La ciudad

Abrir los ojos

Guillermo Whpei, de la Fundación para la Democracia Internacional, reflexionó sobre el allanamiento realizado esta mañana en un taller clandestino de Dean Funes 62 bis. Advirtió que se trataría de "un caso de esclavitud moderna".  

Miércoles 30 de Septiembre de 2015

Hay diversas características que distinguen a la esclavitud de otras violaciones a los derechos humanos, sin embargo la sola existencia de una de estas características es suficiente  para configurar un caso de esclavitud según estándares internacionales. Una persona se encuentra en situación de esclavitud si: es forzado a trabajar, bajo amenaza mental o física; es propiedad de su empleador, usualmente por medio de abuso físico o psicológico; es deshumanizado, tratado como una mercancía o comprado o vendido como un objeto; es físicamente constreñido o tiene restringida su libertad de movimiento. Es suficiente con que alguna de estas características pueda ser identificada para decir que estamos frente a un caso de esclavitud contemporánea.

Claramente, si los datos del allanamiento realizado en el taller de calle Dean Funes se confirman, estamos frente a un caso de esclavitud moderna. Las personas habrían sido despojadas de sus documentos y estaban encerradas en el taller. De acuerdo a estándares internacionalmente aceptados, ya la configuración de esas dos situaciones convierte a este caso en un triste exponente de la esclavitud moderna, donde las personas son sometidas a vivir en condiciones inaceptables, y son privadas de su libertad.

Desde Fundación para la Democracia Internacional estamos convencidos de que es necesario empezar a desarrollar una mirada diferente de nuestro entorno porque esto está pasando en el mundo. Hay 21 millones de personas en el mundo en esta situación. Antislavery International estima que 2 millones y medio están en Latinoamérica. Y estamos trabajando para lograr un índice en Argentina, pero no es un dato fácil ya que existen connivencias a todo nivel que dificultan la visualización de este tipo de situaciones.

Es necesario que empecemos a preguntarnos: ¿De dónde sale lo que consumo? ¿Quién lo hace? ¿Dónde? ¿En qué condiciones?

Y una vez que encontremos las respuestas, podremos decidir informadamente qué queremos consumir. Del conocimiento no se vuelve y una vez que uno sabe, si sigue eligiendo comprar ese producto que tiene en su cadena trabajo esclavo, se convierte de consumidor en cómplice.

Es necesario empezar a abrir los ojos para avanzar hacia un consumo más responsable.

 

 

 

 

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