Más de 1.200 fieles se congregaron desde anteanoche hasta la madrugada de ayer en la capital santiagueña para recibir la bendición e imposición de manos del cura rebelde africano Gilbert Koffi Kouman.

Más de 1.200 fieles se congregaron desde anteanoche hasta la madrugada de ayer en la capital santiagueña para recibir la bendición e imposición de manos del cura rebelde africano Gilbert Koffi Kouman.
El sacerdote, quien rechazó un traslado de su iglesia a la localidad santiagueña de Nueva Esperanza, dio una multitudinaria misa en las instalaciones de una bailanta de la capital de Santiago del Estero.
"Soy libre para ver la necesidad de la gente y si tengo que desobedecer para hacer bien a la gente lo voy a hacer, porque nadie me obligó a tomar los votos, que no son de esclavitud y que tampoco quitan la dignidad de las personas", dijo Kouman después de la misa.
El ritual de la imposición de manos, en el que cientos de fieles se quiebran y quedan inmovilizados y en algunos casos sufren desmayos por varios minutos, se realizó bajo un tinglado en el que habitualmente se organizan bailantas, en el estadio del club Comercio Central Unidos.
Bajo un intenso frío, los fieles superaron la capacidad del tinglado. Los organizadores dijeron que para la imposición de manos "se agotaron los 1.200 turnos", en su mayoría de enfermos que llegaron en sillas de ruedas, desde distintas localidades y barrios de la ciudad, principalmente la barriada de Huaico Hondo.
El padre Gilbert no aceptó el traslado de la parroquia San Roque a Nueva Esperanza, población rural distante a 240 kilómetros al norte de esa capital, según una fuente de la congregación de los Hermanos de Jesús de Batharram, a través del Obispado santiagueño. Ante esta decisión del religioso, el obispo de Santiago, Francisco Polti, envió una carta a la congregación para informar de la "rebeldía" del africano. En tono desafiante, el cura les pidió a sus detractores: "Vengan a dar la cara, a hablar de frente, a criticarme e insultarme si quieren, porque seguiré escuchando y atendiendo a la gente que necesita ser escuchada".
El sacerdote oriundo de Costa de Marfil, de 42 años, dijo que "así como Jesús realizó su misión, yo voy a continuar con mi misión, sin autorización ni permiso, porque mi deseo es trabajar en Santiago del Estero, donde la gente me necesita". l (Télam)


