuerden como un hacedor de cosas", confió Debiazzi, que tiene una colección de más de 5 mil películas clásicas.
"Se venía el final del alquiler y sabía que se acercaba este momento. Es una decisión meditada. Ahora quiero descansar, salir por la puerta grande y ver después qué pasa", cerró.