Cinco días después del devastador paso del ciclón Nargis, la situación en Myanmar sigue siendo catastrófica: los cadáveres flotan en los ríos mientras los sobrevivientes aguantan desesperados en sus pueblos.

Cinco días después del devastador paso del ciclón Nargis, la situación en Myanmar sigue siendo catastrófica: los cadáveres flotan en los ríos mientras los sobrevivientes aguantan desesperados en sus pueblos.
El gobierno militar se vio presionado ayer a abrir sus fronteras (aunque con restricciones) para recibir ayuda.
A pesar de las condiciones adversas, ayer al menos comenzaron a llegar los primeros envíos, aunque algunas organizaciones siguen sin recibir permiso para entrar al país en crisis, por lo que aumentan las críticas a la junta militar.
El gobierno insiste que la cifra de muertos asciende a 22.000 y la de desaparecidos a 41.000. Sin embargo, el director de la oficina del gobierno en el exilio Aung So dijo en Mae Sot, Tailandia: "Partimos de la base de que murieron al menos 100.000 personas".
Además, hasta un millón de personas se quedaron sin techo, según estimaciones de la ONU.
A pesar del ciclón, la junta insiste en celebrar pasado mañana un referéndum sobre la Constitución con el que aspira cimentar su poder. Sólo se aplazó por dos semanas en los distritos más afectados.
La Federación Internacional de Sociedades (FIS) de la Cruz Roja y la Media Luna Roja pidió ayer a la comunidad internacional ayuda de emergencia por un monto de seis millones de dólares. "No se debe subestimar la magnitud del desastre", subrayó en Ginebra la coordinadora de la entidad para la región Asia- Pacífico, Christine South.
Miles de cooperantes, en tanto, esperan un visado para entrar.
El gobierno argentino dispuso ayer del envío de un cargamento de pastillas que permitirán potabilizar un millón de litros de agua en la zona de desastre. l (DPA)

