Madrid- Hace unos años, en un viaje a Perú, la reina Sofía de España visitó el altiplano. Allí, unas indígenas preparaban un brebaje con plantas. Una de las mujeres lo revolvía, lo probaba y luego lo escupía en la misma olla. En un momento dado, se lo dio a probar a la reina, quien no lo pudo rechazar.
Los periodistas que acompañaban a la soberana miraban con cierta grima y conteniendo la risa. Entonces, Sofía sugirió a aquellas mujeres que se lo dieran a probar también a ellos. “Al final, se rió de nosotros”, recuerda Carmen Enríquez, quien durante casi 20 años fue la corresponsal de la cadena pública TVE para la Casa Real, en el recién publicado libro “Doña Sofía. La Reina habla de su vida”.
La anécdota ilustra el carácter de una reina que a sus 70 años -los cumple este domingo- ha contribuido de forma esencial a la popularidad de la monarquía en España. Es diplomática hasta la médula, pero no por ello deja de tener temple. Su esposo, el rey Juan Carlos I, la define en su biografía con estas tres palabras: “Es una profesional”.
Justo tres días antes de su aniversario, sin embargo, la reina levantó polémica en España por unas declaraciones que aparecen en otro libro, titulado “La Reina muy de cerca” y escrito por la periodista Pilar Urbano, quien hace ya 12 años publicó una muy comentada obra sobre Sofía.
En esta ocasión, la reina se muestra en contra de la eutanasia, el aborto y de que se llame matrimonio a la unión de homosexuales, lo que generó protestas de colectivos de gays y lesbianas y de partidos como Izquierda Unida (IU).
La Casa del Rey salió al paso de las críticas, afirmando que la autora puso en boca de la reina “unas supuestas afirmaciones” que no corresponden con exactitud a sus palabras y tampoco reflejan “su absoluto respeto y neutralidad” frente a asuntos objeto de polémica.
La reina siempre ha sido considerada una mujer de su tiempo. “Quienes critican el matrimonio de un príncipe con una periodista tienen una forma muy antigua de pensar. Es bueno que nos abramos”, dice en el otro libro sobre la boda de su hijo, el príncipe heredero Felipe, con Letizia Ortiz.
Además, se preocupa por los derechos humanos, la injusticia social o el medio ambiente. Y desde que sus hijos Elena, Cristina y Felipe están casados, tiene más tiempo para dedicarse a su gran tarea: ayudar a los más desfavorecidos.
Es una labor que desarrolla desde hace ya 30 años desde la fundación que lleva su nombre y que, entre otras cosas, apoya la concesión de microcréditos en países en desarrollo o proyectos de atención a enfermos de Alzheimer.
Pero si la solidaridad es su vocación, su temple ha sido también crucial en los difíciles momentos de la historia reciente de España.
Así fue durante el intento de golpe de estado protagonizado el 23 de febrero de 1981 por el teniente coronel Antonio Tejero. El apoyo de la reina fue determinante para que Juan Carlos I, como jefe de Estado y de las Fuerzas Armadas, superara esa seria crisis. “Fue el alma del Palacio de La Zarzuela. Su calma y su serenidad causaron admiración”, comentaría después el monarca.
La fortaleza de la reina, quien en 1967 vio cómo un golpe militar derrocó a su hermano, el rey Constantino II de Grecia, guarda relación con los difíciles momentos que vivió desde su juventud.
Nacida el 2 de noviembre de 1938 en Atenas como primogénita de los que serían reyes de Grecia, Pablo I y Federica, Sofía y su familia tuvieron que huir al exilio en abril de 1941, en plena Segunda Guerra Mundial, cuando tropas italianas y alemanas invadieron el país heleno. Primero se refugiaron en Creta, luego en Egipto y finalmente vivieron cinco años en Sudáfrica.
Terminada la guerra, la familia real pudo regresar a Grecia en septiembre de 1946, y el 1 de abril de 1947 los padres de Sofía subieron al trono. A los 13 años fue enviada a Alemania, al renombrado internado Salem, situado junto al Lago Constanza.
El 12 de septiembre de 1961 se anunció su compromiso con el entonces príncipe Juan Carlos, al que había conocido en 1954 durante un crucero. La boda se celebró el 14 de mayo de 1962 por los ritos ortodoxo y católico en Atenas, cuando España estaba dominada por la férrea dictadura de Francisco Franco (1939-1975), quien en 1969 designó a Juan Carlos como sucesor para después de su muerte.
El precio que Sofía tuvo que pagar para poder contraer matrimonio fue convertirse al catolicismo y prometer que educaría a sus hijos en la fe católica. Aún así, la burguesía franquista la llamaba despectivamente “la griega” o “la hereje”.
Muy celosa de su intimidad y la de su familia, durante décadas los españoles sabían en realidad poco de ella. A llenar ese vacío precisamente contribuyó en 1996 el primer libro de Pilar Urbano, “La Reina”. “Quiero que los españoles me conozcan”, decía entonces.
Hoy se sabe que es vegetariana, que habla, además de un español con un acento apenas perceptible, griego, inglés, francés y alemán, que estudió puericultura, música y arqueología, que tiene un gran sentido del humor y que su gran pasión es la música, sobre todo la de Bach y Mozart. Además le gusta navegar, le encanta el chocolate y a veces va de incógnito al cine. Su otra pasión son sus ocho nietos.
Ella y el rey, al que dicen llama “Juanito”, forman una pareja ideal, opinan muchos. Si él es la extroversión, ella es la reflexión y la timidez. Al monarca le gustan los automóviles, las motos y la velocidad, a la reina le interesan la cultura y el arte.
Y preguntada por su particular balance, se muestra modesta: “La Historia hablará muy bien del rey. A mí, espero que me reconozcan haber sido de alguna utilidad”. (DPA)