El violinista santiagueño Sixto Palavecino falleció ayer en el Instituto de Cardiología de Santiago del Estero, donde se encontraba internado desde hace algunos días debido a serios problemas cardíacos y pulmonares.

El violinista santiagueño Sixto Palavecino falleció ayer en el Instituto de Cardiología de Santiago del Estero, donde se encontraba internado desde hace algunos días debido a serios problemas cardíacos y pulmonares.
Los restos del músico de 94 años son velados en el teatro 25 de Mayo, para que el público le pueda rendir tributo al músico y compositor que tradujo el Martín Fierro a la lengua quechua.
Poco antes del fatal desenlace, una de sus hijas, Aidee Palavecino, comentó que su padre estaba internado en estado grave e iba "partiendo lentamente, porque ama la vida". El médico que lo asistía, Luis Orellana, explicó que a los problemas cardíacos que experimentaba el folclorista se le habían sumado disfunciones renales y respiratorias, por lo que se comenzó a producir un deterioro irreversible de sus parámetros vitales.
Ejecutante del violín sachero surgido de las entrañas del monte santiagueño, don Sixto construyó una obra sostenida por iguales dosis de tradición y creatividad.
Nacido en la localidad de Barrancas, departamento Salavina, en 1915, se crió a orillas del río Dulce donde empezó a cultivar su pasión por la música.
A los 13 años tuvo su primer violín y tiempo después fue parte del conjunto folclórico "Corazón de madera" que alcanzó notable trascendencia en Santiago del Estero, especialmente en los departamentos quechua-parlantes.
Realizó composiciones bilingües y se encargó de traducir canciones, poemas, libros y hasta las estrofas del Himno Nacional del español al quechua.
Fue mentor y creador del espacio radial "Alero quechua santiagueño" que por más de 30 años sirvió para afianzar una cultura esencial del pueblo santiagueño e impulsó, junto a los estudiosos Felipe Corpos, Vicente Salto y Domingo Bravo, una agrupación cultural nativista cuyo lema es "Ama Sua, Ama Llulla, Ama Ckella" (Ni ladrón, ni mentiroso, ni holgazán).
Por fuera de esta pasión que impregnó toda su actividad, el talento de Palavecino le permitió vincularse musicalmente con otros artistas locales e internacionales como León Gieco, Mercedes Sosa, toda la familia Carabajal, Chico Buarque, Pablo Milanés, Milton Nascimento y Pete Seeger.
Pese a ese tránsito, en una entrevista aseguró que "nunca he vivido de la música. Yo he hecho más cultura que contrato. En los últimos años empezaron a tenerme en cuenta por la musiquita sachera, que sachero quiere decir del monte, montaraz. Pero vivir de la música no he vivido".
Algunos de los lauros cosechados en su trayectoria fue un homenaje, en 1997, de la Presidencia de la Nación por su aporte cultural y también la distinción con el título Doctor honoris causa por la Universidad de Rosario.
Su vida inspiró a un importante escritor santiagueño, el profesor Lisandro Amarilla, quien en 1993 hizo su biografía novelada a la que llamó "El violín de Dios" y al cineasta Daniel Rojas para el documental "La savia del algarrobo" (2000).
Mario "Musha" Carabajal, miembro de una dinastía esencial de la música santiagueña, reveló ayer que ocho años atrás Palavecino le obsequió en mano un texto titulado "La voluntad" en que "él mismo se refería a su despedida".
La poesía con letra de Sixto y música de chacarera de Carabajal permanece inédita y en uno de sus párrafos dice: "Tengan ustedes muy presente que yo siempre voy a esperar el día de mi partida, en quichua me han de cantar".


