La ciudad

El archivo Mikielievich, una vida dedicada a Rosario y su historia

El Museo de la Ciudad expone la inmensa recopilación que el coleccionista reunió en 70 años. Libros, revistas imágenes y su diccionario

Domingo 13 de Octubre de 2019

La pretensión abarcadora de Wladimir Mikielievich a la hora de rescatar, coleccionar y catalogar todo lo referido a Rosario hace que para la historiadora Alicia Megías, sea "más fácil enumerar qué no hay que lo que sí hay" en el archivo de este rosarino, hijo de inmigrantes, quien dedicó 70 años de su vida a esa tarea. Por primera vez, ese acervo de documentos, imágenes y fotografías, más de 6 mil libros, 50 tomos de su diccionario de la ciudad y el llamado Prontuario Periodístico, aparte de los mapas y planos antiquísimos, las propagandas de los loteos de diferentes barrios, incontables números de revistas y publicaciones, colecciones completas de postales, folletos, volantes, votos, partituras rescatadas de la destrucción, etiquetas de todo tipo y hasta facturas de fines del siglo XIX, son expuestos en el Museo de la Ciudad (Oroño 2300). Un lugar que lleva desde hace tiempo el nombre de este coleccionista incansable y es apenas la punta del iceberg del inmenso mundo Mikielievich.

Junto a su colega Agustina Prieto, Megías encaró la titánica tarea de seleccionar qué mostrar y qué no en el edificio central del museo a través de la curaduría de la muestra "Wladimir. Imágenes del archivo". En tanto, Georgina Ricci puso la lupa sobre el acervo iconográfico en "Imágenes del archivo", que se expone en el sector del Invernadero.

Para pensar en por qué un empleado municipal se convierte en el principal coleccionista de la ciudad, guardando por décadas en su propia casa materiales efímeros que cualquiera ni miraría y que se convirtieron con en el paso del tiempo en invaluables para la historia rosarina, Megías apunta, como hipótesis, a una esquela autobiográfica del propio Mikielievich.

La génesis

Mientras hacía el secundario en el Superior de Comercio, tiempo en el que ya producía a mano, con dibujos y textos propios sus dos publicaciones juveniles: "Sargento Cabral" y "El cotorro humorístico", fue alumno de Julio Marc en la década del 20, cuando aún faltaban años para la creación del Museo Histórico Provincial que lleva su nombre. "Marc lo invitó a su casa particular a ver sus colecciones de cuchillos y platería, y él relata en una cartilla la fascinación que le había provocado esa visita", señala la historiadora, que no descarta que ese encuentro haya sido "un detonante de su interés y de esta tarea a la que consagró su vida".

Y cuando señala la consagración de una vida al coleccionismo sobre la ciudad, la curadora no exagera. Ya que se trató de una tarea metódica y personal que Mikielievich protagonizó por más de 70 años, hasta poco antes de su muerte, a los 95, en su casa de Juan Manuel de Rosas casi esquina San Juan.

Tal era su dedicación, casi obsesiva, a los orígenes de la ciudad que viajó a España, al Archivo de Indias a buscar información. "Volvió con poco", señala Megías, pero agrega: "Eso muestra la pretensión abarcadora, de todos los temas y todas las épocas de la ciudad, una concepción de la enciclopedia de la ilustración, que no es más que la expectativa de reunir absolutamente todo el conocimiento y dejar registro de todo. Una consagración que, paradójicamente, si no se lleva adelante a través de un equipo de trabajo, llevaría otros 70 años desandar".

Labor previa

Nicolás Charles, director del museo, afirma que la colección de Mikielievich tiene "como capas geológicas", que deben abordarse de a una, y asegura esta muestra es el "primer paso", reafirmando "la decisión política de seguir avanzando en el trabajo sobre el archivo para hacerlo accesible".

Es que llegar a tener la posibilidad de exhibir parte del material, los 53 tomos de más de 200 páginas del Diccionario que son la joyita de la muestra y que pueden verse digitalizados, así como El Prontuario Periodístico, que reúne todos los nombres de personas y publicaciones de la prensa local, y el Archivo iconográfico que en parte se exhibe en el Invernadero llevó una labor de por lo menos dos años todo un equipo de trabajo.

Cuando en 2016 lo que se conoce como Archivo Personal de Mikielievich quedó liberado de un conflicto legal por la herencia que el municipio mantenía con su última esposa, los investigadores trasladaron el material de la Escuela de Museología a la Biblioteca Argentina y pusieron en marcha una minuciosa labor de ordenamiento y digitalización del material.

"Sin esa tarea, sería imposible haber llegado hasta hoy", recalcó Ricci, que remarcó no sólo que es la primera vez que parte del archivo se hace accesible al público, sino que además destacó más allá de la pasión por coleccionar, "la pulsión por difundir que tenía Mikielievich a través de diferentes estrategias: la escritura y también la imagen, a través de fotografías, dibujos, bocetos y croquis de la ciudad que se construyen en paralelo al relato escrito a lo largo de sus proyectos".

ImplacableLa meticulosidad de la labor encarada por Mikielievich no lo llevó sólo al Archivo de Indias. El seguimiento que hacía de las referencias de Rosario en todas las publicaciones, incluida la revista "Todo es Historia" que en 1969 dirigía Félix Luna, lo llevó a escribir en varias oportunidades al historiador para remarcar los errores que allí registraba. Tal fue el seguimiento, que el propio Luna le propuso colaborar con la revista. "No veo por qué un atento —y a veces implacable— señalador de errores, omisiones y otras faltas, no podrá ser un autor observado a su vez por nuestros lectores", le escribió al convocarlo.

Así, etiquetas diseñadas y dibujadas por él como parte de trabajos que realizaba para empresas y compañías, viñetas o fotografías, incluso registros de los años 40 de las inundaciones que asolaron los barrios de Refinería y Arroyito, que fueron parte de las publicaciones que durante años hizo en revistas como Todo es Historia e Historia de Rosario, y diarios locales, como LaCapital, La Tribuna y Democracia, son parte de la muestra.

Y así como redactó extensas misivas a Luna, también intentó resolver en 1968 uno de los mitos de la ciudad, el que pobló por años la zona sur y que señalaba que quien gobernaba la por entonces República Federativa Socialista de Yugoslavia, el Mariscal Tito, había estado en Rosario en su juventud e incluso que había sido obrero del Swift. Escribió a Belgrado, dirigiéndose a Josip Broz —nombre original del mandatario—, y haciéndole la pregunta.

Hubo respuesta y el propio embajador yugoslavo, Nikola Magdic, firmaba la respuesta que decía que Tito "nunca había estado en Rosario". Quizá el mito haya sido resuelto, "o no", señala Megias sin dejar de considerar la posibilidad de que la respuesta haya sido apenas una formalidad, y que la historia sea otra.

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