Unos 1.500 jóvenes y adolescentes mueren todos los años en accidentes de tránsito en Argentina. Las estadísticas internacionales y las cifras parciales del país evidencian que en esa franja etaria están los más proclives a ser protagonistas de siniestros viales graves y la tasa de mortandad es tal que ya son mundialmente considerados como conductores de riesgo.
Existen numerosas investigaciones de diferentes orígenes sobre el tema. Pero una de las más interesantes proviene de los Estados Unidos, país con graves problemas de adolescentes al volante, ya que posee diferentes edades mínimas para el otorgamiento de carnés, que oscilan entre 15 y 21 años, según los Estados (Mississippi, 15; Colorado, 21).
María Cristina Isoba, de la organización especializada en el tema Luchemos por la Vida, señaló que en el estudio citado, llevado a cabo por el Instituto del Seguro para la Seguridad en el tránsito en 1994, pudieron comprobar que los estados que otorgan las licencias a más temprana edad tienen mayores índices accidentológicos que los demás.
Las cifras permiten concluir que los conductores de entre 15 y 25 años son los que participan en mayor cantidad de accidentes de tránsito, siendo responsables o causantes principales de los mismos en una proporción mucho mayor que los adultos.
Además, cometen más errores que los mayores al conducir, sufren más accidentes que involucran a un solo vehículo (como perder el control de la dirección, salirse del camino y volcar o chocar contra objetos fijos), y principalmente conducen a excesiva velocidad en mayor proporción que los mayores. También es mayor la tasa de conducción bajo efectos del alcohol.
Inmadurez. Es correcto pensar que la inmadurez y la falta de experiencia es un factor relevante en la producción de accidentes. De hecho, los cuatro primeros años de conducción son, estadísticamente hablando, la etapa de mayor riesgo de accidente para un nuevo conductor, de cualquier edad. Sin embargo, al analizarse las cifras, resulta que los conductores noveles menores de 25 años, se accidentan más que los mayores. La edad hace la diferencia.
Luchemos por la Vida relevó las aptitudes de más de 30.000 chicos de entre 15 y 18 años de todo el país.
Se concluyó que la falta de educación vial durante la escolaridad deja como secuela conductores que tienen un superficial conocimiento del sistema del tránsito y la causalidad de los accidentes. Desconocen cuestiones básicas de la conducción, tales como prioridades de paso y relaciones velocidad y tiempos de frenado, y apenas reconocen conductas de riesgo asociadas al manejo bajo influencia del alcohol, el cansancio y el exceso de velocidad.