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En Italia, uno de los restaurantes más exclusivos está en una prisión

Es un antiguo castillo toscano y lo atienden los presos, que también preparan la comida

Domingo 25 de Mayo de 2008

En uno de los restaurantes más exclusivos de Italia, la seguridad es comprensiblemente rigurosa. Los clientes, con previa reservación, están sujetos a una verificación de sus antecedentes. Son admitidos en grupos, se les confiscan los celulares y bolsos, y luego deben pasar por un detector de metales.

En las mesas iluminadas por velas dentro de una especie de capilla que fue originalmente un castillo de los siglos XIV y XV, los comensales utilizan cubiertos de plástico.

Pero, aunque ésta es la prisión de máxima seguridad Fortezza Medicea, el vino blanco (Fattoria Sorbaiano) se sirve continuamente.

"La comida es fantástica, la atmósfera, la gente, el lugar, todo es increíble", dijo Sharon Kennedy, una residente de Volterra pero originaria de Escocia, quien llegó para probar una cena especial en la prisión.

Los presos de la cárcel en el pintoresco pueblo toscano, rodeado de verdes colinas y pueblos de techos marrones, cambiaron sus uniformes por camisas y corbatas de moño. Cocinan una suntuosa cena para curiosos comensales que quieren probar un poco de la vida en la cárcel.

Además de ser un proyecto para recaudar fondos para caridad, el objetivo es enseñar a los presos a cocinar y técnicas de camareros que puedan ayudarles a encontrar trabajo cuando sean liberados.

Desde 2006. El plan, convertir a la prisión en un restaurante durante varias noches al año, comenzó en 2006. Los clientes reservan una mesa por 35 euros (unos 54 dólares) a través de una agencia local de turismo, que también ofrece hoteles para los comensales que vienen de lejos.

Rodeados por vigilantes y aparatos de seguridad, los mozos sonríen y bromean con los clientes, unos 100, mientras sirven tarta de atún con cáscaras de cítricos, paté con vino dulce y couscous con pescado. En el menú también hay:puré de tomate y carpaccio con hojas verdes y queso parmesano. De postre, torta de frutillas.

"No es solo una distracción, es más que eso", comentó Arena Aniello, un preso de 39 años. El hombre, proveniente de Nápoles, se encuentra en la cárcel desde 1993 por homicidio, de noche trabaja de mozo.

Esta es una de las varias iniciativas en Italia dirigidas a enseñar oficios a los presos: las mujeres en la cárcel San Vittore de Milán están aprendiendo sastrería.

Las cenas han sido un éxito: las mesas son reservadas con bastante antelación y un comensal dijo que manejó 200 kilómetros con su familia de siete miembros para vivir la experiencia.

El equipo de 30 cocineros, ayudantes, mozos y sommeliers ha sido cuidadosamente seleccionado. Hay 150 prisioneros en Fortezza Medicea, pero aquellos relacionados con crímenes ligados a la mafia, el tráfico de drogas y secuestros no participan.

"Servir a la gente no es algo de lo que se puede estar orgulloso, pero es una manera de relacionarse con las personas", dijo Francois, nacido en Senegal, quien sólo añadió que ha estado en prisión "por largo tiempo".

Permiso

En la cocina las ollas hierven y los hornos trabajan al máximo alrededor del cocinero filipino y preso Joseph Harder, mientras coloca finas capas de carpaccio sobre los platos. "Cocinar es mi pasión", comentó. La mayor restricción sobre el hombre es que debe de pedir permiso si quiere utilizar un cuchillo

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