Rodolfo Hachen, profesor de etnolinguística de la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), analizó esta mañana la elección de la palabra “boludo” como representativa de Argentina en el VI Congreso Internacional de la Lengua Española que se realiza en Panamá.
En diálogo con el programa “El primero de la mañana” de La Ocho, Hachen que además organizó el contra Congreso de las Lenguas en 2004, cuando Rosario fue sede de la Real Academia, indicó que lo más atrayente e incómodo del uso de “boludo” “conhuda/o” en Argentina, o “huevón” en Chile, es la asociación con lo sexual.
“Es interesante la propensión de estos términos como 'boludo', 'huevón' o 'cazzo' en italiano, por cómo se frecuenta la genitalidad con el lenguaje y por ahí creo que molesta en las academias, en las escuelas, porque está unido a la sexualidad, a la genitalidad. Si uno condice que 'conchudo', 'conchuda', 'boluda', 'boludo', cara de.. esto, o de lo otro, más que la palabra en sí, o la intención, refiere a lo que tenemos vedado socialmente y sobre todo en instituciones educativas, que es el sexo”, explicó.
Hachen acordó con la elección que hizo el poeta Juan Gelman en el actual Congreso de la Lengua de la palabra “boludo” como representativa de nuestro país.
“El término 'boludo' nos identifica en el mundo, somos 'los boludos de Latinoamérica' por varios motivos, pero uno de ellos es porque lo usamos mucho. Cuando uno va al exterior piden que le expliquemos cómo usar el término 'boludo', es característica del idioma argentino, como el 'huevón' para el chileno, no es algo muy extraño”, indicó.
Respecto a si refiere a un insulto, manifestó que “las palabras no son malas o buenas, las palabras no tienen características específicas fuera de la intención, lo que hay son buenas o malas intenciones. Yo puedo decir 'boludo de mierda' y estar insultando o decir 'ay boludo, que bien lo que hiciste' que es un halago. La palabra tiene intencionalidad de acuerdo al contexto en el que se use. Es una muletilla, es casi como el 'che'. No es de ahora, lo que pasa es que en la actualidad las frases se llenan más que muletillas. Como el 'nada', que también se usa mucho en España y acá lo hemos heredado hace poco. Es eso, como un conector”.
En tanto descartó como un problema que cada vez sea menor el universo de palabras utilizadas por los hispanohablantes. “Es un tema que persigue a los miembros de la Academia. La cuestión para mi nunca es cuantas palabras usamos sino cuantas cosas tenemos para decir. Hay una cuestión que se llama economía de la lengua, que es poder decir la mayor cantidad de cosas posibles con la menor cantidad de elementos posibles. Hay gente con un bagaje enorme de vocabulario que no dice nada, la gente efectivamente con un 'boludo' expresa lo que quiere decir, a mi me parece bárbaro. Me parece que lo importante es persuadir”.
“Voy a caer en un lugar común, para mi malas palabras son pobreza, hambre, desocupación, malas palabras por el significado”, concluyó.