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Un ex combatiente de Malvinas en Londres

Hace 30 años José Guastalla luchó en Malvinas como mecánico de aeronaves. Desde hace dos, este suboficial mayor vive en Londres, donde esta semana finaliza su cargo como auxiliar...

Jueves 30 de Agosto de 2012

Hace 30 años José Guastalla luchó en Malvinas como mecánico de aeronaves. Desde hace dos, este suboficial mayor vive en Londres, donde esta semana finaliza su cargo como auxiliar del agregado de Defensa de la Embajada argentina.

"Estoy en desacuerdo con las políticas del Reino Unido, pero nunca odio con el soldado que peleó", explicó Guastalla y agregó: "Ver que en todos los foros se trate el tema Malvinas me da satisfacción personal, porque algún día, antes de morir, quiero ver que el sacrificio y el esfuerzo de muchos no haya sido en vano".

El suboficial rindió, hace dos años, el examen para ocupar el puesto de auxiliar del agregado de Defensa de alguna de las embajadas argentinas. Por su nota, el destino sería Londres, en lo que se podría interpretar como una "broma pesada" y que él mismo explicó le generó "sentimientos encontrados".

No era para menos. Todavía revive con detalles la guerra de la que participó cuando tenía 22 años en Puerto Argentino y luego en Pradera del Ganso.

Dos veces la muerte tocó a su puerta. La primera el 1 de mayo, "el día más largo en la isla", según Guastalla, cuando en un ataque de los aviones Sea Harrier ingleses murieron el primer teniente Daniel Jukic y 7 suboficiales, además de dejar 11 heridos. "De esa zafé. Cuando escuché el ruido del reactor, me di vuelta y vi unas bombas belugas y otras que tiraban con paracaídas. Reaccioné cuando empezaron a caer las piedras, el barro, los pedazos de esquirlas y busqué refugio. Después empecé a escuchar los gritos de los heridos", describió.

El 29 de mayo, en Puerto Argentino, cerca de la medianoche un misil mar-tierra impactó a dos metros de donde se encontraba Guastalla, y una esquirla le atravesó las vísceras, vejiga y parte del intestino, y se alojó en una vértebra.

"Sentí la explosión y un calor inmenso. Me tiré al suelo y me tapé la cabeza. No sentí dolor", recordó el ahora suboficial mayor, que logró ir por su cuenta a un refugio.

"Un compañero llamó al enfermero. Pensé que exageraba. Vino la ambulancia, preguntaron por el herido grave y le dije "no sé, pero míreme a mí que tengo un agujero en el estómago", explicó, señalando el lugar donde entró la esquirla.

Tuvieron que pasar tres operaciones y meses de recuperación para dejar de ser un visitante diario del hospital aeronáutico en Pompeya. "Me sacaron todas las vísceras, lavaron, cortaron y emparcharon", recordó.

Sus dudas sobre ir a trabajar a Londres se disiparon rápidamente, cuando compartió la noticia con su familia: "Todos estaban contentos y me di cuenta que realmente quería esto. Una de las razones era conocer más de cerca, como personas, contra quienes combatimos".

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