El desembarco de Shein y Temu, gigantes chinos del ultra fast fashion, puso en alerta a la industria textil argentina. La Cámara Argentina de la Indumentaria (CIAI), junto a sus pares de Brasil y México, impulsa un proyecto de ley para replicar la normativa francesa que limita estas plataformas, con el objetivo de proteger al sector local, el empleo y a los consumidores.
Según la CIAI, el avance de estas aplicaciones –favorecido por la desregulación de importaciones en el país– provoca la pérdida de 1.500 empleos por mes. De acuerdo con datos de la Fundación ProTejer, la mitad de las empresas argentinas del rubro sufrió una caída de ventas del 7 % en el segundo trimestre de 2025 respecto al mismo período del año anterior. Si se toman los últimos dos años, ocho de cada diez compañías registraron retrocesos, con una contracción promedio del 30 %.
Qué plantea el proyecto
La iniciativa busca que las prendas importadas de Shein y Temu:
Un antecedente relevante proviene de Corea del Sur, donde estudios oficiales detectaron en ropa infantil vendida en estas plataformas niveles de cadmio y plomo hasta 622 veces superiores a los permitidos.
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Anti Shein, el modelo francés como referencia
El Parlamento francés aprobó en 2024 una ley que aplica un impuesto ecológico progresivo sobre las prendas de fast fashion: 5 euros por prenda, que se duplicará a 10 euros en 2030, con un tope del 50 % del valor del artículo. También prohíbe la publicidad y exige etiquetas que detallen el impacto ambiental de cada producto.
La normativa surgió luego de que inspectores detectaran prácticas abusivas en Shein, como falsos descuentos, lo que derivó en una multa de 40 millones de euros.
“Estamos en contacto con Francia para coordinar acciones conjuntas con México y Brasil”, aseguró Claudio Drescher, presidente de la CIAI. Y anticipó: “Soy optimista: creo que en el primer semestre del año próximo podremos contar con una ley anti Shein”.
Impacto ambiental y laboral del fast fashion
El fenómeno del ultra fast fashion genera preocupación por su huella ecológica. Según la CIAI:
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Las emisiones de CO de estas plataformas crecieron 23 % en un año, alcanzando 26 millones de toneladas, similar a cuatro centrales a carbón.
El 76 % de las prendas se confecciona con poliéster derivado del petróleo, que libera microplásticos en cada lavado.
Se utilizan químicos en tinturas responsables del 20 % de la contaminación industrial del agua.
El 70 % de los proveedores obtiene bajas calificaciones en auditorías, lo que genera sospechas sobre las condiciones laborales.
En ese sentido, un informe de la BBC reveló que trabajadores en fábricas vinculadas a Shein, en Guangzhou, llegan a laborar hasta 75 horas semanales, muy por encima del límite legal en China, con sueldos bajos y apenas un día de descanso al mes.
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Crecimiento imparable de Shein y Temu
A pesar de las denuncias, el avance de Shein y Temu en América Latina parece imparable. Según la consultora Sensor Tower, estas aplicaciones superaron los 105 millones de usuarios en la región. El fenómeno se potencia por las facilidades impositivas locales: en Argentina, las compras online de hasta USD 400 están exentas de derechos de importación y solo tributan IVA.
Desde la oposición ya expresaron apoyo al proyecto. El senador Miguel Ángel Pichetto advirtió: “El fenómeno chino es una máquina que destruye todo. Este sistema es letal para la Argentina”. También dieron su respaldo Nicolás Massot y Martín Lousteau, mientras la CIAI busca ampliar consensos.
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Contexto global
En paralelo, la Comisión Europea propuso un arancel de 2 euros para las compras en plataformas de bajo costo y la presidenta Ursula von der Leyen acusó a China de “inundar los mercados globales con exceso de capacidad subsidiada”.
Para Drescher, el desafío es urgente: “Ningún país cede su mercado interno. El gobierno argentino carece de una política alineada con lo que ocurre en el mundo. Brasil ya aplica un arancel del 35 %, mientras aquí lo redujimos al 20 %. Es hora de reaccionar”.