Tener trabajo ya no garantiza poder alquilar, vivir solo o proyectar un futuro independiente. Esa es una de las principales conclusiones que arrojan distintos estudios recientes sobre la realidad de los jóvenes argentinos, que muestran un escenario atravesado por la precariedad laboral, el endeudamiento y la dificultad para acceder a una vivienda.
Los informes, elaborados por el Centro de Investigación y Acción Social (CIAS), la Universidad de Buenos Aires (UBA), la Universidad Argentina de la Empresa (UADE), la consultora Analytica y Provincia Microcréditos, coinciden en un diagnóstico: la independencia económica aparece cada vez más lejana, incluso para quienes ya están insertos en el mercado laboral.
Trabajan, pero no llegan a fin de mes
Uno de los datos más llamativos surge del estudio de la UBA, que analizó la situación de jóvenes de entre 18 y 29 años en condición de vulnerabilidad social.
Aunque 7 de cada 10 trabajan, el 76% lo hace de manera informal o por cuenta propia, principalmente en comercio, construcción, tareas de cuidado o ventas ambulantes.
La consecuencia es directa: el 57% aseguró que no llega a fin de mes.
A esto se suma un deterioro de las expectativas. Casi la mitad de los jóvenes analizados se encuentra en situación de vulnerabilidad social, una categoría que contempla tanto las condiciones materiales como la salud mental y las perspectivas de futuro.
Cada vez más jóvenes siguen viviendo con sus padres
La imposibilidad de afrontar los costos de una vivienda también aparece como uno de los principales obstáculos para la autonomía.
Según una encuesta realizada por el Centro de Investigaciones Sociales (CIS) de la UADE sobre 1.040 casos, el 44% de los jóvenes continúa viviendo con alguno de sus padres.
El informe atribuye esa situación principalmente al costo de los alquileres, las expensas y los servicios. Además, estima que independizarse requiere ingresos 47% superiores a los que percibe la mayoría de este grupo etario.
La investigación también detectó diferencias entre varones y mujeres. Mientras los hombres logran emanciparse con ingresos promedio de $900.000, las mujeres lo hacen con $616.300, un 32% menos.
Otro dato refleja la fragilidad económica de este sector: el 15% debió volver a vivir con sus padres después de haber logrado independizarse. Las principales razones fueron el regreso desde el exterior (36%), separaciones o divorcios (17%) y el aumento de los costos habitacionales (14%).
Pedir prestado para llegar a fin de mes
El estudio del CIAS, realizado sobre 946 jóvenes, muestra otra cara de la crisis.
El 57% afirmó que en su hogar fue necesario pedir dinero prestado o tomar algún crédito para afrontar gastos cotidianos.
La mayoría recurrió primero a familiares y amigos (68%), mientras que otros acudieron a prestamistas barriales (39%), billeteras virtuales (21%) o tarjetas de crédito (18%).
Además, 6 de cada 10 hogares redujeron gastos corrientes, especialmente en alimentos (40%) y ropa o calzado (18%).
El deterioro también se refleja en la percepción económica: más de siete de cada diez jóvenes de entre 16 y 24 años consideran que la situación económica empeoró durante el último año.
Más deuda y más mora
El acceso al crédito tampoco aparece como una solución sostenible.
Según un informe de la consultora Analytica, 4 de cada 10 jóvenes de entre 18 y 30 años presentan deudas en mora con bancos o empresas de servicios financieros como Mercado Pago, Naranja X, Frávega o Credicuotas.
>> Leer más: Radiografía de los jóvenes argentinos: vulnerabilidad, empleo precario y abandono escolar
Se trata del porcentaje más alto entre todos los grupos etarios analizados.
En la misma línea, Provincia Microcréditos advirtió que más de uno de cada tres jóvenes que obtuvo un crédito por primera vez durante 2025 terminó incumpliendo los pagos.
Para el presidente de la entidad, Alejandro Formento, cada vez más jóvenes acceden al financiamiento "en contextos de alta vulnerabilidad económica, sin trabajo ni ingresos estables", lo que deriva en un endeudamiento temprano que condiciona su historial crediticio y sus posibilidades futuras.
Ansiedad, incertidumbre y proyectos postergados
Los estudios también describen un fuerte impacto emocional.
Entre los jóvenes en situación de vulnerabilidad relevados por la UBA, más de siete de cada diez manifestaron sufrir ansiedad o nerviosismo con frecuencia, mientras que más de la mitad dijo atravesar episodios de tristeza o desgano.
En cuanto a sus expectativas, las prioridades ya no pasan por formar una familia.
A cinco años, sus principales objetivos son conseguir o mejorar un empleo (32%) y acceder a una vivienda propia (30%), metas que aparecen cada vez más difíciles de alcanzar en un contexto marcado por la precarización laboral, el aumento del costo de vida y las dificultades para construir un proyecto de vida independiente.