Símbolo de la lucha antifranquista, el poeta Marcos Ana evoca en sus memorias una militancia revolucionaria que lo llevó a mantener sus convicciones en las circunstancias más terribles, a soportar 23 años de cárcel durante la dictadura de Francisco Franco y el compromiso asumido, luego de obtener la libertad, por difundir los valores de la solidaridad en todo el mundo.
El poeta presentará mañana, a las 19.30, en la sala Domingo Faustino Sarmiento de la Feria del Libro, sus memorias, prologadas por el escritor portugués José Saramago, que llevan por título "Decidme cómo es un árbol" (editorial Umbriel-Tabla Rasa).
"A Saramago lo conocí en casa de Rafael Alberti, junto a su esposa Pilar del Río, y desde entonces hemos sido amigos y cuando ya tenía las memorias terminadas pues le dije que me gustaría que las prologara. El estaba muy mal de salud pero dijo «a un hombre como Marcos no se le puede negar nada» y lo hizo en circunstancias difíciles para él", recordó el poeta.
"Es un prólogo muy interesante porque el juega mucho con la dignidad que fue una de las cuestiones fundamentales que nos ayudaron a soportar todo lo sufrido en la cárcel. Y me gusta mucho cuando dice que en el libro el «yo» es siempre «nosotros» y es la preocupación que yo siempre he tenido", apuntó Ana, cuyo verdadero nombre es Fernando Macarro Castillo.
Nació en un pueblo de Salamanca, el 20 de enero de 1921, Marcos Ana —como se lo conoce desde que adoptó ese nombre en la cárcel para convertirse en un poeta clandestino— en el seno de una familia de campesinos católicos, pero las injusticias que lo rodeaban lo hicieron desde muy joven adherir a las juventudes socialistas unificadas.
La primera vez que fue preso en Alicante escapó a Madrid y volvió a ser detenido y condenado a muerte. Uno de sus compañeros en la cárcel fue Miguel Hernández. Luego lo llevaron al penal de Burgos y pasó 23 años detrás de las rejas.
"A pesar de todo, de haber sido condenado a muerte dos veces y pasado tanto tiempo en el penal, he sido un privilegiado porque cuando salí en libertad el aparato clandestino de Francia me sacó de España y de ahí me esperaba la vida con los brazos abiertos", remarcó este militante de vitales 88 años.
Para Marcos Ana, "en los momentos más oscuros aparece la poesía, es como con el desamor, que da mucho material. En la cárcel yo sacaba desde la clandestinidad mis poemas como podía y se difundían a través de los comités de solidaridad sobre todo en Latinoamérica por razones de idioma".
El poeta visitó la Argentina por primera vez en 1961. Aquí fue recibido por el líder socialista Alfredo Palacios y le organizaron un festival en el Luna Park.
"Al terminar mi intervención (cuenta en su libro) se me acercó Mercedes Sosa, me besó y me dijo con lágrimas en los ojos: «Marcos es una lástima que no estén hoy presentes María Teresa León y Rafael Alberti, con toda la pasión que pusieron para defender tu libertad y la de tus compañeros». Después me regaló un disco, editado en Buenos Aires, con las voces de Alberdi y María Teresa recitando mis poemas".
A lo largo de toda esa travesía Marcos Ana se cruzó entre otros con Pablo Neruda, el Che Guevara, Alberti, Salvador Allende, Fidel Castro, Raúl Castro, "que ahora lo he visto en la Feria del Libro de Cuba y ha dicho ante la gente: 'Miradlo ha tenido 23 años de cárcel y ahora quiere vivir más de cien'. Y le digo: Raúl, el arte de vivir joven es el arte de mantener jóvenes las ideas".