En abril de 2011, Viviana Benavente y Fernanda Coronel, comandante y copiloto, tripularon el vuelo 1498 de Aerolíneas Argentinas que unió Buenos Aires y Jujuy. Fue una fecha histórica, por primera vez un avión era tripulado por mujeres. Marianela Vicente Scarafiocca tiene un tímido recuerdo de las fotos de ambas pilotos, vestidas con camisas masculinas porque los uniformes para las aviadoras llegaron recién en 2016. Hace diez años, Marianela vivía en la localidad de Pavón Arriba, recién terminaba el secundario y, aunque soñaba con volar desde muy chica, el mundo de los aviones le parecía aún lejano. Pero no imposible: actualmente es una de las dos mujeres que vuelan regularmente desde el Aeroclub Rosario y también es la primera piloto en llegar a la secretaría de la comisión directiva del club. Un camino conquistado a pura de vocación y sonrisa.
"Las mujeres no pueden perderse lo hermoso que es el mundo de los aviones, tienen que saber que nosotras también podemos ser parte", dice la piloto mientras recorre el predio del Aeroclub Rosario, en la localidad de Alvear, varias hectáreas de campo donde funciona una escuela de vuelo y los fines de semana se realizan recorridos de bautismo y saltos.
Un martes por la mañana, temprano, el lugar está vacío y Marianella se mueve con tanta naturalidad como por cualquier rincón de su casa. Abre los inmensos portones de los hangares, se agacha con rapidez y destreza para pasar entre las alas de las avionetas estacionadas, las conoce de memoria, las nueve con la sola ayuda de un remolque manual.
Dice que las voló a todas, que cada una tiene su encanto, pero que su preferida es una Aero Boero de tren convencional. Según dicen los manuales, ese tipo de aviones son muy efectivos para recorrer pistas no pavimentadas, sin embargo durante el aterrizaje, un mal uso de los frenos puede resultar un problema y son particularmente difíciles de domar con viento cruzado. No cualquiera se les anima. "Hace falta destreza", dice la piloto.
Marianela es hija única de una familia dedicada al campo y al comercio, con los pies muy sobre la tierra. De chica no viajaba en avión, ni tampoco jugaba con aeronaves. Pero soñaba con volar, levitar, elevarse, revolotear, sostenerse en el aire. A los cuatro años intentó cumplir su deseo: subió a la terraza con un paraguas, para intentar tomar altura, cual Mary Poppins, pero no funcionó.
Tuvo que esperar 20 años para poder saltar por primera vez en paracaídas y otros más para recibirse de piloto privado en el Aeroclub Rosario. En su haber tiene 180 horas de vuelto, con 20 más podrá convertirse en piloto comercial. Sin embargo, no se imagina al frente de una gran aeronave cruzando el océano; prefiere ser instructora. La enseñanza la apasiona, afirma, casi tanto como estar suspendida en el aire.
Para acceder una licencia comercial, los pilotos tienen que cumplir dos pruebas: una de vuelo nocturno, otra de vuelo con capota. El último desafío consiste en conducir la nave con un casco que sólo permite ver los instrumentos de vuelo, sin ninguna otra referencia del entorno más que el tablero de conducción. "Como volar a ciegas", se entusiasma.
La pilota
El año pasado la Real Academia Española sentó posición sobre el uso del femenino para la palabra piloto. Después de analizar el tratamiento de este sustantivo en el diccionario, concluyó que "el femenino pilota no tiene más problemas que su falta de arraigo en el uso general". Según la RAE, se trata de "uno de esos femeninos novedosos, fruto de la reivindicación actual de formas específicas para designar a las mujeres que alcanzan territorios antes solo reservados a los hombres".
Si bien la historia de la aviación tiene muchos nombres femeninos, solo el 5,1 % de los pilotos en el mundo es mujer, según datos de la Asociación Internacional de Mujeres Pilotos de Avión. En el país, el porcentaje es aún menor. De acuerdo a datos de la Administración Nacional de Aviación Civil del año pasado, había unas 62 mil personas con licencia para volar, pero solo 1.300 eran mujeres.
Cuando Marianela llegó al aeroclub era la única mujer en los cursos de piloto. "Era un mundo completamente de hombres", dice. Unos años después se sumó Eugenia Bava. Actualmente son las únicas dos pilotos mujeres que vuelan en forma habitual desde el aeródromo Rosario, pero hay varias más preparándose para conseguir la licencia.
"En los últimos años hay cada vez más consultas de chicas que quieren ser piloto", señala la secretaria administrativa del Aeroclub Rosario, Mariana Casagrande, y destaca que "no solo son mujeres jóvenes sino también algunas ya jubiladas a quienes siempre les gustó volar y quieren darse el gusto", afirma. En abril del año pasado, 12 personas obtuvieron su carné de piloto en el aeródromo, dos eran mujeres.
El año pasado el Aeroclub Rosario cumplió cien años. Desde sus comienzos ninguna mujer piloto había ingresado a la dirigencia de la institución. Marianela es actualmente secretaria de la comisión directiva del club.
"La aviación es todavía un ambiente de hombres. Pero me recibieron con mucha camaradería y buena onda, al menos en el club los pilotos son muy buenos compañeros", afirma Marianela y señala que el entorno es mucho más amigable al que encuentra una mujer conduciendo un auto por la ciudad. "Acá comimos muchos asados, pero nunca me mandaron a lavar los platos", dice y camina hacia la nave que volará ese mediodía, un Cessna de cuatro plazas, con destino a Buenos Aires.
Minutos antes sacó la nave del hangar, purgó el combustible de las alas, llenó los tanques de reserva. Ahora se afirma en el asiento, se calza unos auriculares rosados y chequea el funcionamiento del instrumental. "Me ha pasado que algunos pasajeros cancelen el vuelo cuando me presentaba como la piloto al mando, no son situaciones fáciles. Pero también hay muchos otros que me piden para que los lleve. Me quedo con esos", comenta antes de pedir permiso de vuelo.
Después, el avión busca la pista y se eleva.