La ciudad

Acuario: un equipo de científicos "bucea" en la profundidad del Paraná

Un espacio no sólo recreativo, sino dedicado a la investigación, la transferencia tecnológica y la educación. Avanza en 4 fascinantes proyectos

Viernes 09 de Febrero de 2018

Aunque a partir de hoy el Acuario se volverá una de las principales atracciones populares de Rosario, en realidad no se trata sólo de un espacio recreativo, sino de un "centro científico, tecnológico y educativo", recordó ayer la directora del Laboratorio de Biotecnología Acuática Río Paraná, Silvia Arranz, al frente de un equipo de diez investigadores altamente especializados.

Sus proyectos permiten, por ejemplo, conocer la biodiversidad del Paraná Inferior e incluso identificar nuevas especies hasta ahora "ocultas"; saber cuán saludable es una población y qué posibilidades tiene de sobrevivir o extinguirse, y determinar también qué peces sufren un exceso de presión por la pesca. Además, asesoran y apoyan a productores, ofrecen herramientas de conocimiento a los pescadores y forman a estudiantes y graduados.

En una recorrida que realizó por el lugar esta semana, el propio gobernador Miguel Lifschitz afirmó que el perfil del nuevo acuario dista de ser meramente turístico o de exhibición, por lo que destacó su función como "centro de investigación" y los "equipos que vienen trabajando desde hace años".

Arranz es, justamente, quien dirige a ese grupo de científicos de triple dependencia: pertenecen a la Facultad de Ciencias Bioquímicas y Farmacéuticas de la UNR, al Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de Santa Fe y al Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet).

Según contó Arranz, el grupo nació al interior de uno de los institutos insignia de la Universidad y Conicet, el de Biología Molecular y Celular de Rosario (IBR) como una "plataforma biotecnológica acuática", un "laboratorio mixto" que se nutrió de esa alianza de esfuerzos institucionales.

Con el acuario totalmente transformado y equipado, admitió Arranz, ahora el grupo dispone de "todo lo necesario" para el trabajo teórico y experimental. La apuesta es que tanto la cantidad de científicos como las líneas de investigación "vayan creciendo".

Actualmente, el laboratorio focaliza la investigación en cuatro ambiciosas líneas.

Una de ellas, que se enmarca en un proyecto internacional, apunta a catalogar la biodiversidad (localmente del Paraná inferior; en la investigación global, de todo el planeta) asignando a cada especie un "código de barras genético".

De hecho, el equipo ya logró identificar a unas 90 especies de peces tomando una pequeña muestra de tejido y con esa información logró construir una "biblioteca de código de barras genético".

Con esa herramienta logró conocer mejor la diversidad de especies presentes en el curso inferior del río, registrar las variaciones genéticas dentro de una misma especie y hasta descubrir nuevas.

Especies ocultas

Por ejemplo, detectó la presencia del salmón de río Brycon hilarii, una "especie no informada" hasta entonces en la región, y de variaciones dentro de lo que se concebía como una sola especie, como en el caso de un tipo de rayas y de tarariras.

Con los ejemplares y muestras de tejido de cada especie, además, crearon un "banco" consultable en el Museo de Ciencias Naturales Angel Gallardo, disponible para futuras investigaciones.

Y como la identificación por código de barras alcanza también a las larvas, la información ayuda a tomar medidas para preservar lugares de cría de poblaciones que interesa proteger.

Otro proyecto desarrolló "marcadores moleculares" de tres especies sometidas a la pesca y acuicultura, dos de ellas muy familiares entre los rosarinos y santafesinos: boga, surubí y pejerrey bonaerense.

Esos marcadores ayudan a inferir lo saludable o no que se encuentra una población de determinada especie y, por ende, qué chances tiene de sobrevivir a un cambio ambiental o una enfermedad y qué riesgos de extinción enfrenta.

La tercera línea de investigación apunta al estudio genético de poblaciones de especies nativas que nacen por cultivo (acuicultura) o están presionadas por la pesca. Entre ellas, el pacú de la cuenca del Plata, desde Brasil hasta Argentina, y el pejerrey conocido como del Gran Paraná.

Gracias a ese trabajo se supo, por ejemplo, que esos ejemplares pertenecen a la especie pejerrey bonaerense de agua dulce y no a la de origen marino. También se pudo sospechar que el pez remonta el Paraná y el Uruguay desde el estuario del río de la Plata en busca de lugar para reproducirse, "datos valiosos para gestionar medidas de conservación".

El cuarto proyecto analiza los mecanismos que intervienen en el crecimiento corporal y muscular de los peces, "uno de los parámetros más importantes en piscicultura".

Y como los peces presentan un crecimiento indefinido (a diferencia del resto de los vertebrados, en los que es limitado) y nunca se dilucidaron totalmente los "mecanismos" que intervienen en ese proceso, el proyecto podrá arrojar luz sobre cómo se forman las nuevas fibras musculares.

Ese conocimiento podría "tener impacto tanto sobre la salud humana como en la producción animal".

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