Por Jorge Vogelsanger / DPA
Hacer un musical con la trágica historia de Ana Frank, la niña judía que murió en un campo de concentración en 1945 y se convirtió en un símbolo universal de las víctimas de la barbarie nazi, parece cuando menos una idea arriesgada. Pero ése es precisamente el reto asumido por un montaje que será estrenado en Madrid en febrero próximo, con la joven artista cubana Isabela Castillo como protagonista. Los herederos de Frank están indignados con el proyecto. Incluso trataron de frenarlo, pero sin éxito.
Titulado “El Diario de Ana Frank, un canto a la vida”, el primer musical sobre la niña judía es una idea de Rafael Alvero, director ejecutivo de la obra, un proyecto que llevaba acariciando desde hace diez años. La admiración por la figura de Ana Frank y su amor por la música motivó a Alvero a llevar esta historia al escenario, en un espectáculo que en la presentación de la obra describió como “emocionante, para toda la familia y de carácter pedagógico”.
“El Diario de Ana Frank, un canto a la vida”, se estrenará en el teatro Calderón de Madrid el 28 de febrero. Libreto y música originales son de José Luis Tierno, la adaptación y la dramatización son de Jaime Azpilicueta y la dirección corre a cargo de Daniel García Chávez.
A Buddy Elías, sin embargo, la idea de este musical le produce “horror”, según relató. Este actor de origen alemán es, a sus 82 años, el último pariente vivo de Ana Frank y a la vez presidente de la fundación que lleva su nombre, con sede en Basilea (Suiza), un cargo que heredó del padre de Ana, fallecido en 1980.
Esta fundación, el Anne Frank Fonds, es la única poseedora de los derechos del famoso diario en todo el mundo.
Martirio. “La vida de Ana Frank y el Holocausto no pueden ser material para un espectáculo de este tipo”, dice Elias, primo de la niña judía. “Al pensar en ese musical siento tanta ira que los pelos se me ponen de punta”, agrega.
Según Elias, los responsables de la obra contactaron con él hace ya tiempo, pero él se opuso al proyecto. Incluso les pidió que desistieran de la idea. “Pero mientras no utilicen citas textuales del diario, no podemos hacer nada”, se lamenta.
Annelies Marie Frank, así su nombre completo, nació el 12 de junio de 1929 en la ciudad alemana de Fráncfort. Tras la llegada al poder de Hitler en 1933, su familia huyó a la neutral Holanda y se radicó en Amsterdam, convencida de que allí estarían a salvo de los nazis. Estos, sin embargo, ocuparon el país en 1940, extendiendo hasta allí la persecución de los judíos.
En un dramático intento por salvar sus vidas, Ana, que entonces tenía 13 años, su hermana Margot, de 16, su madre Edith y su padre Otto se refugiaron el 6 de julio de 1942 en un escondite en una buhardilla que este último preparó en el edificio donde tenía la empresa que había montado en la capital holandesa. A ellos se unirían otra familia y un amigo, también judíos. En total ocho personas en 50 metros cuadrados.
En un diario que le habían regalado al cumplir los 13 años y en el que le escribía a una amiga imaginaria llamada “Kitty”, Ana Frank describió los 25 meses de aislamiento vividos en ese refugio, convirtiendo aquellas páginas en uno de los más impactantes y crudos testimonios de la barbarie nazi.
El libro, que revela el gran talento de la niña, ha sido traducido a más de 60 idiomas y sus ventas superan los 40 millones de ejemplares. Además ha habido versiones para televisión y cine, la más famosa de ellas la película dirigida en 1959 por George Stevens, que obtuvo tres Oscars.
El 4 de agosto de 1944, los habitantes del refugio fueron encontrados y arrestados por la Gestapo. Alguien los había delatado. Hasta hoy no se sabe quién fue. Tras pasar por el campo de exterminio de Auschwitz en Polonia, donde falleció su madre, Ana Frank y su hermana fueron trasladadas al campo de Bergen-Belsen, donde murieron a causa de una epidemia de tifus que mató a otros 17.000 reclusos. Sólo Otto, el padre, sobrevivió.
Los realizadores callan. Los responsables del musical no quisieron comentar el rechazo por parte de los herederos y remiten a otra fundación que también lleva el nombre de Ana Frank y se encuentra en Amsterdam. Esta fundación nacida en 1957, la Anne Frank Stichting, gestiona la casa museo de la niña judía y organiza actividades educativas para combatir el antisemitismo, el racismo y la intolerancia a escala internacional.
Jan Eric Dubbelman, jefe del departamento internacional de la fundación, comprende la férrea oposición de los herederos de Ana Frank en Suiza, con los que hay una buena colaboración, salvo en este tema.
Coincide también en que el musical es una apuesta arriesgada, pero no comparte los temores. Por ello, su equipo decidió cooperar con la producción de la obra y servir de asesor para que no haya errores en los datos históricos.
“Para nosotros se trata de un proyecto pedagógico. Nuestra esperanza es que el musical, al ser en lengua española, contribuya a difundir el conocimiento sobre lo que fue el Holocausto y lo que significa el antisemitismo, no sólo en España sino también en América latina”, señaló.
En sus palabras, una obra de este tipo puede ser mucho más útil que lo que se aprende en las escuelas.
































