La Ciudad

Diez años de la colonia de vacaciones que gestaron las mujeres de la Villa Moreno

El espacio funciona en un territorio atravesado por hechos violentos y no tiene ayuda del Estado. El juego y la palabra son herramientas clave

Domingo 14 de Febrero de 2021

La colonia de vacaciones de la Villa Moreno cumplió 10 años y no es igual a otras. La gestaron las propias madres del barrio a partir de las necesidades y particularidades de un territorio que acarrea las heridas de la violencia, y el mojón del 1º de enero de 2012 con el crimen de tres jóvenes militantes sociales. El orgullo y la lucha de un grupo de mujeres que a través de escuchar, comprender, y sobre todo jugar, generan herramientas para que los niños puedan soñar.

Las mujeres son protagonistas de sus propias transformaciones porque conocen las problemáticas que las atraviesan. Droga, violencia, ausencia de obras y políticas eficaces. De ida y vuelta en el recorrido de esa lucha, padecieron, vieron morir y caer pibes por las balas. Como aspiran a una vida mejor para sus hijos y los hijos de sus vecinos, pusieron manos a la obra.

Con el acompañamiento del Movimiento Territorios Saludables, las mujeres y jóvenes de la Colonia de Vacaciones de Villa Moreno contienen a niños y adolescentes de 3 a 17 años a través de los juegos y las palabras.

Todo comenzó en 2011 para darle una mano a las madres que salían a trabajar y, sin otra alternativa, se veían empujadas a dejar a sus hijos pequeños o hasta bebés al cuidado de hermanos, también chicos, con toda la angustia y los riesgos que entraña esa decisión.

Autogestionadas, sin ayuda oficial, ese puñado de mujeres se puso al frente del proyecto que se desarrolla en el predio de la Agrupación Infantil Oroño (Presidente Quintana y Moreno) un espacio que para el barrio tiene una tremenda carga simbólica.

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Allí asesinaron a los tres jóvenes militantes Adrián “Patom” Rodríguez, de 21 años, a Jeremías Trasante, de 17 años, y a Claudio “Mono” Suárez, de 19, el 1º de enero de 2012. Fueron víctimas injustas de venganzas entre bandas narco.

Tres madres que gestaron el sueño cumplido de la colonia charlaron con La Capital en la Central de Cuidados Colectivos, un salón ubicado sobre Presidente Quintana al 1800. Allí germinan los sueños y se canalizan las demandas de los vecinos: desde tramitar el IFE, una jubilación o pensión, denuncias por violencia de género y trámites judiciales, consultas online, o la reimpresión de un certificado.

Por las madres

Miriam, de 35 años; Mirta, 47 años; y Roxana, 38 años son parte de las 20 mujeres y los 10 jóvenes que sostienen la colonia de la Villa Moreno. “Hasta el año pasado teníamos casi 200 chicos, pero con la pandemia ahora son 140, desde los 3 años hasta 17 años. Los más grandes vienen desde pequeños y ahora son coordinadores”, explica Miriam.

Recuerda que comenzó ese camino con Roxana en 2011. “Queríamos hacer algo pero no sabíamos qué. Sobre todo a partir de la lucha del 2012, y la necesidad de las mamás que van a trabajar y dejan sus hijos al cuidado de los hermanos mayores, que también son chicos”.

Primero reunieron a 30 o 40 chicos en la canchita del club Oroño. “Empezamos las militantes, y hace tres años se sumaron otras madres, como Mirta, que trajo a su hija y se quedó para ayudar”, indica Roxana.

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La mujer contó cómo superaron los conflictos inherentes a un territorio complejo, como otros de la ciudad. “Al principio eran poquitos, de acá y de Dorrego. Nos preguntábamos por qué no venían si había un espacio para contenerlos. Advertimos que los chicos no se cruzaban por los problemas de los grandes. Dorrego se agarraba a tiros con Moreno, y Moreno con Balcarce”.

“La sociedad te dice que si sos hijo de un transero no podés participar en un espacio común porque tu papá arruina pibes, los encasillan. Fuimos dando esa vuelta, hablamos con los padres y los chicos. Hace seis años vienen todos, quedan fascinados, los chicos y sus padres, algunos que rozan el delito. También viene el hijo del policía”, cuenta sobre esa paradójica convivencia.

