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La nutricionista argentina que estuvo raptada en Somalia viaja a Etiopía

La nutricionista argentina Pilar Bauzá Moreno, quien estuvo secuestrada hace cinco meses en Somalia mientras cumplía tareas humanitarias, emprendió una nueva misión, esta vez en Etiopía, donde la organización Médicos Sin Fronteras (MSF) desarrolla una "intervención nutricional de emergencia".

Miércoles 11 de Junio de 2008

La nutricionista argentina Pilar Bauzá Moreno, quien estuvo secuestrada hace cinco meses en Somalia mientras cumplía tareas humanitarias, emprendió una nueva misión, esta vez en Etiopía, donde la organización Médicos Sin Fronteras (MSF) desarrolla una "intervención nutricional de emergencia".

  La joven de 26 años, cuyo cautiverio de una semana (a fines de diciembre último) tuvo en vilo al país y obligó a una gestión oficial de las cancillerías argentina y española, viajó a principios de este mes a Barcelona para, desde allí, dirigirse a la localidad etíope de Ropi, distrito de Siraro, en la conflictiva región de Oromo.

  "Gracias a todos por el apoyo este último tiempo. Ya estoy en carrera otra vez, rumbo a Africa, Etiopía, a una emergencia nutricional. Feliz de la vida. Besos", dijo Pilar en un mensaje dirigido a sus amistades.

  En la zona a la que viajó la nutricionista, MSF inició una "intervención con tres centros de tratamiento, donde se atienden los casos más severos, como neumonía o anemia, y que requieren atención médica intensiva", ante lo que describió como "una alarmante tasa de desnutrición entre los niños de menos de cinco años".

  Los centros de asistencia están ubicados en Ropi, en Senbete Shinquile y en Shashemene. El primero de ellos, donde son tratados más de 175 niños, es el destino de la nutricionista argentina.

 

Siete largos días. Pilar Bauzá, egresada de la Universidad Austral, fue secuestrada junto con la médica española Mercedes García el 26 de diciembre pasado en Bossaso, noreste de Somalia que tiene frontera con Etiopía, por un grupo armado que exigía 250 mil dólares por su rescate.

  Tras permanecer siete días en cautiverio, ambas voluntarias de MSF fueron liberadas, y los gobiernos de la Argentina y España, así como la organización humanitaria, descartaron que se hubiera pagado suma alguna a cambio.

  En su momento, las autoridades atribuyeron la liberación a las negociaciones de las que tomaron parte diplomáticos argentinos, españoles e italianos, quienes se reunieron en dos oportunidades con el autodenominado presidente de Puntlandia, Adde Musse, al que pidieron intervención.

  Pilar Bauzá ingresó en 2006 en Médicos Sin Fronteras (MSF) de Argentina.

  Había viajado a Somalia para participar en uno de los programas de nutrición y asistencia en la región del puerto marítimo de Bossaso, en el norte.

  Allí, la situación es muy mala sobre todo para los niños pero, además, hay miles de refugiados por los años de guerra civil que tratan de cruzar por mar a Yemen", explicaba entonces Laura Calonge, responsable de MSF en Buenos Aires.

  La enfermera, quien tiene tres hermanos y una hermana, vive con su familia en Bella Vista (localidad del oeste del conurbano bonaerense). Y ahora emprendió otra misión a una zona no menos conflictiva que la anterior.

Dijo que no volvería. Ya de regreso a la Argentina, Bauzá Moreno aseguró que no volvería a Somalia: "No voy a regresar. Además, no creo que mi familia me permita hacerlo", había asegurado el 8 de enero último. Pero su vocación se impuso otra vez.

  Aún recuerda cuando dijo a sus padres: "Me voy a Somalia". Dice que entonces le restó importancia al destino extremo: uno de los países más pobres y violentos del mundo, donde desde hace más de 15 años no hay un gobierno que garantice seguridad y que está en manos de bandas lideradas por "señores de la guerra" que se financian a través de secuestros.

  "Cuando MSF me ofreció participar del proyecto, ni sabía en qué lugar de Africa quedaba Somalia", señaló.

  Logró que su familia la apoyase y en julio de 2007 llegó a Somalia. "Atendí a cientos de chicos y la experiencia fue más que positiva.

  Una vez, por ejemplo, llegó Amino, un chico de cuatro años con un grado de desnutrición tan alto que no podía caminar. Se recuperó y volvió a hacerlo. Ver una cosa así es impagable", expresó.

  "Recuerdo a Mohammed, de dos años y medio, que no tenía papá y me llamaba «abo» (padre en somalí). Después de irse del hospital, lo volví a ver y me llamó «abo»", contó Pilar al retomar su experiencia.

  "A veces sentí que trataba de vaciar el océano con una cuchara, porque el problema de fondo no es fácil de solucionar. Chicos que recibían el alta volvían al hospital a los pocos días, otra vez desnutridos", admitió. l (DyN)

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