Sólo una parte
A mediados de la década del 90 se acuñó el término brecha digital para poner en evidencia las asimetrías existentes en el acceso a las tecnologías de la información y las comunicaciones, pero contar con un teléfono móvil, una notebook o una PC es sólo una parte.
"Cuando hablamos de brecha digital no estamos hablando sólo del acceso a las tecnologías, a los recursos o a los dispositivos. Ese acceso es importante y es una deuda que no está saldada, pero alcanzar la inclusión digital es un proceso un poco más complejo", advirtió Ivana Mondelo, licenciada en comunicación social, especialista en género y políticas públicas, y autora del newsletter Siempre Cyborg Nunca Diosa.
Las diferencias en el acceso a la tecnología se relaciona también con los usos que puedan hacerse de esas tecnologías y con las habilidades que exige la vida digital. Para la investigadora, se trata de "un cuadro bastante complejo porque también en estas brechas digitales se entrecruzan otras brechas, que tienen que ver con lo socioeconómico, con lo político, con la raza y con el género".
De lo que no quedan dudas, apuntó, es de que actualmente "la brecha digital puede considerarse una forma de exclusión social porque literalmente significa que hay una parte de la población que está privada de un recurso que hoy se considera esencial para el desarrollo de las personas".
Las consecuencias son, enumeró, la incomunicación _ya sea porque se vive en una localidad donde el servicio de internet llega con dificultades o porque las personas no tienen capacidad para manejar un dispositivo_ y las barreras que produce en el acceso al conocimiento, al aprendizaje o en la posibilidad de acceder a empleos o trabajos de calidad.
Pero también existe otra distancia en lo que hace al "conocimiento en torno a qué son y cómo funcionan las tecnologías digitales o su proceso de desarrollo "que limita la posibilidad de vincularse de otra manera, más crítica y hacer un uso más consciente de las redes", apuntó.
Las brechas dentro de la brecha
Pero pese al crecimiento de la presencia de las tecnologías de acceso a internet, todavía el 7,3 % de la población de Santa Fe no tiene conexión a internet ni en la vivienda ni en el celular. El porcentaje es levemente superior a la media del país y está por encima de la mayoría de los distritos argentinos más poblados.
En la ciudad de Buenos Aires esta cifra se reduce al 2,9 %; de hecho la capital del país tiene los mejores indicadores, pero también la brecha es más flaca en la provincia de Buenos Aires (donde el 4,8 de la población no accede a internet ni en el vivienda ni en el celular), Mendoza (6,5 %) o Córdoba (6,8).
Dentro de la provincia, Rosario está entre los cinco departamentos donde es mayor el porcentaje de población con acceso a internet, el podio lo encabeza el departamento Castellanos con casi el 93 % de población con celulares que les permite navegar en la web.
"Históricamente, la brecha digital es la desigualdad en las posibilidades de acceso a las tecnologías de la comunicación y la información, lo que no se limita a los dispositivos, como los celulares, sino también al ancho de banda de internet. Pero considerando que hoy en día la penetración de teléfonos móviles es bastante alta, hay que empezar a hablar de los aspectos socioculturales de la brecha, porque si bien alguien puede tener acceso a un teléfono móvil, quizás no sabe usarlo para ejercer determinados derechos, como cumplir con un trámite de documentación, sacar la Cuil o la Cuit o inscribirse en un plan social", apuntó Federico Lazcano, integrante de Nodo Tau.
La organización lleva más de una década trabajando en inclusión digital y actualmente desarrolla, junto al municipio y el Polo Tecnológico Rosario el programa comunidades digitales, que impulsa el equipamiento, capacitación y formación de puntos de acceso tecnológico, ubicados en espacios comunitarios y estatales, como bibliotecas, centros de salud o vecinales, a la par de acciones de capacitación y de formación.
"Las tecnologías de la información y la comunicación forman parte importante y necesaria de la vida de las personas, incidiendo en numerosos aspectos de posibilidades y limitaciones en el desarrollo de lo que las comunidades y organizaciones quieren o deseen hacer", consideró Florencia Roveri, referente de la organización.
Por eso, apuntó, se busca el acceso a los equipos, pero también a una buena conexión a internet, "porque el acceso está formado por distintos niveles para hacer un buen uso de las tecnologías y para que se pueda garantizar la apropiación social de estas herramientas y que puedan ser aprovechadas para resolver necesidades concretas de los distintos grupos de la sociedad".
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Una fotografía del momento
Para Sebastián Castro Rojas, docente e Investigador por la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y autor del libro ”Cibers y redes. Vínculos, comunicación y socialización en los entornos tecnológicos”, los datos del censo nacional muestran una "fotografía de un momento" que es interesante poner en contexto.
Con esta salvedad, recordó que en la década de los 90 cuando se desarrolló la primera cumbre de la Sociedad de la Información, se planteó como meta que en los próximos 20 años el ciento por ciento de la población tuviera acceso a las tecnologías de la información y la comunicación.
"Hacia fines de los 90, entre el 65 y el 70 % de la población santafesina podía acceder a navegar por internet, en ese sentido es un avance importante", señaló. Aun así, advirtió, esos números no representan toda la realidad de lo que sucede en distintos territorios. "Una cuestión es tener un teléfono y poder acceder a internet, pero otra diferente es qué tipo de acceso tengo, es decir puedo ver un video, transmitir datos, bajar archivos, abrir o editar un archivo. Ahí tenemos otra brecha", puntualizó.
En este sentido, la pandemia de coronavirus, consideró, "nos dio una cachetada de realidad, porque había muchas familias donde el acceso estaba dado por un plan prepago. Eso evidenció y puso de manifiesto estas falencias porque si bien se puede acceder a las tecnologías sique existiendo una brecha que es la posibilidad de acceder con calidad a un servicio".
La crisis sanitaria puso en evidencia eso: la falta de conectividad de las instituciones, de los docentes y de los estudiantes, pero también su capacidad para desenvolverse en entornos digitales. La experiencia del sistema educativo puede extenderse también a la digitalización de trámites en organismos públicos, bancos o entidades financieras.
Para Castro Rojas, en esta transición desde las gestiones que se concretan en forma presencial en distintas oficinas públicas o privadas a la digitalización de esas tareas, "se presenta también la brecha digital como una cuestión negativa, ya que no todos saben cómo hacer esos trámites".
Se trata, dice, no sólo de una distancia en el acceso a la tecnología, sino también de una "brecha de conocimiento" sobre la que hay que trabajar a partir de políticas a largo plazo.
"En los últimos 20 años hubo políticas públicas interesantes para garantizar el acceso a la tecnología, como lo fue el plan Conectar Igualdad (que permitía que los adolescentes de escuelas secundarias tuvieran su netbook), pero faltó continuidad. Se lanzó durante el gobierno de Néstor Kirchner, la siguió Cristina Fernández, pero se interrumpió durante la gestión de Mauricio Macri. Discontinuar esas iniciativas es un error estratégico y político", dijo.
La presencia de políticas a largo plazo, advirtió, que promuevan el acceso a tecnología y educación para su uso y contemplen la particularidad de los distintos sectores de la población, son imprescindibles para que la brecha digital deje de ser un problema, en medio del avance cada vez más acelerado de la tecnología.