A Mirta, como madre de un pibe que crece en el barrio, se le llenan los ojos de lágrimas al reflexionar sobre esa realidad. “Hay que romper con esas situaciones. Cuando empezamos esta locura, mi hijo más chico me preguntó por qué lo hacía. Le dije que era porque no quería que le pasara lo mismo que a otros nenes. Pretendemos que pueden estudiar, proyectar, elegir. Lo venimos logrando”, suspira con orgullo.

La referente de Territorios Saludables, Jésica Venturi, apuntala junto a otros militantes de ese espacio las iniciativas que surgen de los vecinos. “Desde el feminismo popular pudimos generar cuidados colectivos. Hay mamás que cuando trajeron a sus hijos a la colonia, por primera vez en muchos años tuvieron un par de horas libre para ellas”, recuerda.

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A su lado, Roxana agrega que cuando decidieron salir del barrio para conocer otros lugares, se encontraron con chicos que lloraban a la altura de bulevar Seguí. “Sentían que lo llevábamos a otro mundo. Algunos no conocían ni la plaza Saavedra” (Uruguay e Italia), a seis cuadras de la Villa Moreno.

La colonia logró que los chicos se puedan vincular con el agua a través de natación en el Polideportivo 9 de Julio (Deán Funes y Dorrego). Las madres tramitaron los carné y anotaron a más de 100 niños.

Los juegos son pautados y consensuados, nada se impone, todo se charla. “Hacemos las reglas en conjunto”, aclara Roxana. La colonia funciona los lunes, miércoles y viernes, de 14 a 17.30, aunque este año se modificó a martes y jueves por las burbujas y protocolos pandemia mediante.

Las jornadas se dividen en cuatro estaciones: deportes; juegos de mesa; juegos de agua; y salud, arte y derecho. “Nos repartimos las tareas, somos todos iguales, y los nenes lo aprenden. Los conflictos lo solucionamos charlando”, remarcan.

Para Venturi es “muy importante porque se lograron romper los límites del territorio. Y las etiquetas de «los pibes de Dorrego», «los pibes de Moreno», «los pibes de Balcarce»”

Según su mirada, el espacio construye la posibilidad de que “las infancias vean que hay otras lógicas y opciones. Es fundamental que cada pibe o piba pueda terminar la escuela, y soñarse, en lo que sea, eso ya vale todo nuestro esfuerzo”.

Apela a que se valore como “trabajo” lo que realizan las mujeres de Villa Moreno. “No es reconocido por el Estado. Es enorme el tiempo ponen a disposición. Si lo retribuyeran se podría hacer mucho más”.

Todas concluyen que el Estado no se hace visible en la Villa Moreno, salvo para algunas intervenciones puntuales. El último punto de referencia era el Centro de Acceso a la Justicia (CAJ) del gobierno nacional, que cerró hace 3 años.

El orgullo de los adolescentes que crecieron en la colonia

Tres adolescentes que concurren a la colonia desde chicos y ahora colaboran como coordinadores, contaron su experiencia, el valor que le dan al espacio.

Alexis tiene 16 años. De más chico no quería ir a la colonia, y miraba con desconfianza a algunos vecinos. Pero su perspectiva cambió. “La colonia saca a los chicos de la calle. Antes nos mirábamos mal. Si jugábamos a la pelota era para pegarnos. Pero la colonia nos unió a todos los pibes del barrio”.

El chico cree que “con algo muy pequeño se lograron muchas cosas. Me enfoqué en la realidad, la calle, la droga, las armas. Esto sirve porque miramos el futuro. Algunos pibes decían que la escuela no servía, pero ahora están por terminarla y quieren ser médicos, abogados”.

Belu es una adolescente de 16 años. Dice que no se saludaba con un vecina que es compañera en la escuela. “Ahora todos los días nos preguntamos si alguna necesita algo. Hay mucho compañerismo. Si necesitás algo, están todos. Sacó un montón de chicos y chicas de la calle”.

Para Dylan, “año tras año la colonia creció, empezamos a hacer amigos, a conocernos, generar vínculos a través de juegos, a compartir meriendas y tardes especiales. Con 17 años, ser un coordinador me llena de orgullo. Ver que con tan poco podamos hacer mucho. Siempre pensando en los niños, desde el territorio y para el territorio”.

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