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El Papa reprobó la pena de muerte "legal e ilegal, y en todas sus formas"

El pontífice también cargó contra la baja de imputabilidad durante un encuentro con una delegación de una organización internacional de juristas en el Vaticano.

Viernes 24 de Octubre de 2014

El Papa Francisco llamó ayer a abolir la pena de muerte "legal o ilegal y en todas sus formas", y a luchar para "mejorar las condiciones carcelarias en el respeto de la dignidad humana", durante un duro discurso con representantes de la Asociación Internacional de Derecho Penal (Aidp) en el Vaticano donde, además, criticó la trata de personas, la baja en la edad de la imputabilidad y la "presión de los medios de comunicación" sobre la justicia.

"La condena perpetua es una pena de muerte escondida", explicó Francisco y condenó además las "llamadas ejecuciones extrajudiciales o extralegales", en referencia a los homicidios deliberados cometidos por algunos Estados o sus agentes "presentados como consecuencia indeseada del uso razonable, necesario y proporcional de la fuerza". "Con frecuencia son presentados como enfrentamientos entre delincuentes o consecuencia del uso necesario para aplicar la ley", deploró.

En ese marco, cargó contra lo que llamó "populismo penal" y deploró los "chivos expiatorios" creados por la política o los medios de comunicación.

Francisco analizó por puntos ante los juristas las razones de "un sistema penal fuera de control", dijo. "Se ha debilitado el debate sobre la sustitución del cárcel con otras sanciones penales alternativas", lamentó.

El Papa incluyó entre las formas de tortura "la que se aplica mediante la reclusión en cárceles de máxima seguridad", sin estímulos sensoriales ni contacto con otras personas.

En ese sentido criticó que en muchas ocasiones las cárceles están en pésimas condiciones de infraestructura como resultado del "ejercicio arbitrario y despiadado del poder sobre las personas privadas de libertad".

En sus palabras ante la delegación de juristas, el pontífice argentino también dijo que la prisión preventiva, "cuando en forma abusiva busca un anticipo de la pena previo a la condena, o como medida que se aplica frente a la sospecha más o menos fundada de un delito cometido, constituye otra forma contemporánea de pena ilícita y oculta, más allá de cada pátina de legalidad".

Además, en un claro llamamiento contra la baja en la edad de imputabilidad señaló que "los Estados deben abstenerse de castigar penalmente a los niños" ya que ellos "deben ser destinatarios de todos los privilegios que el Estado es capaz de ofrecer".

Francisco pidió asimismo "tratamientos particulares para los ancianos, como se hace con las mujeres embarazadas, padres con hijos discapacitados y personas discapacitadas".

Por otra parte, el Papa llamó a "perseguir con mayor severidad" las formas de corrupción que "causan graves daños sociales, ya sea en materia económica o social, como los fraudes a la administración pública o el ejercicio desleal de la administración o cualquier obstáculo a la justicia".

 

Corrupción de los poderes. "La escandalosa concentración de la riqueza global —dijo— es posible a causa de la connivencia de los responsables de la cosa pública con los poderes fuertes. La corrupción, es en si misma un proceso de muerte... y un mal más grande que el pecado. Un mal que más perdonar hay que curar", indicó.

También denunció la trata de personas y la esclavitud "reconocida como crimen contra la humanidad y crimen de guerra tanto por el derecho internacional como en tantas legislaciones nacionales".

En su discurso apuntó además a la "criminalidad" por la que "mil millones de personas estén atrapadas en la pobreza absoluta".

El pontífice advirtió a los "jueces y operadores del sistema penal" a cuidarse de la "presión de los medios de comunicación masivos, de algunos políticos sin escrúpulos y de las pulsiones de venganza que serpentean en la sociedad".

"La cautela en la aplicación de la pena debe ser el principio regidor de los sistemas penales... y el respeto de la dignidad humana no sólo debe actuar como límite de la arbitrariedad y los excesos de los agentes del Estado, sino como criterio de orientación para perseguir y reprimir las conductas que representan los ataques más graves a la dignidad e integridad de la persona", concluyó el pontífice en su reunión con los juristas.

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