El millonario británico Richard Branson (dueño de Virgin, que nuclea 360 empresas) presentó ayer en el desierto californiano del Mojave (la meca de los constructores de aeronaves privadas en EEUU) su avión para viajes de turistas espaciales, un proyecto largamente esperado. "Lo llamamos «Eve», por mi madre Eve Branson, pero también porque será un primer y nuevo comienzo", dijo el empresario ante los numerosos invitados.
El avión está construido totalmente en fibra de carbono, un material especialmente ligero pero muy resistente. La barra de sustentación de más de 42 metros es el componente más largo fabricado en carbono hasta el momento en el sector aeronáutico.
La máquina ahorra además tanta energía como ningún avión de la historia aeronáutica, dijo Branson. "El sistema permitirá a miles de personas a cumplir su sueño y cambiará el acceso de la gente al espacio", añadió.
Branson y su compañía Virgin Galactic trabajaron junto con el diseñador estadounidense Burt Rutan. La nave fue construida en los últimos cuatro años en medio de un gran secreto.
La cápsula espacial sigue siendo de hecho un misterio, ya que ayer sólo se vio al avión portador, la llamada nave madre. Se espera que la cápsula SpaceShipTwo se presente el próximo año y haga su primer vuelo en el tercer trimestre.
El año pasado, el proyecto sufrió un duro golpe tras la muerte de tres técnicos por una explosión en el aeropuerto de pruebas. Hasta ahora hay 250 interesados que se han inscrito para un vuelo. "Será el mejor viaje de su vida", promete Branson.
Rutan fue quien desarrolló el avión espacial SpaceShipOne (ver aparte), que entró en el espacio en 2004 dos veces desde el desierto del Mojave.
Branson se entusiasmó tanto con el proyecto que lo compró y quiere enviar al espacio a los primeros turistas con esa tecnología desarrollada. Virgin Galactic cuenta con más de 250 millones de dólares en costos de investigación y desarrollo.
El proyecto contempla que el turista astronauta se traslade a la base Spaceport America (en Nuevo México, EEUU) para recibir un entrenamiento de tres días.
La nave tiene una capacidad de seis asientos, más el lugar de los pilotos. El espaciopuerto, que comenzará a construirse el año entrante, según los responsables del proyecto, funcionará además como un gran hotel.
Una vez superada esa fase estaría en condiciones de embarcarse. Tras del despegue y un vuelo de unas tres horas, el turista podrá desprenderse de su asiento para flotar y observar a través de ventanillas la curvatura de la Tierra.
La nave tiene una capacidad de seis asientos, más el lugar de los pilotos. (DPA)