La vaquita marina, una pequeña marsopa que se encuentra en el norte del golfo de California, es la especie de mamífero marino en mayor peligro de extinción del mundo. A veces se las llama los pandas del mar, por los anillos oscuros alrededor de sus ojos y sus labios negros "sonrientes", y sus poblaciones disminuyeron en un 98 % en los últimos 30 años.
Según el último conteo realizado en octubre, se estima que quedan menos de 10 ejemplares de estas masorpas. En 1997 se estimaba que había alrededor de 600 individuos.
Estos niveles críticos fueron alcanzados por la pesca ilegal con redes agalleras (que consiste en colgar una pared de red desde la superficie del agua), principalmente para el pez totoaba (también en peligro de extinción), cuya vejiga natatoria se considera un manjar en China y puede venderse por hasta 10.000 dólares la unidad. Las vaquitas, que crecen hasta alcanzar aproximadamente un metro y medio de largo, tienen un tamaño similar al de la totoaba, por lo que quedan atrapadas en las redes como captura incidental.
La pesca de totoaba está prohibida en México desde 1975, y tampoco se puede pescar con redes agalleras en el alto golfo de California desde 2017. Tanto la vaquita como la totoaba están listadas en el Apéndice I de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (Cites), que prohíbe su comercio. Sin embargo, a pesar de estas precauciones, la práctica destructiva continúa. En marzo de 2025, el gobierno mexicano incautó más de 9 kilómetros de redes agalleras ilegales que contenían 72 totoabas muertas.
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Una lucha contrarreloj
Ahora, mientras la vaquita se tambalea al borde de la extinción, los conservacionistas preguntan urgentemente qué se puede hacer para salvar la especie. En la conferencia de las partes de la Cites, realizada en noviembre pasado en Uzbekistán, los esfuerzos de México para proteger la especie están bajo revisión.
Lorenzo Rojas Bracho, un científico mexicano que trabaja en la conservación de la vaquita marina desde hace más de 30 años y es asesor principal de la Fundación Nacional de Mamíferos Marinos, dijo que el enfoque debe estar en proveer a los pescadores equipos alternativos seguros para la vaquita. “Es un círculo vicioso. Para salvar a la vaquita necesitas eliminar la captura incidental, y para eliminar la captura incidental tienes que eliminar la red agallera, y eso no ha sucedido”, sostuvo.
Los equipos alternativos generalmente son más caros y menos eficientes, y la prohibición de las redes agalleras se aplica de manera deficiente. “Hay que apoyar a las comunidades, y las comunidades te tienen que apoyar para llegar a un acuerdo”, dijo, y agregó que debe haber algún tipo de compensación por cambiar a equipos alternativos.
Rojas Bracho es optimista de que bajo el nuevo gobierno de México, que asumió en 2024, los esfuerzos para proteger a la vaquita se acelerarán. “Tenemos nuevas autoridades en la Comisión Nacional de Acuacultura y Pesca, y nuevas autoridades en el Instituto Mexicano de Pesca y Acuacultura Sustentables, eso nos da esperanza”, dijo, pero advirtió que se debe actuar rápido, ya que las vaquitas van camino a la desaparición como especie.
El científico indicó que es difícil saber si la población actual está aumentando o se estabiliza, pero la identificación de ejemplares juveniles y crías en la encuesta más reciente es una señal muy positiva. “Si tienes juveniles, eso significa que sobrevivieron a los años más difíciles de su vida y que aún ves animales sanos produciendo crías. Eso es algo de lo que hay que alegrarse”, remarcó Rojas Bracho.