Los rescatistas aceleraban este domingo la búsqueda de posibles supervivientes atrapados bajo los escombros de las localidades arrasadas en Marruecos por un violento terremoto, que ya dejó más de 2.100 muertos. Esta cifra se mantuvo igual desde el sábado a la noche. Un dato que surgió con claridad este domingo, a más 36 horas del movimiento sísmico, es que las construcciones históricas, de adobe, sufrieron graves daños, mientras que las edificaciones modernas superaron la prueba con éxito.
La provincia de Al Hauz, epicentro del sismo, fue la más golpeada, seguida de Tarudant. En estas dos zonas situadas al sudoeste de la turística ciudad de Marrakech, la sacudida destruyó aldeas enteras.
En tanto, un nuevo terremoto de magnitud 3,9 sacudió este domingo la región, informó la agencia Europa Press.
El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS, por sus siglas en inglés) señaló que el nuevo sismo se produjo a las 7.59 hora local en una zona montañosa situada en el sur de la región de Marrakech-Safí. El epicentro fue ubicado a 10 kilómetros de profundidad, a medio camino entre las ciudades de Marrakech y Agadir.
Este domingo, muchos residentes acudieron a los hospitales de esta ciudad para donar sangre para las víctimas.
“Lo perdí todo”, lamentó Lahcen, un hombre que perdió a su mujer y sus cuatro hijos en la localidad de rural de Moulay Brahim, en la zona montañosa del Alto Atlas. “Lo único que quiero es alejarme del mundo y hacer mi duelo”, dijo el padre de familia que se salvó de morir porque estaba fuera de su casa en el momento del sismo.
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El sábado se sepultaron unos 70 cuerpos en un pueblo de la zona afectada por el terremoto.
El pueblo de Tafeghaghte, unos kilómetros al oeste, quedó prácticamente destruido por el terremoto, cuyo epicentro se ubicó a solo medio centenar de kilómetros, según constató un equipo de AFP.
“Tres de mis nietos (de 12, 8 y 4 años) y su madre murieron. Están todos debajo de las ruinas”, contó desolado Omar Benhanna, de 72 años.
El sábado, muchos de los supervivientes acudieron al cementerio para el entierro de unas 70 personas, en ceremonias desoladoras marcadas por los gritos y el llanto.
El reino decretó el sábado tres días de luto nacional y dirigentes del mundo entero, desde España y Francia a Israel o Estados Unidos, enviaron las condolencias a Rabat.
Incluso Argelia, un país vecino enemistado con Marruecos, abrió su espacio aéreo cerrado desde hace dos años para los aviones que transporten ayuda humanitaria y evacúen heridos.
El Banco Mundial afirmó que va a entregar “su apoyo total” al país.
España envió el domingo a un equipo de 56 rescatistas y 4 perros de búsqueda de la Unidad Militar de Emergencias (UME) a Marrakech, tras recibir una solicitud formal del reino marroquí, y prepara un segundo avión. Marruecos y España atraviesan un período de enfrentamiento y sus relaciones bilaterales se han enfriado visiblemente.
“Enviaremos lo que haga falta porque todos saben que estas primeras horas son clave, especialmente si hay personas sepultadas bajo los escombros”, declaró la ministra de Defensa, Margarita Robles, en la televisión pública.
Otros países, como Estados Unidos, Italia, Reino Unido o Israel, también ofrecieron su ayuda a Marruecos. Israel ya apresta a sus especialistas, como hizo meses atrás con el arrasador sismo que azotó a Turquía.
El presidente francés Emmanuel Macron, declaró el domingo que su país está listo para “intervenir” cuando las autoridades marroquíes “lo consideren necesario”.
La Cruz Roja Internacional advirtió que las necesidades del país son enormes, y prevé “muchos meses e incluso años de respuesta”.
Por la noche del sábado, las cadenas de televisión marroquíes difundieron imágenes aéreas que mostraron que los poblados destrozados en la zona de Al Hauz, donde las construcciones son de adobe y arcilla. Las viviendas construidas con esta técnica tradicional que se remonta a la Antigûedad sufrieron enormes daños, como se observa en el casco histórico de Marrakech. En cambio, los departamentos modernos, hechos con hormigón y siguiendo normas antisísmicas, resistieron mucho mejor.
El casco histórico de Marrakech
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Gruesos muros de adobe derrumbados en torno al minarete de una mezquita en el centro de Marrakech
Una pequeña mezquita en el corazón del casco histórico de Marrakech, era un lugar de oración muy apreciado por los cientos de comerciantes que trabajaban en el ajetreado mercado exterior. La mezquita, situada en la esquina de la famosa plaza Jemaa el-Fna, tenía una hermosa torre que se ha derrumbado casi por completo a causa del fuerte terremoto. El hermoso edificio apenas se reconoce ahora. La ornamentada torre ha desaparecido casi por completo: sólo un muñón desnudo de ladrillos sobresale de entre los escombros.
El barrio de la "medina", declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, data de hace siglos y está rodeado de murallas de piedra arenisca roja. Antaño defendían la ciudad del peligro, pero el sismo ha dañado gran parte de estos muros. Largos tramos presentan grietas profundas y algunas partes se han desmoronado.
Muchos de los edificios del casco antiguo han sufrido daños y algunos se han derrumbado por completo. El domingo por la mañana, había grandes pilas de escombros esparcidas por la zona. Algunos sectores de la ciudad fueron acordonados con vallas, ya que los edificios antiguos podían correr peligro de derrumbarse.
Pero lejos de la zona histórica, en las áreas modernas de Marrakech, el impacto apenas fue perceptible. Los cafés y restaurantes reabrieron este domingo por la mañana, atendiendo a los turistas que decidieron quedarse.
Mientras tanto, la peor destrucción se ha producido en zonas aisladas de la cercana cordillera del Atlas, donde muchas comunidades son de difícil acceso. Los residentes han descrito aldeas enteras arrasadas y equipos de rescate incapaces de recuperar cuerpos de entre los escombros.
Además de en Marrakech y las regiones colindantes, el temblor se sintió en Rabat, Casablanca, Agadir o Easuira, donde muchos habitantes salieron en pánico de sus casas en medio de la noche.
Este es el terremoto más mortífero que golpea este reino desde el sismo que destruyó Agadir, en la costa oeste, el 29 de febrero de 1960, cuando, casi 15.000 personas murieron, un tercio de la población de la ciudad.