Científicos descubrieron una bodega de vino de 3.700 años de antigüedad entre las ruinas de un palacio cananeo en Israel, y el análisis químico señala que guardaba vino de primera.
Científicos descubrieron una bodega de vino de 3.700 años de antigüedad entre las ruinas de un palacio cananeo en Israel, y el análisis químico señala que guardaba vino de primera.
Muestras tomadas de los jarrones de cerámica indican que tenían una bebida lujosa que evidentemente estaba reservada para banquetes, dijeron los investigadores. “No es un vino que alguien va a beber al final de un día duro de trabajo”, dijo Andrew Koh, de la Universidad Brandeis. Koh encontró indicios de una mezcla que pudiera haber incluido miel, menta, cedro, resinas de árbol y canela.
El descubrimiento confirma lo sofisticados que eran los vinos entonces, algo a veces insinuado solamente por textos antiguos, dijo Eric Cline, de la Universidad de Washington. l, Koh y Assaf Yasur-Landau, de la Universidad de Haifa, en Israel, presentaron ayer su trabajo en una reunión de las Escuelas Estadounidenses de Estudios Orientales.
La bodega fue descubierta este verano en ruinas el palacio cerca de la actual ciudad de Nahariya, en el norte de Israel. Los científicos encontraron 40 ánforas de cerámica, cada una con capacidad para unos 49 litros, en una sola habitación. Pudiera haber más vino almacenado en otras partes. Por la escasa cantidad, los investigadores piensan que estaba reservado para uso exclusivo del palacio.
Las ánforas son todas similares, como si hubiesen sido creadas por el mismo ceramista, dijo Yasur-Landau.
Tenían vino tinto y posiblemente vino blanco, dijo Koh, según residuos de los recipientes.
Patrick McGovern, de la Universidad de Pensilvania y experto en viticultura antigua, dijo que el descubrimiento “arroja una importante nueva luz” sobre el desarrollo de la viticultura en Canaan, de donde pasó más adelante a Egipto y el Mediterráneo.
Curtis Runnels, arqueólogo de la Universidad de Boston, hizo notar que cada ánfora contenía vino producido con la misma receta, indicando con ello “la coherencia y el control que uno esperaría en un palacio”.



Por Luis Emilio Blanco